El momento de transición transitorio en Morena, luego del rotundo triunfo en 2018

Por Guillermo Torres

…Cómo se define el Partido…

Luego de que en el transcurso y previo a la campaña de 2018, comenzaron a llegar en mayor número y frecuencia personas de otros partidos políticos para integrarse a las filas de Morena, el punto no es la pluralidad de ideas del universo total que debe integrar un proyecto de nación inmerso en la diversidad ideológica y de pensamiento.

Por principio de cuentas, podemos definirlo como todas las fuerzas progresistas, no solamente las que definen la izquierda en espectro político emergente que está definiendo el partido en el poder, seguramente paralelo, aunque no de la mano a otros movimientos que aún se han mantenido al margen de un acercamiento y coordinación con la Cuarta Transformación.

Lo cierto es que es una realidad que esas dos corrientes principales son la punta de lanza de lo que se decanta ya sobre la marcha como una refundación de la izquierda en ciernes.

Hoy en día México se encuentra en una posición en la que está definiendo una nueva correlación de fuerzas con respecto al pueblo, hablando del gobierno, y con respecto a la oposición y las viejas, malas y desgastantes prácticas de corrupción, desvío de recursos y colusión con el crimen organizado.

Y hay que hacer especial énfasis en el talante y línea mafiosa de gran parte de los jueces que, desde la SCJN, respaldan a buena parte de los esbirros del crimen infiltrados en la politiquería que practican y blanden.

Es una realidad que con todos los cambios propuestos y en marcha, a ocho meses de que Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como Presidente del Gobierno de México, existen ya una serie de resultados palpables y sobre la mesa de las medidas tomadas por su gobierno.

La línea de mano dura y disciplina es una realidad también, y no solamente hacia dentro del régimen, sino es una necesidad latente que se perfila como prioridad en los procesos internos del partido, donde será su militancia y su capacidad organizativa la que deba ser capaz de enfocar los temas coyunturales para asentar las bases del partido de cara a la consolidación de un movimiento de ejercicio y participación ciudadana, así como para depurar viejas prácticas de “izquierda” que no son muy convenientes en el esquema que se decanta actualmente.

A nivel estatal y nacional, es apremiante y medular la consolidación del Instituto de Formación Política, sustentado por importantes personajes de la vida intelectual y académica de México.

Hoy en día Morena necesita de todo el enfoque y transparencia de su militancia, de toda la sinergia que retome con toda frescura los ideales de base que sirvieron como piedra angular a la fundación de dicha institución política, habiendo nacido incluso como movimiento.

Y previo a eso, a nivel interno como una contracorriente necesaria que retomara lo rescatable de lo andado hasta ese momento, para dar un nuevo impulso con elementos innovadores que desencadenaron en esto que existe actualmente y su militancia de base tendrá que rescatar de grupos de interés que ponen en riesgo el proceso democrático hacia dentro del partido y hacia afuera como cantera permanente que debe ser de la Cuarta Transformación.

En medio de este proceso, el Comité Ejecutivo Estatal de la Ciudad de México, recibió como nuevo titular a Flor Ivone Morales Miranda, diputada federal electa en los comicios de 2018, quien dejó su curul a su suplente para asumir esta importante y definitoria responsabilidad, en lo que ella ha definido como una reorganización del partido.

Sin duda, uno de los puntos más interesantes en el análisis y lectura de Ivone Morales es su ámbito de acción y principal influencia en la zona sur de la Ciudad de México, en Xochimilco, de donde es oriunda, pero también en Milpa Alta y Tláhuac, que constituyen una región de la ciudad con una especial importancia en temas de ecoturismo, sustentabilidad y producción agrícola orgánica, entre otros.

Y es esto lo que le da a su gestión un peculiar potencial de generar una sinergia y resonancia con ese enfoque de organización y acción social para irlo traduciendo y andando en otras zonas de la ciudad. Esto es de vital importancia, ya que de ello depende la consolidación de facto de un movimiento respaldado por un partido político y viceversa.

Morena pasa por un momento en el que necesita redefinir y refrescar, repotenciar a su militancia de base, no solamente para el desarrollo de proyectos colectivos de interés público, sino para fortalecer su militancia de base, su democracia interna, pero sobre todo para que al natural paso y andar, de facto y en campo, ahora sí, cuasi de manera geométrica y masiva, se expanda y eclosione este movimiento, incluyendo y generando un gran movimiento de movimientos.

Todo ello, como hasta ahora está planteado, contando con la influencia de intelectuales de renombre tanto a nivel nacional como internacional. La formación de conciencia es una actividad inherente al activismo político, la formación política concretamente, esa ventana de participación e interacción ciudadana.

Eso es algo que bajo ninguna circunstancia puede permitirse como gesto de absolutismo dentro del partido, ya que sería el primer paso de totalitarismo interno que por seguro terminaría permeando al gobierno, cosa que no se puede permitir con el mínimo enfoque y deber ciudadano.

Hoy es cuando, en medio de los espacios públicos que se han abierto a este estadio permanente de encuentro democrático y ciudadano, el partido debe permear con toda objetividad y sutileza esos espacios en los que la ciudadanía tienda un puente entre sí, una ventana por medio de la cual el imaginario colectivo se reconozca entre sí y reconozca problemáticas y sus respectivas soluciones para ejercer su ciudadanía y mejorar su entorno, participando en los asuntos de interés público que ha menester en el contexto de la Cuarta Transformación.

Del mismo modo, así como Flor Ivone Morales viene a darle un nuevo aire e impulso al Comité Ejecutivo Estatal Morena Ciudad de México, en el contexto del Comité Ejecutivo Nacional del partido se ventila y baraja como clamor de su militancia de base, el nombre de Bertha Luján Uranga, que, en términos plurales y democráticos, podemos definir estos dos nombres como la fórmula idónea y adecuada para redefinir y redireccionar la línea de Morena, luego de tanta militancia mercenaria y rapaz que se decantó por Morena, no tanto por comulgar con sus ideales, sino en un intento de sujetarse a un clavo ardiendo para tratar de conservar esquemas y prebendas, grupos, tribus y cotos que van en total y absoluto detrimento de la vida democrática de un partido político.

Ahora queda esperar el desarrollo del Congreso del partido, a celebrarse el próximo mes de noviembre. A partir de ahora y hasta esa fecha, será un espiral de definiciones de lo abordado en este artículo. Y será entonces que se conozca esta reorganización del partido en su justa dimensión.

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