El suicidio, una mordaza de nuestros tiempos

Por Juan Alberto Alva Álvarez

Mi colaboración de esta ocasión quiero dedicarla a un tema que, tristemente, se vuelve cada día más recurrente, el suicidio, principalmente en jóvenes.

El suicidio es el resultado de una terrible crisis emocional, específicamente en este segmento de la población. Dicho suceso sociológico me lleva a pensar que, incluso, muchos de aquellos que se suicidan, no quieren morir, sino que no encuentran ninguna solución a los problemas que se les puede presentar en su vida cotidiana; el cómo se debe calificar esa decisión es cuestionable, ya que algunos pensarían que es una salida cobarde y, otros, una salida valiente.

Son muchos los factores que actualmente llevan principalmente a jóvenes a tomar esa decisión, y es importante decir que a pesar de compartir el triste final, todos esos casos provienen de historias y circunstancias personales y sociales muy diferentes entre sí.

Ante estos sucesos, el círculo social más cercano debe mantenerse alerta ante cualquier señal. Son varios los factores asociados al suicidio, como son el trastorno mental, particularmente la depresión y los trastornos de personalidad, las conductas adictivas, el desarraigo social o soledad, los acontecimientos estresantes y que marcaron la vida de la persona y alguna enfermedad crónica que cursa con dolor.

Sin embargo, y a pesar de tener presentes estos factores, no hay una explicación de por qué se hizo lo que se hizo, además que hay un alto porcentaje de suicidios que no tiene nada que ver con alguno de estos factores, por lo que resulta difícil su detección.

En concreto, el suicidio va a ser el resultado de varias causas interrelacionadas entre sí que nunca llegaremos a entender, pero que fueron de suma importancia para el suicida.

A veces, se toma esta decisión por factores que para mucha gente resulta absurda, por ejemplo, hace unos años en México, se dio una etapa de suicidios en escala de jóvenes que habían sido rechazados en las escuelas de nivel medio superior, por no haber alcanzado los puntajes requeridos en los exámenes.

En ese caso concreto, mi lógica me lleva a pensar que se trata de jóvenes que tienen una vida por delante, que si en esta ocasión no lograron acreditar el examen, tienen muchas oportunidades por delante para poder lograrlo, o aquellos jóvenes que toman esa decisión por no haber acreditado alguna materia o examen y por el temor a la reacción de sus padres.

Pero eso lo pienso en lo particular, desde mi punto de vista, olvidando que no todas las personas reaccionamos igual, que no todas las personas somos lo suficientemente fuertes para aguantar fracasos, además que la personalidad de cada persona es diversa y para algunos ese es el fin de su mundo.

Sin embargo, hay otros factores que sí resulta importantes y de impacto como un abuso sexual a temprana edad o el bullying que se viva en la escuela, el maltrato y explotación infantil, la extrema pobreza o la depresión, que se ha convertido en la enfermedad de novedad.

Ante esos factores, reitero que los padres deben de mantenerse alerta ante los cambios que estos provocan en los niños o jóvenes, como el aislamiento, una inexplicable agresividad, cada vez más constante, falta de apetito, el rechazo a cualquier muestra de afecto o una fuerte necesidad de ella. Ante todo se le debe dar atención y credibilidad a los niños y jóvenes, así como un apoyo incondicional ante cualquiera de estos eventos.

Para las personas que quedan, la muerte por suicidio de manera repentina y trágica, les produce siempre una sorpresa, incredulidad y un estado de shock, lo que se refuerza con el hecho de haber encontrado el cadáver o alguna carta póstuma que hubiera dejado el suicida, lo que ocasiona culpa, vergüenza e ira.

En días recientes viví una experiencia muy de cerca con el suicidio de una persona cercana, lo que se traduce en todo lo que he expuesto, ya que fue derivado de un suceso de abuso sexual en una etapa temprana, que desde luego nos lleva a pensar en qué diablos piensa la gente que hace esas bajezas y que necesitamos todas las personas cercanas para poder apoyar a una víctima de tan vil acto.

Como escuchaba el otro día por la radio, no seamos cómplices de estas personas nefastas y alcemos la voz y condenemos este tipo de actos que no pueden seguir repitiéndose, pues los niños deben estar haciendo lo que sólo deben hacer, jugar, aprender, estudiar y ser felices. Nadie tiene el derecho de arruinar la infancia de nadie, e incluso la vida, porque un abuso deja una marca para toda la vida.

Twitter: @JuanAlberto3035

 

 

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