El contenido es… era “el rey”

TRAMAS 

Por Rodrigo Bengochea 

La producción de contenidos se ha transformado de forma muy veloz en los últimos años.  

Hace quince años todavía el contenido era “el rey” y el nivel de respeto del que gozaba le daba un lugar muy importante en nuestra sociedad. No en vano un argumento lapidario comúnmente iba acompañado de “lo leí en un libro”, “lo vi en la tele”, “lo vi en el periódico”. 

La producción de contenidos requería los mejores perfiles, las mejores plumas, pero sobre todo procesos rigurosos que garantizaban su calidad.  

Como un ejemplo, me referiré al mundo de los contenidos académicos: la cadena comenzaba con el diseño de una guía temática orientada quizás por un programa académico, o tal vez por una propuesta original.  

Una vez definido el mapa, se continuaba con el desarrollo de los contenidos, actividad puesta fundamentalmente en autoridades en la materia que desarrollaban de forma original sus ideas o conocimientos en torno a un tema. 

La siguiente fase en la producción de contenidos daba paso a dos revisiones en paralelo: la revisión técnica y la revisión pedagógica. 

En la revisión técnica un par del autor o redactor realizaba una revisión minuciosa y en su revisión argumentada verificaba los planteamientos, buscando vacíos, errores, dilemas… Y en la revisión pedagógica un especialista se encargaba de verificar que tanto el corpus léxico como el tipo de tratamiento general de los contenidos fuera el correcto para un público específico, ya sea por su edad o encuadre sociocultural. 

Después comenzaba todo un paseo de cuidado en la redacción y la puesta en página que vigilaba hasta el más mínimo detalle. Lo dicho: el contenido era “el rey” y había que cuidarlo como tal. 

Hoy día, con la facilidad para publicar contenido de todo tipo, circulan gran cantidad de textos que pretenden autoridad y que francamente no tienen valor de ningún tipo, lo que ha trivializado la relevancia de publicar un texto y el conocimiento formal y profundo que se puede pretender obtener de diferentes temas con esa información que puebla el mundo digital. 

Ya sin muchas ganas de usar la creatividad se ha vuelto una práctica “obligada” regalar un libro a cambio de tus datos personales, para poderte enviar información o hacer remarketing de algún servicio o producto.  

He solicitado varios para entender el valor de esas publicaciones y comprobé lo que suponía: textos irrelevantes, llenos de dichos sin sustento, ideas generales, un descuido grosero de las normas y la calidad editorial. 

No sorprende el descuido tanto como la demanda que tienen esos documentos. Supongo que es cuestión de tiempo que los usuarios comiencen exigir más y a “castigar” esa mala práctica de mandar como producto original un refrito de textos perdidos (y no tanto) en Internet. 

Esperemos que fenómenos como el refinamiento de la semántica en Google transforme el hiper tecnicismo actual orientado únicamente por palabras clave y nos haga a regresar a priorizar la profundidad de los contenidos y su pertinencia en un contexto.  

Ojalá sea cuestión de tiempo que el contenido pueda volver a ser “el rey” y se vuelva a atender con mayor cuidado su pertinencia, su profundidad, su rigor y cuidado editorial. Eso nos permitiría nuevamente tener una referencia de certeza en la palabra escrita. …

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