El espejo enterrado, la encrucijada 2018

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

Fausto: Primero te interrogaré acerca del infierno.

Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombres llaman infierno?

Mefistófeles: Debajo del cielo.

Fausto: Sí, pero ¿en qué lugar?

Mefistófeles: En las entrañas de estos elementos.

Donde somos torturados y permaneceremos siempre.

El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito a un solo

lugar, porque el infierno es aquí donde estamos

y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer…

MARLOWE, Doctor Fausto

Carlos Fuentes, el gran escritor mexicano escribió en 1992, El espejo enterrado, el texto fue pensado como una profunda reflexión sobre el Quinto centenario de la Conquista del imperio español, pero también como un punto de inflexión que el escritor de la muerte de Artemio Cruz, vio para pensar ¿qué es México? ¿qué es Latinoamérica? ¿qué es Iberoamérica?… El espejo enterrado es a la postre un tropo, figura poética, símbolo identitario… alegoría. Un espejo es un objeto en el cual nos reflejamos, cotidianamente nos vemos.

Los antiguos mexicanos enterraban a sus muertos acompañados de un espejo, piedra tallada donde estaba contenido el SER, era también una guía para el camino al más allá. John Briggs y F. David Peat, escribieron, a finales de los años ochenta del siglo pasado: “Espejo y reflejo del caos al orden”, ahí los autores sostienen que el reflejo no necesariamente es lo que se es; es decir, en el espejo se proyecta una imagen, pero ella no necesariamente define al ser.

Carlos Fuentes plantea al espejo como una especio de tótem, figura simbólica que nos representa ancestralmente, en la piedra labrada está contenida toda nuestra identidad cultural, política y social. Es lo que somos. Hoy el reflejo se vuelve extremadamente problemático, en principio porque pareciera que cada colectivo, minoría, mayoría, cada segmento de la población mexicana quiere ver SU REFLEJO es ese espejo, es la diferencia lo que queremos ver proyectado.

Sin embargo, en el tropo alegórico de “El espejo enterrado”, lo que se proyecta es aquello que nos hace ser mexicanos, ese punto que nos toca a todos más allá de la circunstancia de haber nacido en las antiguas tierras aztecas, mayas… El espejo se vuelve pues la emblemática figura de nuestra conflictividad. Las mujeres quieren ver su agenda, las comunidades LGBTTI… (ese largo etcétera identitario) quieren ver proyectada sus urgentes necesidades, los adultos mayores, los niños y sus derechos, los jóvenes, adultos, trabajadores, desempleados, empresarios, medianos, grandes… los mega empresarios (los 16 multimillonarios)… todos y cada uno quieren ver proyectada su imagen, predominantemente en ese pequeño y ancestral trozo de piedra tallado y enterrado.

El espejo de los antiguos mexicanos era de piedra esculpida… cultivada con la conciencia de lo que somos más allá de nuestra circunstancia. Hoy ese espejo es la búsqueda por el reflejo contenido; el legítimo derecho a ser representado en ese reflejo, ¿cómo quiero ser representado? Este reflejo identitario sigue siendo el talón de Aquiles de la mexicanidad; es nuestro embate presente. Pero también puede ser una ilusión, un falso debate… mientras las mayorías atomizadas en “identidades” nos peleamos unos contra otros, los poderosos dominan el espejo y determinan el reflejo que debe ser proyectado; no olvidemos lo señalado por Briggs y Peat, es sólo un reflejo y no es lo que somos… es una ilusión.

Así, en esta idea de la autoconstrucción de la imagen de lo que somos, el actual proceso electoral pareciera rozar el milenario embate de la piedra grabada, combinada con esa manifiesta actitud de canjearfragmentos de cristal (espejos) por piedras preciosas. Sí, hoy el espacio público mexicano está plagado de apariencias, proyecciones, deseos posibles, utopías, mentiras, demagogia… pero también de buenas intenciones y fundamentalmente de un hartazgo.

La encrucijada 2018 singularmente se presenta, como un plebiscito, el embate de la élites versus las masas de mexicanos empobrecidos… la rebelión de los pobres, el levantamiento de los muertos, el motín de los desaparecidos, la revuelta de las mujeres… la sedición de los que no tienen que comer. La revolución de los que ya no tienen nada que perder. Los millones de mexicanos que están ahítos de sus élites. Un establishment —intelectual, político, económico— que desea borrar el calidoscopio delirante de la masa empobrecida, para definir qué es lo que debe contener ese espejo.

Sí, mientras la masa pauperizada y atomizada se desgarra las vestiduras en ilusorios embates, en falsos purismos, creando un espejo fragmentado hasta la demencia, como un calidoscopio que hace imposible distinguir la figura proyectada; el establishment proyecta una idea del México que quiere, pero el espejo ha dejado de ser el fósil de nuestro ser, para convertirse en un espejo Made in China; es ahí donde las élites proyectan nuestra identidad, imponiendo una visión de lo que somos, por ende de lo que seremos.

Pasado—presente—futuro se engarzan en ese reflejo tallado en la piedra. Futuro… vaciado se proyecta en ese espejo Made in China. Carlos Fuentes plantea en El espejo enterrado, que nuestra fortaleza, nuestra posibilidad de salir del embate presente es la piedra que nos puede orientar al más allá. Tal vez no nos hemos dado cuenta, hemos muerto. Sí, estamos muertos, porque hemos perdido el sentido de la vida, porque hemos olvidado nuestro pasado, porque renegamos de nuestros muertos, porque preferimos espejos de manufactura China, en lugar del fósil labrado que nos determina.

Ese fósil labrado es nuestra CULTURA, nuestra historia… nuestras tradiciones… que deben llenar de contenido el horizonte mexicano. La encrucijada 2018 es la posibilidad entre decidir masivamente por configurar nuestro presente, llenándolo de pasado y creando la UTOPÍA… el futuro; o bien, por seguir permitiendo que una reducida élite nos imponga su visión de lo que somos. Al establishment no le gusta lo que los estudios endoscopios arrojan quincenal, mensualmente… quieren eliminar al OPOSITOR; desprecian profundamente a ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, pero también desprecian al México moreno, atrasado, pestilente… porque la miseria es tal, que México huele a miseria. MISERIA MORENA.

En el trasfondo de las críticas y rechazo de las élites a ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR está su racismo, su clasismo, ellos que viven en el primer mundo no merecen ser gobernados por un atrasado moreno pestilente; prefieren al ladrón porque es de su mismo color. El desprecio de las élites al principal líder opositor, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR… es el desprecio a la democracia, es el desprecio a los millones de mexicanos que se han sumado a la ola de esperanza.

La encrucijada 2018, no es la elección de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, sino el plebiscito contra el proyecto neoliberal. La encrucijada 2018 es la rebelión de los bárbaros, de sus muertos, de sus mujeres violadas, asesinadas… es nuestra pacífica rebelión —si es que esto es posible. La encrucijada 2018 debe entenderse como la REVOLUCIÓN de los pobres, como un punto de inflexión, como la necia apuesta de los pobres de siempre por apostar por la democracia. Sí los mexicanos, los más pobres… esos que votaremos en masa por ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, apostamos por la democracia como una forma de transformar la NACIÓN. Pero la apuesta se agota, eso lo debe entender el Establishment, estamos en la posibilidad de democratizar la nación vía los votos o ante la rebelión de los vencidos por otros derroteros.

Fue la violencia la que instauró el actual régimen político, nuestro pacto social emana de la Revolución mexicana de 1910… la violencia instaura orden. México puede convertirse en el calidoscopio que muchos ansían… miles de fragmentos, cientos de identidades… México pude desenterrar su piedra labrada… su ESPEJO ENTERRADO.

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