El factor que logra la felicidad para siempre

 

 

Por Astrid Perellón

 

Mi trabajo es vivir feliz para siempre. Hacerlo así provoca que me identifique con las heroínas, príncipes y plebeyos cuando se regocijan en la sensación de su sueño. Imito a los No Físicos en esto pues su único interés es distraer del problema para que nos permitamos guiar por el camino más placentero.

 

En suma, las hadas no remedian o remiendan; distraen. No son quienes hacen que se cumplan los deseos, sino cómplices en el impulso que se gana al mantener una emoción constantemente. Son aquello que te llama hacia el lado útil para ti en un camino de dos veredas; un punto de bifurcación.

 

Adviertes su presencia en aquellos que te inspiran. Son aquellos que se sintonizan con esa frecuencia y la mantienen consistentemente. Cuando alguno de nosotros tropezamos accidentalmente en una frecuencia más alta, un rayo de esperanza, un foco de iluminación, una chispa de alegría, nos podemos topar con Ellos. Es ahí cuando el espacio para alguna enseñanza aparece. Para que alguien pueda ser valioso motivador, como el fuego que tienta a tocarlo, debe permanecer en esa esfera de poder. Si por alguna razón compasiva, cree que bajando a la emoción del doliente lo está ayudando, se equivoca. Sólo conseguirá dos dolientes o un doliente y un frustrado pero jamás dos conciencias orientadas.

 

El factor feérico que percibí al experimentar esas esferas, es la búsqueda de la propia felicidad súbita, encontrarla, practicarla para perpetuarla. No condenarse por caer pues es propio de la naturaleza ocasionar nuevas experiencias. Esa supuesta entropía sólo nos está empujando a definir un nuevo deseo y, al disipar esa sensación caótica, regresando a la claridad, se expande la capacidad del individuo.

 

El que ya ha caminado entre las hadas no puede volver a cerrar los ojos; siempre querrá volver y podrá hacerlo cada vez con mayor facilidad pues habrá ejercitado el músculo, dominado el factor con su procedimiento. Practicarlo es vivir el cuento de hadas, como uno que se me ocurrió donde:

 

Al principio de los tiempos, el Agua prometió que me mecería para calmar mis dudas, la Tierra prometió que me recordaría mi origen, el Fuego prometió que tentaría mi ambición para motivarme a conocer la naturaleza. El Aire temblaba, preguntándose qué podría hacer por el hombre si su simple presencia podía desintegrarlo, regresándolo a ser polvo. Finalmente encontró cómo ser otro de los pilares que sostienen al hombre; vigila mi interior y mi exterior, con el reconfortante ritmo de la respiración –y, al imitar ese suspiro de alivio, mi barca chocó contra algo. Volteé a todos lados, reconociendo los puntos cardinales. ¡La corriente me había llevado a mi punto de partida!

 

Ésta es una fábula del aquí y del ahora sobre la autorrealización, extracto de mi libro para adultos “Factor Féerico”. Te invito a leer más al respecto, siguiendo éste y otros temas de interés en el Facebook Niñoscopio.

 

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