El nacimiento de una democracia… racista

Por: Armando Leal

@armandoleal71

En América, entre yo y mi propio ser

se interponía el color de mi piel…

La pregunta de quién era yo

se había transformado, por fin,

en una pregunta personal,

y la respuesta tenía que encontrarse en mí.

James Baldwin

En su más reciente novela, el periodista Martín CaparrósSinfín (Alfaguara, 2020) señala los alcances de la virtualidad y los nuevos procesos de socialización. Los Millennial fueron una generación que nació con el internet incorporado a su vida cotidiana. En los años noventa del siglo pasado la masificación y diversificación del internet generó a la postre un cambio en la experiencia humana. A casi tres décadas de dicho fenómeno y con la pandemia del COVID el hecho se ha exacerbado, lo virtual se ha vuelto una forma esencial de sobrevivencia.

Una de las repercusiones sociales de la pandemia ha sido el aislamiento al extremo del individuo hasta llegar a su recrudecimiento con una desconfianza hacia el otro, quien puede poseer el virus y contagiarlo. Avecinarnos al significado de ello es a todas luces temerario, lo cierto es que históricamente la experiencia humana se cifra en la socialización, el humano emerge en su carácter colectivo, es una característica ontológica.

Su híper individualización tendrá resultados funestos que no tienen un antecedente en su ser; ciertamente, pensadores, escritores, literatos y creadores desde diversos postulados teórico-ideológicos vislumbraban la transmutación de la experiencia humana; desde MarinettiSpengler y “La decadencia de Occidente”, NietzscheFreudMarxWalter Benjamin, la Teoría Crítica, entre otros; sin embargo, ninguno de ellos entrevió la aporía que actualmente confronta la humanidad. Caparrós indica que: “La pandemia aceleró varios años nuestra relación con las pantallas, con lo digital.”

Internet y sus redes sociales se han vuelto el medio de comunicación por excelencia de la contemporaneidad, se trata de un espacio “emergente”, donde lo mismo se recibe información, conocimiento y se socializa. A más de tres décadas de su masificación hoy confronta una lucha por su control. Edward Snowden señalaba que en un breve momento fue un espacio de libertad y posibilidad, años después el ex analista revelaba las estrategias de control de las agencias de inteligencia norteamericanas y de las principales potencias.

La llamada libertad de internet está sujeta a un gran hermano que registra lo que opinas y direcciona tu consumo: el dilema del algoritmo. La manipulación es la verdadera cara del “reino de la libertad”, es la estrategia fundamental de control político-económico de las grandes agencias militares, que lo mismo sirve a la llamada seguridad nacional que al control económico y político de ese “ciudadano universal”.

El internet es la respuesta a un nuevo tipo de humanidad, donde el individualismo se exacerba y se apuesta por otro lado al tribalismo: el target. Acompañado todo ello de un sujeto que reconoce y entiende lo otro de forma intuitiva y no racional. Friedrich Nietzsche vislumbraba la muerte de la ciencia y del conocimiento como consecuencia de la de Dios.

A más de dos siglos de la Ilustración parece que el iluminismo ha llegado a su límite, confrontamos un punto de inflexión donde el conocimiento es reducido a un dato. Millones de consumidores de datos consultan un video en YouTube para enterarse de lo que Freud escribió, en menos de 9 minutos se vuelven expertos lo mismo en psicoanálisis, que en el mejor modelo de celular o cómo hacer un pastel, todo ello en un mismo nivel.

Jürguen Habermas signa en su “Teoría de la acción comunicativa” que el problema de la modernidad y la razón es el proceso de diferenciación de los saberes y por ende del entendimiento; la Ilustración apostaba por un proceso de igualación, sin embargo, ese proceso decantó en la defensa de la diferencia hasta llegar al tribalismo de la humanidad, es decir, los saberes se atomizaron. Los Estados Unidos de Norteamérica entienden por democracia un sistema donde la representación es definida de forma indirecta y donde la desigualdad económica es sinónimo de libertad; pero en su seno mismo el supremacista blanco cree que la democracia se traduce en el derecho a portar armas y ser él el ciudadano, mientras que el afroamericano sabe perfectamente bien que esa democracia lo lleva a la muerte o si bien le va, a la cárcel.

Recientemente Jonathan Haidt, psicólogo social de la Universidad de Virginia, señaló en New York Times, cómo la pandemia se ha vuelto el síntoma de una enfermedad mayor donde el tribalismo identitario y la animosidad hacia el otro son la manifestación de un nuevo sujeto social. Ese tribalismo es alimentado por la polarización, vivimos un momento civilizatorio donde la desigualdad económica, social y cultural son excepcionales.

El 1 por ciento de la población mundial posee la riqueza del resto, la pandemia ha generado que los multimillonarios incrementaran su riqueza de forma excepcional, en contracara los pobres se hacen más pobres.

La miseria, como bien lo señala Pierre Bourdieu no solo es una variante económica, sino también es un proceso de exclusión social, cultural y de saberes. No es casual que en el pasado proceso electoral de los Estados Unidos de Norteamérica el fascista americano haya obtenido un poco más de 74 millones de votos, cuando la cantidad de muertes por el COVID es cercana al medio millón de personas y la pauperización de su sociedad va in crescendo.

La polarización de los colectivos es un mecanismo de atomización y de control; los afroamericanos pobres se confrontan contra los americanos blancos pobres, es cierto desde la Guerra de Secesión los Estados Unidos no han resuelto un problema fundacional que a la postre se vuelve el gran enemigo de la democracia liberal y que hoy hace metástasis, galvanizando por otro lado una contradicción de clase.

El nacimiento de una nación (1915) dio la pauta a la manifestación del supremacismo blanco y galvanizó la dominación que los blancos ejercen sobre los afroamericanos y todos aquellos colectivos que si bien son norteamericanos aparentemente no cumplen con la supuesta variante racial hegemónica. El sistema político norteamericano tiene entre sus cimientos el privilegio de los blancos sobre los antiguos esclavos, ha encontrado diversos mecanismos para mantener ese orden; bajo esa perspectiva Richard Nixon instauró la “Ley y orden” que supuestamente combatía al crimen organizado, pero que a la postre se convirtió en un mecanismo de control donde se han arrestado a millones de afroamericanos que habitan en el sistema penitenciario privatizado.

En el pasado proceso electoral ese antiguo orden, esa fuerza de ley está haciendo crisis, expresa como una sociedad tribalizada y profundamente ignorante se ha declarado la guerra así mismo, pobres combatiendo pobres, pobres blancos luchando contra pobres afroamericanos, mientras los multimillonarios degustan el festín aniquilatorio.

La irrupción de grupos supremacistas blancos al Capitolio devela el tribalismo de la sociedad norteamericana, es un capítulo más del embate originario: el control de blancos sobre afroamericanos; pero a ello se le suma el elemento de las redes sociales y el internet como un mecanismo de control. Hay elementos para poder distinguir que el asalto al Capitolio, no fue la irrupción natural de la masa, sino un evento premeditado, bien sea por el fascista americano, quien cómodamente observaba el evento; o bien, un mecanismo de control del establishment (Demócrata y Republicano junto al poder militar, tecnológico y financiero) que optó por el simulacro del asalto.

Lo cierto es que independientemente de ello, el asalto galvaniza la contradicción fundamental el empobrecimiento de una sociedad frente al enriquecimiento ilimitado de una minoría. Se dice que el asalto al Capitolio es una manifestación de crisis de la democracia norteamericana, lo cual es a todas luces un error, la democracia norteamericana se funda en la desigualdad, en el control racial de los blancos sobre el resto de la sociedad; la disputa que hoy puede estar evidenciándose, es que el control ya no lo tienen todos los blancos sino sólo una minoría de ellos, el resto como lo indica el Nacimiento de una Nación debe ser dominado hasta su esclavitud.

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