En búsqueda del tiempo mexicano… ¿Feminismo o barbarie?

Por: Armando Leal

@armandoleal71

el individuo

practica libremente

toda forma de violencia

de facto y de jure

WALTER BENJAMIN

En 1976, el capitalismo entró en una crisis de acumulación, la respuesta de los economistas: los Chicago Boys fue la Reconversión Industrial, que en los hechos se tradujo en el neoliberalismo; lo cual implicó una transformación en la base y en la superestructura. El Estado que había emergido de la Segunda Guerra Mundial desapareció.

El ocaso del Estado Benefactor no fue un proceso terso, en Inglaterra enfrentó la resistencia de grandes sectores de la población organizados en torno a los sindicatos y otras expresiones de la sociedad. Las huelgas de los mineros casi le cuestan el puesto a la conservadora “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher.

En México, la Reconversión Industrial significó la “venta” de paraestatales, la firma del Tratado de Libre Comercio y un proceso de achicamiento del Estado, hasta llevarlo casi a una entelequia que supuestamente sólo administra.

La Reconversión Industrial significó un incremento exponencial y excepcional de la desigualdad económica. Para la ONG internacional OXFAM, “la desigualdad en el mundo está fuera de control”, de acuerdo con un informe de dicho organismo: “2.153 multimillonarios poseen más riqueza que 4.600 millones de personas en el mundo.”

La emergencia sanitaria ha incrementado la desigualdad, pareciera que para ese 1 por ciento de la población, los más ricos, la muerte de miles de personas se ha traducido en una ventana de oportunidad, en el lenguaje neoliberal: la élite de la reconversión ha sido RESILIENTE.

En el entendimiento de las desigualdades sociales destaca la de género. Desde que las mujeres fueron cosificadas a partir de la dote y el matrimonio patriarcal, en los hechos se les considera una subespecie, la cual existe gracias al varón y debe confrontar desde la violencia verbal hasta la muerte.

En México según datos del INEGI en 2021, las mujeres que laboran en empleos formales ganan en promedio $54.1 menos que los varones; trabajan 40 días al año en labores domésticas, mientras que el varón sólo dedica 16 días; 1 de cada 3 mujeres ha enfrentado violencia de cualquier tipo en su vida. De acuerdo con las últimas cifras son ASESINADAS 12 MUJERES AL DÍA; es decir, en este país MUERE UNA MUJER CADA 2 HORAS.

Las casi cinco décadas de experiencia neoliberal se han traducido en una fantasmagórica numeraria, millones de mujeres violentadas —verbal y físicamente—, miles de mujeres asesinadas. La experiencia humana en la contemporaneidad es extremadamente violenta.

La supuesta guerra que el comandante Borolas, alias Felipe Calderón declaró al crimen organizado ha exacerbado la descomposición del tejido social; más de 60 millones de mexicanos en la pobreza: mujeres, infantes, indígenas los más pauperizadas. El medio siglo neoliberal deja a las instituciones quebradas, corrompidas hasta la médula. El mexicano del siglo XXI experimenta una cotidianeidad violenta.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador significó en el imaginario colectivo mexicano una esperanza de cambio y transformación. Más de 30 millones de mexicanos salieron el domingo 1 de julio de 2018 a votar por un cambio. Se trata de la apuesta por una transformación institucional que implica necesariamente la expulsión de la antigua clase política y también un cambio en el modelo económico.

Hoy, la plaza pública expresa las contradicciones de ese cambio. En principio está la batalla que los antiguos intereses dan por conservar sus privilegios, aquellos concesionarios a los que se les regaló la explotación de las riquezas nacionales, desde el petróleo, la energía, minería, hasta los servicios.

En este frente, también están sectores de la sociedad que a cambio del silencio cómplice —OMERTÁ— recibían millones de pesos del presupuesto público, los supuestos: comunicadores, intelectuales, académicos, hasta los defensores de derechos humanos.

En otro frente de batalla están sectores de la izquierda mexicana que apuestan por un cambio radical, para ellos el antiguo dilema revolucionario está vigente. El neoliberalismo dio una batalla campal contra la alternativa Socialista hasta decretar su muerte. El aparente fin de la historia sorprendió a grandes sectores de la izquierda revolucionaria; tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo. La caída del Muro de Berlín aparentemente signó el fin de los tiempos.

La última gran expresión de ese frente de batalla, la de transformar el orden existente por la vía armada la dio el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, aunque el arsenal fue simbólico, ya que la mayoría de las armas eran viejas y algunas de madera. Hoy esa antigua izquierda parece tomar nuevos bríos, fundamentalmente porque la desigualdad económica está creando las condiciones objetivas históricamente determinadas.

La violencia como una vía para transformar radicalmente el poder ocupa un espacio central en la plaza pública, lo hace de forma soterrada y clandestina. La legendaria tradición guerrillera, durante décadas silenciada, hoy exige su derecho de ocupar un espacio en la transformación del México del siglo XXI.

De forma consciente, o tal vez no, el Feminismo, del cual se ha dicho: “es el principal movimiento social de la actual centuria”, ha decidido optar por el uso de la violencia como una forma de derrocar el antiguo orden de derecho: el Patriarcal.

En las expresiones públicas del Feminismo, en sus marchas y declaraciones se ha expresado de facto la legitimización del uso de la violencia; diversos colectivos feministas, entre los que destaca el BLOQUE NEGRO, reivindican la destrucción de edificios, monumentos históricos, la confrontación física con elementos del Estado y del patriarcado hasta la quema de policías como una forma de violencia.

En el discurso, las feministas que ocupan espacios en los medios de comunicación masiva legitiman el uso de la violencia para el derrumbe del orden patriarcal y la construcción de un nuevo orden de derecho. Desde la privilegiada feminista Sabina Berman, la eterna candidata Patricia Mercado, Sara Cabello, Gabriela Jauregui entre decenas de mujeres que se han expresado reivindican en los hechos el uso de la violencia.

Sin embargo, la legitimación sobre el uso de la violencia va al menos en dos frentes, en principio como una respuesta límite frente a la violencia impune que confrontan cotidianamente millones de mujeres. Pero en la otra punta del arco, se encuentra la legitimación de la violencia como forma de derrocar al capitalismo y por ende el orden patriarcal.

Para la escritora, poeta y crítica literaria Gabriela Jauregui, “el feminismo es una lucha contra el capitalismo”; una lucha contra un orden de derecho (Benjamin), que oprime a la Mujer, pero también al varón, que condena a millones de humanos a vivir en la pobreza. Habitar una realidad extremadamente violenta.

Hace un siglo, Walter Benjamin publicaba Zur Kritik der GewaltPara una crítica de la violencia, en dicho texto, el Berlinés legitima el uso de la violencia como una expresión de la política; se trata de una ruptura revolucionaria y de transformación estructural del orden existente, que crea nuevas formas de construcción de lo social. Para Benjamin detrás de todo estado de derecho está la violencia, esta tiene un papel fundacional en el orden social, por ende en el derecho; la vía para modificar ese antiguo orden de derecho es la violencia.

Durante los años 70 y 80 del siglo pasado, en el seno de la izquierda mexicana se dio un gran debate sobre el uso o no de la violencia. Los antiguos mapaches (Movimiento de Acción Popular), aquella corriente gradualista del PCM-PSUM, donde militó Woldenberg, Sánchez Rebolledo entre otros, sostenían que la violencia era el agotamiento de la política; es decir, no era una vía de transformación política.

Este debate era la supuesta respuesta ante la expresión radicalizada de diversas expresiones de la izquierda que optaron por la lucha armada como el camino para transformar el orden de derecho, el capitalista. Es importante tener en cuenta, que la gran mayoría de los diversos grupos guerrilleros en México optaron por la vía armada en respuesta a la represión y autoritarismo del régimen priista.

El dirigente guerrillero, el profesor normalista, Lucio Cabañas Barrientos, optó por la lucha guerrillera frente a las masacres del ejército mexicano: “Subí a la sierra, mejor dicho, me echaron al monte el 19 de mayo de 1967. Me fui, porque si me quedaba me mataban. La vida vale mucho y jamás me hubiera perdonado el caer muerto a lo pendejo, sin haber hecho algo por los pobres

El Partido de los Pobres fue una respuesta frente al fraude electoral y la represión del régimen priista. La construcción de un movimiento social armado no fue la primera vía por la que eligió el revolucionario Lucio Cabañas. Esa es en gran medida la historia de la guerrilla mexicana, cientos de jóvenes luchando por transformar su realidad y que, frente a la cerrazón del régimen, la represión, las masacres y la tortura optaron por la violencia revolucionaria.

Sectores de la izquierda mexicana sostienen que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no ha transformado al régimen político, las élites mantienen el control del poder. La dominación capitalista sigue intacta. Además, en su análisis de coyuntura, evalúan que las condiciones objetivas, históricamente determinadas, están dadas.

De facto le declaran la guerra al gobierno burgués de López Obrador. La expresión radicalizada del feminismo, esos diversos BLOQUES NEGROS, puede leerse en ese sentido, jóvenes —mujeres y varones— han decidido ejercer la violencia como una vía política de transformación.

También puede leerse como la expresión radicalizada de jóvenes —mujeres y varones— que responden legítimamente a la violencia experimentada cotidianamente, aquella que les ha cancelado el futuro, aquella que un varón ejerce sobre ellas acosándolas, violentándolas, violándolas, asesinándolas… ésta que es profundamente impune.

Una tercera línea interpretativa puede ser que, frente al radicalismo de centenares de jóvenes, legítimo; un cristal de masa infiltrado, le de una conducción política a la revuelta. Una derecha deseosa de un coup d’État.

Una cuarta vía interpretativa es aquella donde las diversas variantes se combinan, jóvenes —mujeres y varones—que han optado por la vía política violenta para derrocar al régimen capitalista, sumado a jóvenes —mujeres y varones—que usan la violencia y los infiltrados de la derecha.

12 mujeres son asesinadas diariamente en México, el tejido social está roto; es necesario reconstruirlo, no podemos seguir andando con 12 mujeres asesinadas diariamente. La violencia revolucionaria como una forma de transformación del orden existente es legítima; sea su origen reactivo o ideológico. Sin embargo, no podemos ser inocentes frente a tal dilema.

El actual gobierno enfrenta una lucha encarnizada por el poder, el antiguo orden no acaba de morir, esos poderosos intereses dan una batalla sanguinaria. Cuidado con hacerle el juego a la derecha y a la oligarquía. Cuidado con hacerle el juego al capitalismo PATRIARCAL. Cuidado con pretender derrocar a un gobierno democrático, que se niega a reprimir la disidencia. ¡Cuidado! Uno de los dilemas políticos actuales, uno de los viejos dilemas de las izquierdas mexicanas ha sido el cambio gradual o el cambio intempestivo. ¡Cuidado, Andrés Manuel López Obrador! El dirigente está obligado a sensibilizarse frente a la alarmante situación.

El uso de la violencia revolucionaria es una vía para ejercer la política, pero los actores políticos que optan por ella deben de asumir su responsabilidad histórica. Se pretende cambiar el régimen político o simplemente hacer catarsis y quemar la puerta Mariana. En la construcción de la consciencia política, el feminismo radical ha logrado convencer a una sociedad machista y patriarcal de la urgente necesidad del cambio.

Gabriela Jauregui, como varias feministas, afirman que el feminismo es una lucha contra el capitalismo. Una lucha contra un orden de derecho diría Walter Benjamin, que pasa por el uso de la VIOLENCIA REVOLUCIONARIA. La furia reconcentrada de las feministas apunta al fracaso de la democracia.

El dilema es: ¿qué vía política construirá el Feminismo? ¿el de verdaderamente derrocar al capitalismo o el de un cambio gradual inundado de provocaciones? ¿Hay condiciones objetivas para derrocar al capitalismo? ¿La feminista, capitalista, productora de teatro Sabina Berman… quiere realmente derrocar al capitalismo? ¿La burguesa Denise Dresser quiere realmente derrocar al capitalismo? ¿La derecha quiere derrocar al capitalismo? ¿Alguna de las diversas expresiones del BLOQUE NEGRO quieren derrocar al capitalismo?

En las primeras décadas del siglo pasado, la RojaRosa Luxemburg señalaba: ¡Socialismo o barbarie!, pero la Socialdemocracia la traicionó y asesinó… los supuestos aliados de clase, los aliados burgueses: ¿Feminismo o barbarie?

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