“Esta historia terminó/No existe”: La Lafourcade en concierto

Por Brenda Ramírez Padilla

Dicen que las buenas historias se cuentan mejor con música.

El sábado 4 de marzo asistí al concierto de la canta autora mexicana Natalia Lafourcade. Mi hermana mayor, Mariana, adquirió los boletos un par de meses antes para celebrar nuestros cumpleaños. Yo recuerdo a Mariana escuchando fielmente a Natalia desde que tengo memoria. A sus dieciséis y a mis cortos ocho, la escuchaba cantando “Un pato” mientras se bañaba, o mientras hacía cualquier otra cosa.

Así pues, teníamos planeada nuestra ruta: Salir de casa a las 6:30 de la tarde, máximo, para tomar el Metrobús de la línea verde y bajarnos en Hidalgo y de ahí, caminar al Teatro Metropolitan. A las 6:25, empezó a llover y mi cuñado se ofreció a llevarnos. Pasaron por mí 7:30 y emprendimos camino. Como siempre que vamos juntos, además de platicar, practico mis novatos intentos de canto junto a ellos, más profesionales.

Llegamos a la Avenida Independencia a las ocho en punto de la noche, faltando treinta minutos para el concierto. Mi cuñado estacionó el coche junto al teatro Metropolitan, en el estacionamiento del recinto, que cobra cien pesos por evento. Dejamos el coche y caminamos a la entrada del teatro, pero se nos atravesó el café Emir.

Decidimos que era buena idea entrar, aunque la noche se enfriaba cada vez más. Pedimos los tres un café americano (bastante malo, por cierto) y después de fingir 20 minutos que me lo tomaba, nos despedimos de mi cuñado que emprendería una aventura solitaria al cine. Mi hermana y yo entramos al Teatro Metropolitan.

Al entrar, me deslumbró su belleza. Es un recinto relativamente pequeño, sin embargo se mantiene en un perfecto estado. Las paredes de mármol, las escaleras perfectamente pulidas con sus barandales blancos alineados y en el centro, un par de alfombras rojas. Vaya, que hasta el techo está bonito. Antes de entregar nuestros boletos, descendimos un piso para bajar al baño de señoritas.

En el piso de abajo, junto a los sanitarios, hay una especie de bar para los que no entrarían al concierto, cosa que ni Mariana ni yo sabíamos. Mesas y bancos altos, un par de pantallas y logos de Coca-Cola por todas partes. Música ambiental, una larga barra y luces tenues. En ese momento, el bar se encontraba medio vacío.

El baño, en cambio, escupía gente. Cuando por fin logramos salir del baño, ya eran las 8:35 de la noche, por lo que yo estaba segura que ya no llegaríamos a tiempo. Mariana, que tiene menos issues con la puntualidad que yo, me aseguró que llegaríamos a tiempo. Subimos al piso principal y nos indicaron en la raíz de las escaleras que nuestros asientos estaban ubicados en el primer nivel, del lado derecho. Así de la mano caminamos entre la gente que aún adquiría palomitas y dulces para el espectáculo y nos dirigimos a nuestros asientos.

Nuestros asientos estaban a la izquierda de una segunda fila del piso superior, en la orilla izquierda. El teatro ya estaba a reventar y aun así, daban acceso a muchas personas más. Junto a mí, una familia completa: mamá, tres hijas y sus acompañantes. Todas emocionadas, grabando y platicando. Junto a Mariana, un chiquitín de tres años aproximadamente junto con su papá. Definitivamente lo más encantador del concierto fue la espera de este pequeño fan, que coreaba desesperado el nombre de Natalia y le preguntaba constantemente a su papá cuánto faltaba para que iniciara el concierto.

Mariana y yo platicábamos y yo admiraba el teatro, me perdía en sueños y recuerdos. El teatro da lugar para unas tres mil personas, quizá poquitito más. Estoy segura que no había ni un asiento desocupado. Dieron por fin tercera llamada y la gente (incluyéndome) enloqueció. Un fin de semana antes había sido chaperona en el concierto de Justin Bieber y ahora, viendo a Natalia. Parecía mágico estar frente a una artista real.

Salió pues a las 8:50 Lafourcade, acompañada de un juego de luces azules y verdes. Se colocó en el centro del escenario y poco después salieron sus músicos, que deben ser aproximadamente diez. Cada uno con su instrumento y había de todo: violines, arpas, piano, percusiones, batería, chelo y guitarras.

El pequeño fan sentado junto a nosotras perdió la cabeza. Empezó gritando de emoción y se fue convirtiendo en susto. No sé si fue que apagaron la luz un momento, que le abrumó la gente o que Natalia dio inicio con “Vámonos Negrito”, una pieza tropical y misteriosa, pero empezó a llorar tan fuerte, que su papá lo tuvo que sacar cargando a la entrada. Ya no volvieron.

Natalia bailaba al centro del escenario, con una falda larga negra y una blusa blanca. De repente parecía que estaba descalza o que flotaba. Movía sus pies con ligereza y presentaba a sus músicos. Sin dejar de cantar, sonreía a su público y se mostraba libre, segura. Como en casa. Así debe ser cuando alguien disfruta lo que hace para vivir, pensé yo.

Después de un par de canciones, se tomó el tiempo para saludar a la audiencia y preguntar cómo estábamos. Todos gritamos que bien, que felices, que la amábamos. Las mil cosas que uno grita emocionado, así. Natalia agradeció nuestra presencia y habló un poco de lo que significaba este sexto álbum en su carrera. Con 31 años, cumplió recientemente 16 de estar en el medio musical, así que agradeció una vez más el apoyo incondicional que siempre recibe de sus aficionados.

El concierto fue un encuentro mágico entre lo que significaban las canciones para ella y lo que significan para cada uno que las escucha y las adjunta a algún momento de su vida, a algún recuerdo, a algún individuo.

El tercer tema fue “Lo que construimos”. Aunque le metió percusiones para que no sonara tan triste, yo lloraba mientras cantaba <<esta historia terminó, no existe…>> y me tomé un momento para ver a mi alrededor las luces de los celulares que se ondeaban acompañando a Natalia y a aquellos soñadores que cantaban con los ojos cerrados. Después, explotamos cuando cantó la que lleva el nombre del disco, “Hasta la raíz”.

Me gusta de Natalia que procura acompañar a sus músicos con algún instrumento interpretado por ella. La guitarra principalmente, el pandero, el ukulele. Después de varias canciones más del disco, se pasó al extremo derecho del escenario y se sentó en el banco del piano, del que tocaría los próximos temas. Tomó agua y, de nuevo, se tomó un momento para hablarnos de las próximas canciones. La voz se le cortaba, enmudecía de repente. Decidió al final ponerse a cantar en vez de hablar porque eso le salía más claro.

Cuatro de sus músicos también son coristas, así que las canciones nunca son exactamente igual que los discos. Natalia le añade los compases que siente, o le mete los cambios que se le ocurren.

El concierto ya corría por más de la mitad cuando se alegraron las luces y Natalia apareció con un vestuario diferente. Nos sorprendió interpretando éxitos de su carrera, desde “Amarte Duele”, hasta “En el 2000”, en la que yo inevitablemente pensaba en Gael García. En “Ella es bonita”, se hizo un largo corte instrumental en el que la cantante presentó detalladamente a cada uno de sus músicos, como a sus hermanos de gira, de arte. Nos pidió aplausos y gritos y así, cerró el tema. Nos contó más historias, todos reíamos y disfrutábamos la noche.

Cuando llegó el momento de irse, cantó “Amor de mis amores” y nos confesó que el verdadero amor de sus amores son sus fans. Salió del escenario pasadas las 10 de la noche y tuvo que regresar, porque los gritos pidiendo otra canción, no cesaban. Volvió al escenario con un video como escenografía, en el que nos adelantó contenido inédito de su séptimo y nuevo álbum en colaboración de Los Macorinos: “Musas”.

Así terminó el concierto, cantando su más reciente sencillo “Tú no sabes quererme”, mismo que –a pesar de tener poco tiempo de haberse estrenado– todos conocíamos y coreamos. Así se despidió y agradeció una, dos, diez veces más haberla acompañado. Mariana y yo bajamos, caminamos a la llenísima salida donde nos regalaban Coca-Cola sin azúcar y donde nos esperaba ya mi cuñado.

De regreso, para acompañar la plática de nuestra reciente experiencia, volvimos a escuchar el disco.

 

 

 

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