En esta gran época… los retos de la prensa mexicana

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

La tiranía de la necesidad de vivir

concede a los esclavos tres tipos de libertad:

del espíritu, la opinión;

del arte, la diversión;

y del amor, la disipación.

Karl Kraus

En estos días se cumplen dos años del triunfo de la izquierda mexicana en las elecciones de 2018; es el proceso que ha marcado un hito en la historia político y social de México, así como determinará el porvenir mexicano. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha significado una serie de transformaciones en el espacio público mexicano, desde el combate a la corrupción hasta la manera en que la plaza pública se expresa. Las élites vigorosamente han salido a “defender” aquellos derechos naturales que ejercían, desde el empresariado hasta la prensa y los “intelectuales”.

El poder autoritario que se ejerció desde el Porfiriato hasta finales del siglo pasado poco a poco se ha ido minando. Los movimientos sociales que se expresaron desde la segunda mitad de la centuria pasada, la revuelta de los médicos, la rebelión de los jóvenes en 1968, la constitución de diversos grupos guerrilleros, la permanente lucha del Partido Comunista Mexicano (PCM), la salida de la “Corriente Democrática” del PRI, la constitución del Partido de la Revolución Democrática (con el registro del PCM), el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional hasta llegar al triunfo de Andrés Manuel López Obrador, son algunas de las expresiones de una corriente ética, de una forma de soñar y de un deseo de vivir.

La transición por la izquierda marcará los derroteros del tiempo mexicano, el siglo XXI está marcado ya por la revuelta en las urnas, de más de 30 millones de mexicanos. A diferencia de otras sociedades políticas, los mexicanos, pese al engaño, al fraude electoral, a la extrema pobreza y una corrupción sin paragón, han salido sistemáticamente ha ejercer su voto, han expresado en las urnas su rechazo a la forma en que las élites ejercen el poder. En el pliego petitorio del Partido de los Pobres, de Lucio Cabañas, entre uno de los puntos de la lucha está aquel que se declara en contra del fraude electoral y por el respeto a la voluntad popular. Es cierto, que cientos de miles de jóvenes después de la represión ejercida por el régimen autoritario, optaron por la vía armada; sin embargo, es singular la historia de estas organizaciones políticas que mantenían un trabajo en el plano electoral.

Más de 30 millones de votos llevaron a Andrés Manuel López Obrador al poder, esa rebelión es la expresión de un deseo de que las cosas cambien. En muchos sentidos esos 30 millones de votos han modificado el rumbo de la República. La manera en que se ejerce el presupuesto, cerca de 6 billones de pesos, una parte importante está yendo a parar a las manos de millones de habitantes que antes no recibían nada, que no aparecían en los discursos y que la élite menospreciaba absolutamente.

Otro de los muchos rasgos del actual proceso histórico es como los medios de comunicación y los “intelectuales” están “contribuyendo” a la creación de la democracia. Los dueños de los medios, los periodistas e “intelectuales” subsistían en un espacio autoritario, las agendas informativas estaban determinadas por las instrucciones que salían de la Secretaria de Gobernación o bien de la oficina de Comunicación Social de la presidencia de la República, los límites de la libertad de expresión tocaban muro justamente ahí.

Aquellos esfuerzos excepcionales por romper con el cerco autoritario llevaron a golpes de timón, ahí está el caso de don Julio Scherer García, el gran Manuel Buendía, don Manuel Becerra Acosta, el de cientos de periodistas asesinados, medios cerrados: Canal 40, ahí el caso de Carmen Aristegui… ahí también, la de cientos de plumas que fueron silenciadas durante décadas. Este fenómeno tiene su contracara en una prensa complaciente, que participó en montajes informativos, que sistemáticamente manipulaba la realidad, bien sea al ignorarla o bien al tergiversarla.

El chayote, la corrupción y el autoritarismo gestaron en la práctica un tipo de periodismo que buscaba quedar bien con el poder. Se juntan aquí diversos fenómenos, los medios de comunicación se convirtieron en parásitos del presupuesto público, bien sea a través de la compra de publicidad oficial; o bien, a través de proyectos multimillonarios que pagaron a cientos de “periodistas” sumas exorbitantes que se traducían en los hechos en una complicidad pactada.

El auge del internet y las redes sociales puso en jaque a los medios tradicionales, sus audiencias van en caída, lo mismo que sus ganancias; son pocos los medios que pueden hoy solventar su existencia con sus audiencias y la venta de publicidad privada. La publicidad oficial se convirtió en una forma de resolver la falta de profesionalismo de los medios. Hay una gran responsabilidad de los medios masivos de comunicación, periodistas e “intelectuales” en la actual situación del país; son responsables del autoritarismo, la corrupción y la descomposición del espacio público mexicano.

En los debates emergentes en la plaza pública: racismo, machismo, violencia de género, clasismo, homofobia, xenofobia, los medios han jugado un papel triste, no hay una reflexión seria en la radio y la televisión, medios por excelencia donde el porcentaje mayoritario de la población se informa, es a través de éstos que se han creado modelos de “mexicanidad”, los estereotipos racistas emergen de los medios, en las portadas de las revistas, en la publicidad, pero también en sus contenidos cotidianos.

La minoría mayoritaria mexicana fue anulada de los medios, ocupan si un espacio marginal y son sujetos de mofa, los valores sociales respecto de lo moral, lo bueno, lo correcto, están relacionados con la tez blanca, los ojos azules y el cabello claro; en contracara, los morenos somos sujetos culpables, nuestra condena es no ser parte de ese estereotipo de lo “positivo” que crearon los medios. Las cárceles mexicanas están llenas de morenos y afrodescendientes… todos ellos pobres. La justicia mexicana no es en absoluta ciega, sino profundamente racista y clasista, los medios han contribuido ha esta forma de entendernos. 

Los periodistas por su parte fueron agentes activos del régimen político, aquellos que recibían mensualmente su sobre con fajos de billetes; por unas cuantas monedas la prensa vendió su independencia y objetividad. Es cierto, que se convirtió en un modus operandi, para que miles de periodistas pudieran sobrevivir; sin embargo, a la luz de los actuales cambios, de esos 30 millones de votos que exigen una transformación profunda de la realidad mexicana, los periodistas están ausentes del debate.

Los periodistas no han realizado un mea culpa. Parece como si el chayote y la censura nunca hubieran existido, que durante décadas pudieron realizar su tarea sin presión. Es extremadamente grave que la prensa mexicana no realice ese ejercicio deontológico, que marque los nuevos caminos, los límites de lo permisible, aquello que no puede existir. En esta época de transformación es urgente que la prensa mexicana, periodistas y comunicadores ventilen sus fantasmas, sus viejas prácticas. Es inmoral que un comunicador como Loret de Mola mantenga espacios en los medios, cuando se le ha comprobado que participó en un montaje. 

La prensa también debe condenar cuando medios masivos manipulen la realidad inventando noticias, tergiversen la realidad con primeras planas que no corresponden a las notas, ejemplos de ello, están algunas portadas de Proceso, primeras planas de El Universal o El Reforma, no se trata aquí del derecho a ser oposición; los medios pueden decantarse, tomar una posición conservadora, contraria al actual gobierno, lo inadmisible es que inventen y mientan a las audiencias.

La prensa, los comunicadores, “intelectuales” y los medios masivos de comunicación deben revisar su papel en la historia reciente del país, descubriendo su participando en la corrupción. Para que el mandato emitido hace ya dos años, por esos 30 millones de mexicano que dijeron basta, se cumpla será necesario que todos los agentes de la sociedad mexicana inicien una transformación; la prensa en uno de esos agentes; es urgente la creación de códigos de ética, tanto de medios como de periodistas. El horizonte mexicano es incierto, pero la oportunidad histórica que hoy nos dio la exigencia del cambio no debe desperdiciarse.

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