(“Ellos (los médicos residentes) son realmente los que se llevan las chingas”

Por Rivelino Rueda

Al cumplirse un mes y medio de protestas pacíficas, unos 8 mil médicos residentes de 83 hospitales del país iniciaron el 15 de abril asambleas permanentes (paro de labores indefinido), en exigencia de que la Secretaría de Salud les cubra quincenas atrasadas, el “bono sexenal” y que se dignifique su profesión.

En punto de las siete de la mañana, la Asamblea Nacional de Médicos Residentes (ANMR) anunció el inicio de una “asamblea académica”, la cual se extenderá hasta que las autoridades de Salud cumplan con sus demandas.

“Hoy entramos en asamblea académica de manera prudente y pacífica. Hoy sí va por nosotros y las futuras generaciones, por mejorar las condiciones de los médicos residentes, por solidaridad a nuestros compañeros y por continuar brindando atención de calidad a los pacientes”, expusieron los residentes en un comunicado.

Al paro de labores se sumaron médicos residentes de 34 hospitales e institutos de alta especialidad de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México, así como de centros de salud de Yucatán, Guanajuato, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí, Sonora, Veracruz, Tabasco, Querétaro y Tamaulipas.

También de los estados de Puebla, Durango, Coahuila, Morelos, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Aguascalientes, Nuevo León, Colima, Zacatecas y Baja California.

Previo al inicio de la nueva jornada de protesta, los médicos residentes del Hospital General de México “Gerardo Liceaga” anunciaron que no se iban a sumar al paro porque ya habían llegado a un acuerdo con las autoridades de la Secretaría de Salud sobre el pago de quincenas atrasadas y el “bono sexenal”.

No ocurrió lo mismo con los médicos residentes de los servicios de Anatomía Patológica, Neuropatología y Genética Médica de ese centro de salud, quienes manifestaron su solidaridad y apoyo al movimiento convocado por la Asamblea Nacional de Médicos Residentes.

Pero en otros frentes, como los institutos y hospitales de especialidades de la zona de Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, la situación fue diferente.

Con pancartas o mantas de protesta afuera de los centros de salud y concentrados en auditorios, salas de reuniones o comedores, pero sobre todo al pendiente de cualquier caso de urgencia médica, las y los médicos residentes, con sus inmaculadas batas blancas, se daban ánimos por el alcance de esta convocatoria.

Mario Alberto Medina, paciente del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) comentó, con el poco aliento que le permitía el respirador de oxígeno y con un hilillo de voz por unos pulmones destrozados por un padecimiento de enfisema pulmonar agudo, luego de 31 años de tabaquismo, que “si no fuera por esas muchachitas y muchachitos, que no duermen, que no paran”, él no estaría aquí.

“Yo los apoyo en su protesta porque ellos y las enfermeras son los que realmente se llevan las chingas. Ahí los ves en las madrugadas, deambulando de cama en cama para preguntar si uno está bien, y en las mañanas haciendo chequeos y preguntando si ya comimos o cómo nos sentimos. Mis respetos la verdad”.

Y mientras algunos sus compañeros de otros estados subían fotografías a redes sociales, con las plantillas completas de residentes que se sumaban al paro, capturadas afuera de sus respectivos centros de trabajo, otros narraban los amagos y amenazas de doctores y autoridades por participar en los paros.

Diego H., residente del Hospital Infantil de México “Federico Gómez”, denunció que desde hace dos semanas algunos doctores –a los que llamó como “vacas sagradas”—le han advertido que, de continuar su protesta, bloquearán su titulación y su posible ingreso a cualquier centro público de salud, incluyendo el IMSS y el ISSSTE.

***

Faltan 20 minutos para que finalice el horario de visitas del turno vespertino en el Hospital General de México. Gloria Mazón corre por un pasillo para entregar a una médico residente la ampolleta que le pidieron para aplicársela a su esposo.

“Pensé que este día iba a ser una pesadilla por eso del paro de labores, pero no fue así. Y si se hubieran ido a paro yo los apoyaría. Véalos, hasta parecen familiares de uno”, comenta con una respiración agitada.

Astrid Menchaca no opina lo mismo. En la sala de espera del Instituto Nacional de Rehabilitación encara a cualquiera que lleve bata de médico. “Si le pasa algo a mi hermano va a ser su responsabilidad por estar ahí con sus ‘paritos’”.

Nadie la tranquiliza. Gabriela A. y Edmundo R, médicos residentes, le explican que se trata de una acción donde se “trabaja bajo protesta”. “No hay paro de actividades en el hospital, señora. Todos los pacientes están siendo atendidos”.

“¡Déjense de payasadas y pónganse a trabajar!” “¡Tienen en sus manos vidas humanas!”, grita desesperada Astrid y se crea un profundo silencio.

No hay consignas. No hay gritos. No hay pancartas. Salvo algunas mantas que fueron colocadas afuera de los centros de salud para informar a pacientes, familiares y transeúntes de qué va la protesta. Es una protesta silenciosa que, incluso, ya algunos residentes comparan con el movimiento de médicos de 1964-1965.

  • Publicado originalmente en el periódico El Financiero el martes 16 de abril de 2019

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