Estados Unidos seguirá siendo sanguinario

 

Por Víctor Del Real Muñoz

 

Luego del reciente ataque al líder político y militar Qasem Soleimani en días pasados, y a pesar de la pausa que tanto Irán como la Unión Americana han dado a la fricción en esta franja de tiempo, asumiendo que en política no hay tiempos ni forma absolutas, ha quedado claro que Estados Unidos sigue empleando los métodos de traición, ataque, y de sangre más deplorable que humana, diplomática y civilmente se puedan asimilar.

 

En este espacio tampoco se pretende legitimar las formas políticas, poco entendidas para los países de occidente que habitamos el mundo, que acontecen en algunos países asiáticos como Irán o alguno más pertenecientes al medio oriente, aquellos que no tienen los valores de la democracia liberal en sus ciernes políticas, pero que destacan ante los ojos del mundo como afluentes de criterios dictatoriales y belicistas agresivos.

 

Sin embargo este espacio si puede condenar, en el plano de las exégesis en la defensa de la dignidad humana, y como criterio de libertad de expresión en un espacio de opinión la doble moral con la que operan los herramentales diplomáticos estadounidenses, más cuando por el mundo este país se asume como defensor de la libertad y de la humanidad y la sangre sigue siendo su carta geoestratégica cuando el consenso se agota y el dominio del orden internacional entra en predicamento.

 

De cara al futuro seguiremos viendo a un Estados Unidos agresivo, que actuará con la típica forma de perro acorralado, acosado por el ascenso comercial chino (dominante a escala planetaria), más la fuerza del brazo militar ruso (aquel que a diario estrena una nueva tecnología militar de dimensiones nucleares y destructivas sin precedente).

 

Y es que la disputa por el control internacional que Estados Unidos lleva a cabo con Rusia y China tiene dos frentes, por un lado el del consenso que desemboca en buenos acuerdos, que reivindica una suma de alianzas entre Jefes de Estado y grupos de acumulación de capital que tras bambalinas hacen pedido por líneas generales globales que sean concomitantes, pero por otro, en el plano de los liderazgos políticos, Estados Unidos morirá en su intento de hacer prevalecer su palabra ante el resto del planeta.

 

Más allá de las afinidades del sistema económico y sus patrones hegemónicos, está claro que detrás hay un orgullo desde Estados Unidos el cual se debe defender poniendo la vida por delante, ese que desde la época de los Romanos otorga un rol de dominante, de jefe supremo, por un asunto de vanidad estratégica.

 

Estados Unidos seguirá actuando al margen de las instituciones internacionales que rigen “entrecomillas” la paz y la armonía del mundo, en parte porque esas instituciones siguen dominándose en el plano político por autoridades estadounidenses, y por otro, porque las cartas sanguinarias, agresivas, militares, armamentísticas sirven para imponer miedo, para otorgarle ansiedad al planeta entero.

 

Un error claro que muchos economistas (viéndonos como pensadores o bien científicos sociales) es pensar que detrás de toda estrategia internacional se esconde la defensa de los sistemas de acumulación de capital, cuando el mundo, su historia, y sus criterios de dominación nos enseñan que el miedo, la presencia de sangre y los actos de destrucción esconden elementos de la animalidad y la agresividad humana más allá de las circunstancias objetivadas en materia.

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