Espiral

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz 

A mis padres  

Este es un tributo a esa canción ya conocida. Sí, la conocen. De hecho, esto lo escribo escuchándola, pero eso no importa. Cuando niño me alimentaban con leche y huevos, jamón. Ellos comían “Gansitos”, ya que no les alcanzaba para más. Procuraban darme lo mejor.  

Fui creciendo y ellos discutían. Siempre el dinero es un problema. Siempre discutían. Mi padre tenía un sueño que tenía que cumplir. Ella trabajaba en el gobierno. Tenía préstamos y aguinaldos. Mi padre era el amo de casa. A veces tenía trabajos.  

Dibujaba, hacía cómics, hacía revistas de pasatiempos, sopas de letras, crucigramas. Él encontró un trabajo más estable, en el cual él se hizo necesario. Siempre me ha dicho: “Nadie es indispensable, pero qué chinga les pones cuando te vas”. 

Mi madre también ya era necesaria en su trabajo. Yo ya tenía cinco años. Me festejaban en salones de fiestas y parques. Ya les había contado. Se mordían las uñas para sacar eso.  

Yo ya me daba cuenta. Los Reyes Magos llegaban. Ya les había contado esa magia. Había papel de oro en la alfombra. Yo veía realmente a los Reyes Magos. Pasaron los años y seguían las broncas del dinero.  

Pero llegó ese milagro…  

Mi hermana llegó y ellos pensaron que todo se había acabado. No se daban cuenta que apenas empezaba esto. 

Mi padre ya pintaba más y ya no era como una broma que todo mundo pensaba eso: “Es pintor y escultor…”. Mi madre siempre lo apoyó y confío en él. Sobra decirlo.  

Esa niña regordeta llegó y puso nuevos términos a la casa. Yo dejé de recibir “lujos”. Todo era para ella. 

Fui creciendo, tuve novias y amigos; desaparecía y no aparecía en días y mi hermana estaba ahí, llorando con mis padres. Yo fui un real hijo de puta (sin ofender a las sexoservidoras). 

Ya crecimos y mi hermana decidió, con mi cuñado, que querían tener una nena. Y así cambió la vida de todos.  

En ese entonces yo andaba en otros planetas. Nada me importaba y me sentía bien. Esa sobrina llegó y sentí que tenía que regresar.  

Llegó esta chica de los dientes con alambres que les había platicado. Aterricé de nuevo en este mundo. Me puso en mi lugar, pero sí, seguía llorando en las piernas de mi madre. Las cosas no eran normales aún. Seguí.  

Ellos siguen envejeciendo y nos daban todo a todos. Se fueron uniendo más personas, como mi suegra, que siempre nos ha apoyado y que al principio nunca le caí bien. Pues es claro, me llevé a su hija…  

Caí muchísimas veces y sigo cayendo, pero ya hay más gente que me levanta. Me fui forjando una banda a los cuales yo les hice muchos cariños y abrazos cuando se necesitan. Esos abrazos siempre tienen resultados. Ahora ya me hice de mucha gente que me da palmadas en la espalda cuando estoy a punto de tirar la toalla. 

Estoy muy deshecho. A veces quiero gritar y decir que no puedo más, pero después llegó alguien… una personita. Ese de cabellos rizados y que me tomó un dedo con su manita en su incubadora…  

Cuando en la primaria salí jugando fútbol, cargando un trofeo de fútbol, el cual yo no hice nada para ganarlo; en la secundaria, bailando, nos dieron un reconocimiento cuando yo no quería estar ahí; en la prepa, cuando toqué en el Palacio de Bellas Artes, eso no me llenaba tanto; cuando grabé mi disco de rock, y todas esas experiencias poca madre; cuando empecé a cocinar y veía la cara de mis comensales con sonrisa y asentían con la cabeza; cuando les curaba la cruda con una michelada especial a todos mis amigos; cuando… cuando todo…  

Ahora, cuando siento unos bracitos que rodean mis piernas fuertemente y me dan un beso, y volteó hacia abajo y veo unos ojitos abiertos y me dicen «Papá».  

Recuerdo todos esos problemas que pasaban mis padres. Recuerdo todas esas risas que me daban a mí y yo pensaba que estaban bien locos. Ahora sé que estaban locos por mí. Recuerdo todo.  

Recuerdo todo.  

Ahora recuerdo todo lo que viví cuando era un niño y mi único problema era ser feliz. Ahora recuerdo cuando salía a jugar con mis amigos a la calle y nos mojábamos en la lluvia. Lo veo como en cámara lenta. Yo brincando en los charcos. Yo siendo feliz. Yo era feliz. Ellos me hicieron muy feliz.  

Ojalá pudiera regresar el tiempo y volver a ser ese niño feliz. Ese niño de pantalones cortos. Ese niño que fue feliz a pesar de los problemas de ellos.  

Fue una época muy bonita. Salíamos a la calle sin cubrebocas. Ahora, esos ojos grandotes y cabello rizado se emocionan cuando tiene que salir a la calle con cubrebocas. No puede salir a saltar en los charcos ni mojarse en la lluvia con otros niños.  

Le quiero contar que antes salíamos a la calle sin miedo, sin miedo a que te vayas a enfermar, a que te vayan a matar, a que te vayan a desaparecer. Decirle que una vez aquí todo estaba bien, que todos éramos felices, aunque comiéramos “Gansitos”… Éramos felices.  

Decirle que algún día todo podría estar como antes, pero tal vez la vida no me alcance para que me crea, para que sepa que su papá tiene razón, que no soy un mentiroso, como mi padre y mi madre nunca me mintieron y era un mundo feliz. 

Y estoy cayendo por una espiral 

Y ahora si ya te mandé a clonar 

Sin ti ya no hay más  

Ya estoy cayendo por una espiral 

Y ahora sé, ya te mandé clonar 

Empiezo a pensar que ya no hay más.  

Creo que ahora sí me estoy volviendo loco.  

-Porter- 

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