El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, celebra 100 años de vanguardia artística

Por Gloria Reyes

 

 El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris celebra 100 años de historia, de memorables presentaciones y anécdotas que han surgido en su escenario, butacas y pasillos. Vanguardista, majestuoso y elegante, así luce hoy el espacio ubicado en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, zona considerada desde 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

 

El recinto de Donceles es una joya arquitectónica con elementos neoclásicos de principios del siglo XX, inspirado en los templos griegos y romanos, lo cual se puede apreciar en sus balaustradas, pilastras, columnas jónicas y corinto. En él se rinde culto especial a la ópera, y en el segundo nivel se erigieron los bustos de Giuseppe Verdi, Georges Bizet, Franz Lehar y Jacques Offenbach, así como de la creadora del recinto: Esperanza Iris (1884-1962).

 

A principios del siglo XX México vivía transformaciones sociopolíticas, económicas y culturales resultado del proceso revolucionario que se manifestaba en levantamientos armados, fluctuaciones monetarias e inestabilidad gubernamental. En ese ambiente adverso, Esperanza Iris se aventuró a cumplir uno de sus sueños más anhelados: tener su propio teatro.

Con una trayectoria que construyó desde su infancia, la artista encomendó al director de orquesta Mario Sánchez buscar el lugar adecuado para construir su teatro. El espacio fue el Teatro Xicoténcatl (1912), a un costado de la Cámara de Diputados, el cual se puso a la venta un año después de su inauguración, por su deficiente construcción y acústica.

 

El 3 de mayo de 1917 se colocó la primera piedra del nuevo recinto escénico y la construcción inició formalmente doce días después, liderada por los arquitectos Ignacio Capetillo y Federico Mariscal. Guillermo Cárdenas se encargó de las esculturas, ayudado por Moisés Guzmán y Salvador Contreras, alumnos de la Academia de Bellas Artes; los hermanos Posadas tuvieron a su cargo todas las molduras de yeso; Daniel del Valle fue el encargado de la pintura, y el electricista León Cedillo Tableros realizó la instalación eléctrica del teatro.

 

Un año después, el 25 de mayo de 1918, La Diva de la Opereta cristalizó su sueño al inaugurar su propio espacio. El Teatro Esperanza Iris fue considerado como un augurio de paz, estabilidad y prosperidad para el régimen revolucionario, señal de que la sociedad podía encontrar en la cultura la armonía, sobreponiéndose a la violencia e inestabilidad sociopolíticas.

 

“Todo México, es decir, representaciones de todas nuestras clases sociales, invadieron en masa el gallardo edificio que se levanta en la calle de Donceles. Desde el Primer Magistrado de la Nación que ocupaba un palco de honor y al que a su llegada se le rindieron los honores debidos a su alta investidura, hasta el obrero, batieron palmas entusiastas al descorrerse el telón por primera vez y aparecer la mimada artista” (Excélsior, 26 de mayo de 1918).

 

Con la presencia del entonces presidente Venustiano Carranza y todo su gabinete, el 25 de mayo de 1918 abrió sus puertas el Teatro Esperanza Iris. El programa inició con la interpretación del Himno Nacional y la presentación de la ópera vienesa en tres actos La duquesa de Bal-Tabarín.

 

Por más de una década el recinto de Donceles fue considerado el más importante del país. Cuentan las crónicas que antes de presentarse en Nueva York y Latinoamérica, los artistas hacían su debut en el Teatro Esperanza Iris. Enrico Caruso, Anna Pavlova, María Conesa, Giacomo Rimini, José Mujica, Titta Ruffo, Josephine Baker y Leopold Godowsky, entre otros, le dieron renombre mundial.

Durante la década de los años treinta, con la llegada de la radio y el cine a México, Esperanza Iris adaptó su teatro a las nuevas exigencias de la audiencia y presentó burlesque y revistas musicales. A partir del 13 de septiembre de 1934, el Teatro Esperanza Iris cambió su nombre a Cine-Teatro Esperanza Iris.

 

A partir de 1953, Esperanza Iris rentó el teatro, sin embargo, ella vivió en el pequeño departamento que construyó dentro del mismo recinto, al cual llamó “mi novio ingrato”, por el amor incondicional que le tenía a su coliseo.

 

El 8 de noviembre de 1962 falleció Esperanza Iris. La ciudad se vistió de luto, sus habitantes le lloraron y asistieron al velorio realizado a manera de homenaje en el escenario del teatro. La diva heredó la titularidad del recinto a varios de sus sobrinos.

 

A raíz de su muerte el recinto se deterioró y fue abandonado, hasta que el entonces Departamento del Distrito Federal lo compró a una de sus sobrinas. Lo rescató y en 1976 fue reinaugurado con la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional. Es en esta fecha cuando se cambió su nombre a Teatro de la Ciudad y con el tiempo se convirtió en un ícono de la gran metrópoli.

Por su escenario han desfilado Marcel Marceau, Alfredo Zitarrosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Miguel Bosé, Tania Libertad, Armando Manzanero, Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Nacha Guevara, Mario Benedetti, entre otros, y también fue sede del Festival OTI de la Canción.

 

En 1984 la tragedia volvió al teatro: un incendio le quitó el brillo y afectó la parte superior, lo que ocasionó su cierre. El 20 de noviembre de 1986 volvió a abrir sus puertas y se rindió un homenaje al tenor guanajuatense Pedro Vargas; sin embargo, diez años después, luego de sufrir un daño en la fachada nuevamente fue cerrado. El 9 de abril de 2002, con la puesta en escena Viva la Zarzuela, a cargo de Plácido Domingo, el Teatro de la Ciudad se reinauguró.

 

Para dicho acto, el historiador Enrique Semo expresó que “el teatro fue construido en el año de 1917, cuando la agitación de la Revolución no se había apagado y es por eso un símbolo de la vitalidad y el amor a la cultura de los habitantes de nuestra gran ciudad. En su nueva época, este escenario deberá responder a los gustos de todos los ciudadanos y ser a la vez caja de resonancia de los cambios espectaculares que está conociendo el arte mundial en este principio de siglo XXI.”

 

En su 90 aniversario (2008), con la gala de opereta Un Iris de Esperanza y como tributo a su fundadora, se le devolvió su nombre como hasta hoy lo identificamos: Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

 

Recientemente se han presentado figuras como Les Ballets C de la B, Israel Galván, Daniele Finzi Pasca, Carles Santos, TAO Dance Theater, Los Cardencheros de Sapioriz, Martirio, Yann Tiersen, Susana Harp, Wim Vandekeybus, Alim Qasimov, Wajdi Mouawad, Beijing Dance Theater, Michael Nyman Band, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, Betsy Pecanins y Salif Keita.

También Julieta Venegas, Luis Pescetti, Diego El Cigala, Ana Tijoux, Los Folkloristas, Tania Libertad, Óscar Chávez, Peter Brook y la compañía Théâtre des Bouffes du Nord, Guangdong Modern Dance Company, Hernán del Riego, Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú, entre muchos artistas más.

 

Ha pasado un siglo y el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris sigue en pie. La ópera, la música, el teatro y la danza están invitadas a una fiesta que dura todo el año en un recinto que abre sus puertas para hacer posible que artista y espectador se encuentren.

 

Para esta ocasión tan especial, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris se vistió de gala: El Ensamble Tambuco celebró el centenario del Teatro con un concierto majestuoso que incluyó la participación de la solista Katalin Károlyi, la gran mezzosoprano franco-húngara, así como el estreno mundial de la obra especialmente comisionada a Héctor Infanzón.

 

Adicionalmente se estrenó Ekzilo II, realizada para Tambuco por el compositor Felipe Pérez Santiago.

 

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