Estados Unidos y la naturaleza de sus fricciones políticas

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

 

¿De qué forma Estados Unidos podrá garantizar la continuidad de su pelea en el rol de hegemonía única dentro de un innegable nuevo orden internacional comandado por este país, China y Rusia? ¿Se trata de una franca utopía?

Y es que, al parecer, las fricciones políticas internas dentro del aparato político norteamericano debilita mucho el equilibrio de fuerzas necesario para garantizar el correcto funcionamiento de una maquinaria influyente, dominante, bélico-sanguinaria y poderosa llamada hegemonía norteamericana y que indudablemente luce lesionada en los últimos tiempos.

El nacionalismo proteccionista de origen fundacional que representa hoy el Partido republicana (de marcada tendencia sanguinaria y bélico militar), Donald Trump y el Trumpismo tienen un origen causal: las irresponsabilidades del neoliberalismo financierista internacionalista constatadas en la delincuencial crisis del año 2008.

Los caprichos de la banca internacional hirieron a los más conservadores en Estados Unidos, y a la fecha no se explican las causas del grado de locura que Donald Trump tiene en su cabeza.

No es casualidad que en días pasados el presidente Donald Trump haya solicitado a todas las fuerzas políticas al interior de Estados Unidos el hecho de operar con un criterio de nación y no de colores partidistas.

A efectos ver el siguiente hipervínculo: Trump pidió gobernar «para la nación, no para los partidos»

¿Se percata Trump que mientras Estados Unidos vive una marcada polarización de fuerzas políticas, sociales y militares al interior, con miras a definir el rumbo electoral del 2020, a pesar de tener clara ventaja para repetir gestión presidencial en dicho año de definiciones electorales, del otro lado China y Rusia gozan de una estabilidad política interna más que sólida en sus convicciones hegemónicas?

Está claro que el miedo por la continuidad de Trump desde liderazgos importantes del Partido demócrata, más la alianza parcial y CONDICIONADA, de ciertos países del mundo, en temas como lo concerniente a Venezuela, aunado a la ventaja que Trump tiene de repetir en el 2020 son factores cruciales en la coyuntura estadounidense, sin embargo, esta fricción genera fragilidades, tensiones, desgastes y disputas incluso anímicas que debilitan el escenario internacional para Estados Unidos.

Está claro que no hay unidireccionalidad en Estados Unidos. El reino del divide y vencerás está fracturando y debilitando aún más la dominancia planetaria de este país. Se puede decir que se están metiendo autogoles políticos y de tensión paulatinamente.

¿Qué aspectos serán los escaparates anímicos de los norteamericanos?, ¿sus valores culturales? ¿Sus patrones de consumo diseminados por todo el mundo, incluyendo China y Rusia?, ¿los valores dominantes del modo de vida material occidentalizado que desde los últimos cincuenta años Estados Unidos diseminó por el mundo?

Quizás el mundo no se ha percatado que ante la crisis y fragilidad que por ahora muestran la influencia dominante de Estados Unidos es momento de prescindir de todas las ataduras, convenios, valores, estándares, modelos, efectos de propaganda, reglamentaciones, modelos sociales, culturales y académicos que Estados Unidos ha diseminado por el mundo a lo largo del cronograma histórico convencional como parte de su programa expansionista de sometimiento, dominio, control e influencia.

Hay muchos eslabones que saben o huelen a Estados Unidos que el resto del mundo, incluidos China y Rusia, tienen adheridos y que, a pesar de la crisis interna, fragilidad y polaridad política al interior de este país van a seguirse dando y garantizarán vida y por ende posibilidades de refortalecimiento del gigante estadounidense en años posteriores.

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