El eterno rescate del Maracaná de Tepito

Por Rodrigo Corona

En el corazón del barrio más bravo de la Ciudad de México se encuentra una cancha de futbol que fue planeada tras una de las tragedias más grandes en la historia de la urbe: el terremoto de 1957, denominado el del Ángel, debido a que el histórico monumento de la capital se cayó de su pedestal.

Antes, en el terreno ubicado entre las calles Toltecas, Plaza Fray Bartolomé de las Casa y Caridad, a un lado de la Iglesia de San Francisco de Asís, había casas y negocios, todos construidos con madera y con techo de aluminio.

Al principio las autoridades pensaban hacer un jardín, pero los tepiteños propusieron hacer un campo para el futbol que, al final, fue bien visto. “Entonces fue cuando se organizaron para quitar las piedras que dejó el sismo y colocaron porterías de madera”, relata Jorge.

Ahora ahí se encuentra la emblemática cancha del “Maracaná”, conocida así porque entre los años de 1976-1977 se dio un partido entre jugadores brasileños que jugaban en el futbol mexicano contra la Selección de Tepito, que a pesar de las diferencias del nivel futbolístico terminó con un empate de 2-2.

Aquel importante encuentro se dio, según Jorge Juárez, jugador de los Veteranos, y quien dice tener más de 30 años jugando en Tepito, en la época de oro del futbol en Tepito, la cual “se ha acabado”, ya que la tradición ha venido abajo porque “el futbolista de Tepito no quiere entrenar”. Y para ser profesional “se tiene que entrenar y sacrificar todo, hasta la familia”.

Durante aquella legendaria etapa salieron jugadores como Bernardo Hernández, “Manolete”, único campeón de goleo de la Primera División mexicana salido del barrio bravo; Alfonso Madrigal; el “Loco” Medina; el “Pelón” Gutiérrez; David Oteo, entre otros.

Por cierto, todos coincidieron que Cuauhtémoc Blanco no nació en Tepito y que en realidad es de Tlatilco, una unidad habitacional que se encuentra en los límites de la delegación Azcapotzalco con la delegación Cuauhtémoc. También me comentaron que el “Temo” era muy engreído y que en realidad la única que nació en el barrio es su abuela, a la cual visitaba.

Sin embargo, el actual alcalde de Cuernavaca sí jugó en el Maracaná, pero por poco tiempo. Piensan que el ex jugador del América utilizó al barrio para ganar fama.

Jorge cuenta también que antes de la remodelación del 2014, el campo no tenía un perímetro definido y que con una reata que la afición sostenía y cuatro palos, uno en cada esquina, se definía el Maracaná. Las porterías eran de palos de madera.

Gonzalo, su primo, quien dice haber banqueado en el principio de su carrera a Hugo Sánchez, recuerda que en los inicios del emblemático inmueble se daban partidos épicos con equipos de las calles del barrio.

Su amigo José Luis el “Grande” lo secunda, y dice que era una responsabilidad y orgullo, ya que jugabas para no defraudar a tu calle.

Cuenta también que la rivalidad era sólo deportiva y que, una vez terminado el partido, se abrazaban y felicitaban por la victoria, según sea el caso, y que siempre la motivación era sacar adelante al barrio. Dicen que lo que más les ha dejado el futbol son amigos.

Ahora Gonzalo platica que el futbol en Tepito está desapareciendo (desde hace tres años que no cuentan con una liga de categoría libre) y mucho de esto se debe a que los jóvenes de ahora no saben competir y que son muy revoltosos, incluso algunos de ellos van armados a jugar. Aclara que nunca ha pasado alguna tragedia en algún encuentro.

Comenta también que ahora los chavos prefieren la vida fácil, como la venta de drogas y la delincuencia, a ser deportistas. También cree que los negocios influyeron a que la gente deje de ver al futbol o al deporte como una manera de salir de la pobreza.

La teoría de Gustavo sólo es una de las tantas que hay en el barrio acerca de la decadencia del deporte más popular del mundo.

Manuel, un comerciante que fue parte de los Veteranos, piensa que al construir las nuevas gradas, para lo cual tuvieron que cerrar por dos años el deportivo, la afición por el futbol bajó, ya que los nuevos talentos prefirieron emigrar a campos de futbol aledaños.

Manuel también platica que antes las gradas se llenaban los domingos y que las familias se reunían para apoyar al familiar que competían.

El “Grande” tiene otra hipótesis del abandono del futbol. Él dice que el administrador de hace tres años era muy corrupto y que quería cobrar más de lo normal, aprovechándose de la remodelación.

Como ejemplo, dice que aproximadamente quería 250 pesos por equipo para inscribirse al torneo y que Tepito, al ser un barrio pobre, no podía costearlo.

Todos estos señores de la tercera edad tienen como principal objetivo revivir la práctica del futbol en el emblemático campo y volver a hacer la liga libre, que en el pasado logró ser semillero de futbolistas profesionales.

Lo cierto es que la atmósfera que se vive adentro del deportivo es diferente a la que está cruzando la puerta, en los comercios. Te sientes tranquilo, hipnotizado por el verde del pasto sintético, el cual es así porque nunca se pudo dar el natural.

El campo y la iglesia parecen ser de otra parte. Ambas son construcciones de calidad y que aún se conservan bellas. Te sientes tan calmado, que te olvidas que estás en uno de los lugares con más delincuencia de la CDMX.

En las más de cinco horas que estuve en Tepito sólo se dio un partido, el de los Veteranos contra unos chavos, los cuales dicen sentirse orgullosos por jugar en el mítico campo, todo esto a pesar de ser domingo, el día futbolero por naturaleza para los mexicanos.

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