El Principito: la magia de ser niño

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell  

Un piloto aviador queda incomunicado a raíz de un accidente de avión a miles de kilómetros de algún rastro de vida. En ese lugar se encuentra con un pequeño príncipe de cabellos rojos que afirma vivir en el asteroide B 612.  

Una vez que se conocen y congenian, entablarán conversaciones que versarán sobre la vida y la gente. 

El Principito, obra escrita en 1943 por Antoine de Saint-Exúpery, es ya un clásico por antonomasia. Éste es, sin duda, un producto de su tiempo, ya que fue escrito en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, en la que participó su autor y que surge como una alternativa literaria en tiempos de horror y destrucción.  

Este libro nos permite observar el mundo y la existencia misma a través de los ojos de un niño, que con toda la inocencia que lo caracteriza, nos permite redescubrir las cosas pequeñas que en ocasiones se desdeñan por simples o pasan desapercibidas para los adultos. 

Al ser un texto ampliamente conocido, varios diálogos intercambiados por los personajes han quedado impresos ya en el inconsciente colectivo ya que apelan a la parte del ser conocida como el niño interior, ése que ve las cosas complicadas en su estado más sencillo y que hace que el lector reconozca la sabiduría infantil en cada una de las partes del libro. 

Sobran los calificativos pero, sin duda, el que mejor le queda a El Principito es el de entrañable, ya que nos pone en contacto con las emociones más nobles que posee el ser humano como el amor y la amistad.  

De lectura amena al ser de pocas páginas, el lector es testigo de este viaje donde conoce a personajes por demás variopintos que representan valores y van dejando aprendizajes de vida mostrando la naturaleza humana, por lo cual es recomendada para niños y adolescentes que encontrarán una historia contada con un lenguaje que es formal y a la vez sencillo y poco adornado.  

Así es como esta obra toca las fibras sensibles y enseña que la percepción lo es todo ya que, citando una de sus líneas más famosas, “lo esencial es invisible a los ojos’’ y nos enseña a no perder a ese niño que puede verlo todo tal como es.  

El Principito. Antoine de Saint-Exúpery. 1943. Editorial Gallimard 

Suscríbete a nuestro newsletter!

Related posts