Estados Unidos y la nueva geopolítica en América Latina

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Está claro que el panorama geopolítico de la América Latina se ha reconfigurado este año más que nunca; la pasada cumbre de los gobiernos en América desde Perú, en la Ciudad de Lima, ratifica que las fuerzas neoliberales de orden financierista global han llegado a dominar otra vez las partes medulares del entorno regional, sobre todo en naciones como Brasil, Argentina, y la continuidad neoliberal en México, Colombia y Chile.

Ante este panorama las fuerzas económicas estadounidenses privadas y públicas aparecen como principal fuerza exógena en estos cambios medulares de las prioridades de gobierno en Latinoamérica; sin embargo, considero que el Gobierno de Trump no es la principal impulsora de estos cambios y sí aquellos sectores públicos que ejercen presión con propuestas de políticas de orden global financierista que en teoría debieran seguir estando en el proyecto económico dominante de Estados Unidos, y que son la principal fuerza opositora presente en el escenario gubernamental estadounidense.

El capital financiero internacional no pretende soltar en este corto plazo la sartén por el mando del dominio internacional, merced a que pretende seguir secuestrando los nichos de acumulación de capital y no está en su bandeja de intereses estructurales el impulso de la dinamización de los canales de fortalecimiento de la economía real ni el fortalecimiento gradual de la clase trabajadora a nivel global, y desde luego en América Latina.

Además, hay consensos internacionales entre la burguesía financierista y muchos sectores del libre mercado que provienen de China y de Rusia, y aparecen como panacea internacional del orden comercial económico del mundo.

Desde Lima se mostraron triunfadores los gobiernos libremercadistas de la derecha empresarial que impulsan las políticas de ajuste, de reformas privatizadoras, luego de muchos años de gobiernos de orden izquierda progresista burguesa nacionalista, de corte desarrollista extractivo en términos económicos.

Sin embargo, muchas de las fuerzas oligárquicas estadounidenses que persisten en los manuales financieros internacionales son las que, como se mencionaban están detrás de muchas de las conspiraciones invisibles que golpean políticamente los programas y los proyectos nacionalistas de izquierda burguesa progresista en muchas naciones de América Latina e incluso el propio gobierno actual de Donald Trump.

Voceros, intelectuales, académicos, líderes de opinión y políticos serviles a estos grupos internacionales colaboran, muchos a sueldo y prestaciones secretas y discrecionales, trabajan políticamente para efectuar estos golpes de poder.

LECTURA DEL PRIMER DEBATE PRESIDENCIAL

El debate arrojó la preocupación por el sistema económico dominante en México, mas no en el mundo, por la llegada de un candidato de orden progresista de izquierda burguesa, que representa un movimiento político y social que aún con severas contradicciones en su programa y en sus cuadros políticos locales, pareciera ser la oferta que modifique ciertas dolencias que aquejan con severa laceración el tejido social mexicano.

Distingo una cabal fragilidad (léase la falta de precedente en preparación de cuadros políticos) en muchos de los candidatos que se presentaron esta noche. Antes, en México, incluso por tradición partidaria, la derecha sofisticaba la generación de sus cuadros políticos; hoy, la debilidad partidista, la preparación de programas políticos y el encuadre institucional de la idea de país desde un partido se ausenta y se esfuma ante la decadente presentación y puesta en escena de sus candidatos al máximo cargo público en México: la Presidencia de la República.

Este discurso blando de las candidaturas ciudadanas, anti partidos, como si fuese la panacea, sin ninguna postura de conducción política y sobre todo de quien puede encausar esos proyectos “ciudadanos” como si fuese un asunto de mero optimismo y voluntad sin ahondar en la parte estructural del acontecer nacional, con medidas que hasta parecieran ser ocurrencias como “mochar la mano”, “prepas militarizadas”, “7 de 7”, acrecienta la realidad de la política mexicana cada vez más mediocre, plástica, sintética, sin fondo, de proyectos aguados y carente de programas nacionales de fondo, medianos, sin convicciones ni tampoco representaciones leales de los grupos económicos y socialmente dominantes. No creo que la derecha y los grupos poderosos puedan sentirse representados con Bronco y Margarita, con absoluto respeto.

Ya no hay personalidades en la política mexicana, parecieran integrantes del buró público al vapor, al ay se va, de manera improvisada, una absoluta y mediocre realidad. Esto, exceptuando a López Obrador (destaco su valiosa estirpe como líder opositor en México, pero tampoco lo suscribo como máxima pócima nacional), tampoco es privativo de Morena; el día que López Obrador se retire de la vida política mexicana y del partido Morena, este se queda sin cuadros, porque tampoco la garantía de la máxima izquierda burguesa nacional pueden ser personajes grotescos como Batres, Sheinbaum, René Bejarano o los Delegados actuales de la Ciudad de México, de perfil eminentemente delincuencial, corrupto, gansteril y carente de ideas y planes de política nacional de fondo.

Ver este debate ha sido un exhorto a constatar la fragilidad incluso hasta de preparación académica, política, ideológica, institucional, de bagaje, de recorrido político y social, así como de tópicos de historia de México que tienen los candidatos, los asesores, y los integrantes de la capa mayor de cada partido político. La política mexicana está en crisis, quizá siempre la ha estado, pero hoy más que nunca. Un despelote auténtico.

 

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