Eric Clapton y Wynton Marsalis, un hallazgo único

Por Marco César Jiménez Cruz

 

Los sonidos del alma

 

Caminando por una plaza comercial entré a una tienda de discos, la que ahora ha ido eliminando la verdadera esencia de lo que el arte de la música representa para los melómanos.

 

Caminando por sus pasillos y después de varios minutos de buscar una joya y no encontrarla, no por el hecho de no haberla, sino por el hecho de que no era de acuerdo a lo que necesitaba mi alma, decidí irme. En ese momento volteé a mi derecha y vi que había un disco de Eric Clapton y Wynton Marsalis.

 

Marsalis, desconocido para mí, ya que no me había enfocado a escuchar jazz, pero valía la pena la compra por tener a Clapton en él. No tenía muchas expectativas sobre el dicho disco que lleva de nombre Play the Blues (Live from jazz at Lincoln Center).

 

Como cualquier fanático de la música lo abrí rápidamente y lo puse en mi carro. El regreso a casa fue uno de los más placenteros. Una orquesta de jazz tocando como si fuera una explosión de sonido, con coros que acompañan a Clapton en diferentes canciones, con solos de varios instrumentos como en Ice Cream, Just Closer Walk With Thee y Corrine Corrina.

 

Era más de lo que había pagado por ese disco, con música que alegra el corazón. Una canción como “Careless Love” que a cualquiera le puede tocar fibras sensibles de un desamor que ha sufrido. Clapton hace que su guitarra suene con melancolía, que esta previa al clímax de tristeza donde Marcus Printup hace un solo de trompeta que resuena en cada célula.

 

El final es un desgarro que llega al alma, con sonidos que, si pudieran hablar, te podrían llevar al cielo y al fondo de la tierra en un solo instante.

 

Tuve que tomar un respiro y dejar pasar “Kidman Blues” para encontrarme con una sorpresa, una de las canciones mas bellas en el rock, “Layla”. Sí, aquella que le escribió Clapton a Pattie Boyd, la que fue esposa de su mejor amigo George Harrison. Fue un éxtasis escucharla con una orquesta de Jazz, parecía que escuchaba una marcha nupcial, algo hermoso que deben experimentar.

 

Una grata sorpresa que me llevé fue al escuchar “Joliet Bound”, cantada por Chris Crenshaw, músico especialista en el trombón y que Marsalis describe como el que tiene el don, tocado por la mano de Dios. Una voz delicada y que cuando se requiere cantar en la Lincoln Center no dudan en que sea él, el cantante principal.

 

Por último comienza una marcha funeraria “Just a Closer Walk With Thee”, que es tocada cuando algún jazzista muere. En este concierto invitan a Taj Mahal para que la cante. Es una interpretación que atrapa de principio a fin, con una atmósfera de trompetas que envuelve y te transporta a un momento de calma, de introspección, un momento con dios.

 

Sin embargo, hay un punto donde Ali Jackson baterista de la banda, hace un solo y la música se convierte en alegría y todos los instrumentos se conjuntan para llegar a una comunión.

 

Para finalizar el disco está “Corrine, Corrina”, donde todos los miembros de la banda hacen un solo con su instrumento para terminar juntándose al unísono y tener un final increíble. Sinceramente es un disco que me sigue impresionando y que cada ocasión que lo escucho encuentro algo nuevo que me lleva a apreciarlo mejor y con más calma.

 

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