El contagio de AMLO, la República sin evidencia y el “supongo, luego existo”

Por Rivelino Rueda 

Aquí está por demás detenerse en la miserabilidad observada en las últimas horas por distintos actores políticos, empresariales, supuestos “líderes de opinión” y detractores consuetudinarios del actual gobierno, luego de la confirmación del propio Andrés Manuel López Obrador, a través de sus cuentas personales de Twitter y Facebook, de haberse contagiado de Covid-19.  

Es perder el tiempo. Se pintan de cuerpo entero. 

En donde vale la pena detenerse, hacer un alto en el camino, es en la capacidad de miles de usuarios en redes sociales de suponer cosas, en esa arraigada costumbre de no verificar, de no presentar pruebas, o de lanzar premisas “porque así lo creo”, “porque así lo vi o lo escuché por ahí” o porque “así me imagino que está pasando”. 

Las suposiciones que más relevancia han tenido en estas horas de incertidumbre para la República –porque sí, en un país con un sistema presidencialista hasta el tuétano, la salud de un presidente es un asunto de Estado, de seguridad nacional y de máxima importancia en la vida pública—son aquellas que aseguran que “AMLO no se contagió, que está mintiendo”. 

Otras, que el tabasqueño “ya está vacunado, que todo forma parte de una estrategia de distracción”; que el jefe del Ejecutivo federal “no está en riesgo, que está en manos de los mejores médicos”, o que el primer mandatario “contrajo la enfermedad por no utilizar cubrebocas, que no hay de otra”. 

¿Pruebas? Ninguna. ¿Suposiciones? Esas sí, las que se puedan y las que se acumulen a lo largo de estos días. No importa desinformar, polarizar, generar pánico o simplemente hacer el ridículo. 

Luego del anuncio de AMLO sobre su positivo en una prueba de Covid, en Twitter se posicionó toda la noche del domingo 24 de enero y parte de la madrugada del 25 el hashtag #NoTeCreo, el cual fue acompañado de argumentos respecto a las supuestas mentiras que ha vertido López Obrador a lo largo de su gobierno.  

¿Hubo pruebas de que estaba mintiendo? ¿Algún documento? ¿Alguna grabación? ¿Algún video? ¿Algún desmentido del contagio del presidente por parte de algún médico que lo atiende o de alguna institución médica pública o privada? 

No. Ninguna. Sólo el supuesto de “porque yo así lo creo”. 

¿En manos de los mejores médicos? Al menos hasta donde se conoce y ha sido confirmado por las autoridades sanitarias, por organismos internacionales de salud y por empresas de salud del sector privado, los hospitales que tienen a los mejores médicos especialistas en enfermedades respiratorias, como es el caso del coronavirus, es el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), de la Secretaría de Salud. 

Pero aquí va un dato. Ese centro de alta especialidad ha atendido –hasta el 17 de diciembre de 2020—a mil 700 pacientes con Covid-19 en lo que va de la pandemia y, de acuerdo con su director, el doctor Jorge Salas Hernández, en ese periodo se ha presentado poco más de 600 decesos. 

En esas fechas, según el titular de este hospital de alta especialidad, se atendía a 170 pacientes, de los cuales 113 estaban intubados. 

Apenas este martes 26 de enero, en la conferencia de prensa vespertina en Palacio Nacional, el subsecretario de Salud y vocero único del gobierno federal para la pandemia de Covid-19, Hugo López-Gatell, confirmó que AMLO es atendido por el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, y por un equipo conformado por personal médico del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” y del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER). 

Lo anterior significa que el jefe del Ejecutivo federal efectivamente se encuentra en manos de médicos de la mayor experiencia o, como se dice coloquialmente, atendido por “lo más granado” entre los especialistas mexicanos en enfermedades respiratorias.  

Sólo que aquí hay un pequeño detalle: Andrés Manuel López Obrador, por mejor atendido que esté en esta infección por coronavirus –supuestamente “leve”, de acuerdo a su parte médico–, arrastra tres de las cuatro comorbilidades que han provocado más decesos en México durante la pandemia:  

Hipertensión (padecimiento que dijo padecer en la campaña presidencial de 2018, en aquello de la recomendación que hacía a sus adversarios políticos de tomar el fármaco Amlodipino) sobrepeso (no es lo mismo ver una foto de AMLO de 2006 a una de 2021) y tabaquismo (hábito que dejó en diciembre de 2013, luego de ser un fumador compulsivo, en privado, de la desaparecida marca de cigarros Raleigh) y que, en conjunto acumulan casi el 70 por ciento de los fallecimientos asociados al Covid-19. 

A esto se acumula un infarto al miocardio que sufrió a los 60 años de edad, el 4 de diciembre de 2013, en el inicio de las protestas de sus simpatizantes afuera del Senado de la República ante la inminente discusión de la reforma constitucional en materia energética. 

No sólo eso. A sus 67 años de edad, López Obrador ya se encuentra dentro de los grupos de edad más afectados por el exceso de mortalidad durante la pandemia.  

De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” y por el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Ismael Cosío Villegas”, el grupo de edad que va de los 60 a los 75 años tuvo un exceso de mortalidad en 2020 de 214 por ciento más de lo esperado.  

Otro dato. El portal de internet de datos abiertos de la Secretaría de Salud para la pandemia de Covid-19, al martes 27 de enero de 2021, registró el de las 152 mil 016 defunciones reportadas hasta ese día, 19 mil 440 correspondían a personas en el rango de los 65 a los 69 años de edad, es decir, el grupo que registra el mayor número de decesos a casi un año de iniciada la pandemia. 

¿AMLO ya se vacunó? Ese también fue una de las suposiciones que surgieron a partir del anuncio del presidente sobre su contagio. Y es que –sin pruebas, sin fundamentos, sin evidencia–, en diciembre se esparció el rumor de que López Obrador ya había recibido una dosis de la vacuna, así como “su círculo más cercano”. 

El autor de este supuesto fue el columnista de El Financiero, Darío Celis, quien con las palabras como “serían partícipes” (nunca en afirmativo, siempre como supuestos) manejó en su espacio editorial del 19 de diciembre pasado que “funcionarios del Servicio Exterior Mexicano. El Presidente Andrés Manuel López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard, así como su círculo más cercano, serían partícipes ya de esa prueba”, refiriéndose a la vacuna china CanSino. 

Un detalle. Luego de cubrir de 2005 a 2018 las actividades de AMLO, entre ellas sus tres campañas presidenciales, se conoce un poco sobre las manías del tabasqueño, entre ellas, la de siempre esperar su turno. 

En las filas de cualquier changarro en cualquier región del país, en las tiendas de conveniencia de cualquier carretera del territorio nacional, en los hoteles a los que llegaba para realizar su registro de entrada, en los aeropuertos, o a la hora de emitir su voto en los comicios presidenciales de 2006 (en Copilico), de 2012 y 2018 (En lo que fue la sede de Conagua, en Insurgentes Sur y Eje 10), el tabasqueño siempre esperó su turno, por más que las personas de cedían el paso. 

Con ese tamaño de necedad, es casi seguro (no hay pruebas contundentes, sólo las declaraciones de miembros del gobierno federal; eso se tiene que subrayar) que López Obrador haya tomado la decisión de esperar su turno para la aplicación de la vacuna contra la Covid al sector de la población que le corresponde, es decir, en la Fase Tres, que irá de febrero a abril y que comprende a personas de 60 años y más. 

Y bueno. Lo del cubre bocas no tiene parangón. Eso de asegurar que el contagio del presidente fue por no utilizar ese instrumento de protección, podría ser una de las cuestiones más avanzadas de la ciencia. Comprobar, con evidencia, el momento justo del contagio de una persona durante en una pandemia de proporciones inconmensurables, sería tanto como el descubrimiento de la penicilina o la llegada del hombre a la luna. 

En 1934 el poeta, dramaturgo y director teatral alemán, Bertolt Brecht, publicó el texto “Cinco dificultades para escribir la verdad”, en donde recomienda que “cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”. 

Se trata justo de un texto de nuestros días, en donde uno de los pensadores más influyentes del Siglo XX anotó:  

“Encuentran verdadero sólo cuanto les suena bien. Si la verdad tiene que ver con cifras, con hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exige pena y estudio, entonces no les corresponde, nada tiene que los embriague. Sólo exteriormente se comportan como los que dicen la verdad. El mal que sufren es no saber la verdad”. …

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