El miedo, el gran enemigo de las mamás

Por Astrid Perellón

 

El factor clave es tener certeza y el 95% de las veces la tengo. Con todo relacionado con mi hija Athena actúo sin miedo, manteniendo mi enfoque en el equilibro natural e inherente a la vida. Me preguntan cómo es posible y debo confesar que tuve que practicar en el embarazo, no permitiendo que los cambios hormonales me hicieran cambiar mi percepción sobre quién soy o a dónde voy. Pero, para poder sobrevivir emocionalmente al embarazo, tuve que iniciar una bola de nieve de autodominio emocional mucho antes. El miedo no se combate cuando aparece, sino que se practica lo contrario con voluntad para que, al aparecer el miedo, el cerebro inmediatamente reconozca que ése no es el estado natural ni practicado.

 

Empezar desde que se tiene hijos puede parecer difícil porque su vida justamente <<parece>> depender de uno. Sin embargo, todo momento es bueno para comenzar por ocuparse de uno mismo. Gracias a verlo así, no tuve miedo cuando mi hija no respiraba al nacer, ni cuando se le botó el ombligo, ni cuando se llenó de salpullido y le salió una protuberancia en la mollera. En esas dos últimas, propuse que cambiáramos de jabón, hiciéramos más frecuentes los baños de sol y que la protuberancia era por la presión del canal de parto (lo investigué y así era). Aún así lo consultamos con el tío abuelo pediatra que nos recomendó paciencia con la protuberancia usual y que cambiáramos de jabón. Nos indicó que no pusiéramos crema ni aceite (tal como aconseja mi pediatra favorito, Viskin). Toda consulta era una reafirmación de mi certeza que quiero transmitir a mis hijos, si deciden tener propios.

 

No cabe duda que mi respeto por los hijos comenzó por mi respeto hacia mi pareja que es únicamente posible si uno se respeta antes que nada. Son secuencia natural que inicia de nuestra propia relación con el Amor (asociado con la relación con nuestros padres). De ninguna manera estoy insinuando que, quien empezó con el pie izquierdo, tenga la vida arruinada.

Al contrario, estoy demostrando mediante mi ejemplo que yo empecé en medio de valores de respeto, tolerancia y comprensión (amor incondicional), me distraje en el camino durante la adolescencia (cuando murió mi madre a quien asociaba con esos valores) pero he vuelto a ellos, por mi voluntad y con mi determinación. Por ende, todos podemos decidir lo que nos plazca, descartando lo inútil, retomando lo útil.

 

Antes pensaba que mi relación con el Amor estuvo influida por ejemplo de mis padres, o la historia que mamá me contó sobre cómo se hacen y cómo nacen los bebés pero ahora caigo en cuenta que, dejándome <<guiar>>, receptiva a los <<dictados>> fui gestando mi libro: “Mamá de cuatro letras”. ¿Por qué de cuatro? Porque así como a las groserías las tratamos con eufemismos (en inglés se aluden diciendo four letter word), mi libro alude a un tipo de maternidad -a un tipo de mujer- que algunos encontrarán ofensivo o insultante.

Si conoces a una mamá que necesita palabras de aliento, puede leer mi libro gratis, sólo pídelo por inbox a mi Facebook Niñoscopio.

 

Related posts

Coméntanos