Estados Unidos encausará la reorientación del G-7

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La pasada cumbre del G-7 en Biarritz, Francia, dejó en claro que el nuevo paradigma internacional en materia de economía y visión de Estado deja una huella cada vez más progresiva de las pretensiones de abanderar condiciones nacionalistas por parte de algunos países dominantes, y diluir desde la parte discursiva pero también desde el fondo de la operatividad política y económica todo sentimiento neoliberal de corte financierista, con sus consecuentes bondades para el sano desenvolvimiento del mercado de capitales y del capital financiero.

No sobra recalcar que la inercia que el mundo occidental desarrolló los últimos años, particularmente en Estados Unidos, fue la de privilegiar el entorno con el cual el capital financiero internacional pudiera sacar la mayor ventaja, incluso de manera desleal, de sus lógicas de acumulación y reproducción del capital.

Estados Unidos en la actualidad pretende imponer (con posibilidades de triunfo bastante probables tanto por los ponderadores económicos internacionales como por la distribución de los liderazgos mundiales con China y Rusia, en función de la dinámica económica real basada en producción de bienes, distribución comercial y el volumen de la incidencia de la era digital-tecnológica) una agenda de cambio de paradigma en las discusiones sobre las causas del deterioro del medio ambiente, haciendo alusión de forma oculta e invisible a que el mundo necesita seguir produciendo, consumiendo y por ende atentando, sin decir esto último de manera explícita pero dándolo a entender de manera figurada, contra el medio, para satisfacer las necesidades y los niveles de vida del mundo.

Es importante destacar la presencia, más vital incluso, de la idea de disfrute y de bienestar material que la lógica de la modernidad estadounidense sigue incidiendo en el resto del planeta, aun cuando de discutir el rumbo ambiental se trata. En ese sentido siguen siendo muy vigentes las tesis del Profesor Bolívar Echeverría sobre la americanización de la modernidad en la plenitud actual.

Estados Unidos parte con la ventaja de que tanto su suelo propio como el de los chinos y los rusos (a propósito de la petición insistente de Trump a que Rusia se integre al G-7) significan en la actualidad los talleres más importantes del mundo desde cualquier sector estratégico, que definen mayormente el rumbo del ciclo económico internacional, mientras que el bando geopolítico relativamente contrario sólo asume una visión parcial del deber ser moral en cuanto a temas ambientales y soluciones globales.

Son oportunas e inteligentes las valoraciones geopolíticas que el Presidente Francés Emmanuel Macrón hace de la pujanza rusa y china, y la necesidad de valorar el riesgo de que Rusia ante el descrédito europeo genere una alianza de dominación y una agenda de sometimiento económico hacia Europa con China.

Esto desde luego incluye la reorientación que el G-7 tendría que dar, o de prescindir del formato original, o incorporar en el corto plazo a Rusia y el futuro inmediato a China. ¿Occidente pierde poder dominante?

¿Existen riesgos de que Estados Unidos geste un G-3 con Rusia y China, a pesar de las rivalidades geopolíticas de este orden tripolar, sobre todo desde los norteamericanos? ¿Occidente, y particularmente Francia y Alemania, tienen claras las dimensiones de su vulnerabilidad frente a Estados Unidos, Rusia y China?

¿Por qué escenarios teóricos y coyunturales tienen que dirigirse las tesis económicas contemporáneas? ¿Qué dirección adquirirán los circuitos de producción, las redes digitales, la era artificial aplicada a la lógica industrial y la dinámica del mercado? ¿Serán estos indicios de la condición cuántica con la cual el mundo, desde la valoración compleja y por ende holística, dará respuesta a sus nuevos desafíos?

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