El peso de la rutina

Por Karenina Díaz Menchaca

 

¿A veces sientes que eres como esos hamsters que dan de vueltas en una rueda, una y otra vez, una y otra vez?

La cotidianidad, esa forma humana de establecerse, de mantenerse , de no sé qué. De un estar, pero no estar. ¡Oh dios! tantas rutinas de las que estamos hechos, pero pues entre menos preguntas nos hagamos podríamos vivir en paz, ¿aparentemente?

Incluso los más avezados que han decidido viajar por todo el mundo como un modus vivendi, esos miedosos de la rutina que se amparan diciendo: no, yo no soy godín, me voy de hipster around the world forever.

Hasta esos placeres requieren de rutina y luego ya ven, ellos desean un hogar en donde aterrizar. ¡Claro! Entre más joven, menos  consciente ni del tiempo ni de las gratas rutinas que pueden llegar a aturdir con el tiempo, así que viajar de pronto nos parece un gran sueño ¿no es cierto?, sin embargo…

Alguna vez alguien muy cercano a mí durante mucho tiempo se mantuvo en su rutina de no querer hacer nada. El discurso era que la vida era corta, que de todas formas nos íbamos a morir, por tanto: ¿para qué estudiar una carrera?, ¿para qué trabajar?, ¿para qué tener metas?, ¿para qué planificar? Ahora este hombrecito es padre deun hermoso niño de 10 años, un pequeño con sueños, un alumno de dieces, sencillo, obediente, guapo, mi querido sobrino.

¿Qué tiene que pasar para que le pidamos a la pierna izquierda que levante a la derecha, al brazo derecho que mueva al izquierdo? , ¿qué hace que las mañanas tengan sentido?, ¿los hijos?, ¿las expectativas que tenemos de uno mismo?, ¿un futuro incierto?, ¿la fiesta de la vida?

Ponerse de existencialistas se vale y es necesario, recuerdo que durante muchas etapas de mi niñez me sentía como perdida, había momentos en que me preguntaba: ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí?; y la más siniestra ¿qué soy? Miraba mis manos, mis pies, tenía que verme en un espejo  lo más pronto posible. Era un sensación muy rara en donde  no era capaz de sentirme, es como si fuera de humo. A lo mejor hasta era de otro planeta y no me atreví a comprobarlo, ¡jajajaja!. Quizás era un personaje de Lovecraft.

Decía el gran Jean Paul Sartre: ¿Cree usted que yo cuento los días? Únicamente queda un día, uno que siempre se repite. Se nos da al amanecer y se nos quita al atardecer.

Siendo así, estamos condenados a repetir, repetir y repetir. Habrá días diferentes con matices de alegrías y esas cosas, de finos destellos de inteligencia, de brillantez,  y los que trabajan por serlo, pasarán a la historia (como ya saben quién), de ahí en fuera todos los demás, no somos nada.

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