El horror de lo que vi el 19 de septiembre de 2017  

Por Karenina Díaz Menchaca

He leído en varios sitios que hubo gente que tomó fotografías de nuestros edificios a punto de colapsar. Bueno, en realidad ni siquiera he tenido que leerlo, yo misma los vi. Con los días hasta me han contado de sus visitas a los edificios que han ido a fotografiar, llevan la cuenta de cuáles les faltan. Salieron como de turismo, me los imagino andando por Roma (ya quisieran que fuera Italia) con sus celulares morboseándose de nuestra angustia, de un dolor inexplicable que dejará huellas en varios de nosotros. ¡La insensibilidad de algunas personas es increíble!

Esta semana tuve que caminar por la Condesa, mi colonia vecina y justo en la calle de Amsterdam ví un letrero que decía: “No tomar fotos.Respeto a las Víctimas”, pensé inmediatamente en la buena decisión de ello y de que en mi edificio no hubo ninguna pérdida qué lamentar, pero que un letrero con esas líneas a mí en lo personal, me hubiera gustado.

Estaba en la oficina cuando tembló, el 19 de septiembre de 2017. Ya habíamos hecho el protocolo del simulacro anual. Hacía pocos minutos que estábamos hablando de los temblores y de cómo habíamos sentido el del 7 de septiembre en la madrugada.

Una compañera me agarró del brazo, me insistió en que saliéramos de esa casa de la colonia Roma, yo buscaba el triángulo de la vida a lado de un sillón, pero ella insistió y logró sacarme a la calle. A penas si podíamos bajar las escaleras y cuando lo logramos vi a los demás agarrados de un árbol. En cuanto pasó el movimiento traté de correr torpemente hacia la escuela de mi hija. Sólo pensaba en ella, presentí que esta vez algo había pasado. Sólo traía en la mano mi celular.

Llamaba a la escuela y nada. Mis piernas eran lentas, muy lentas, de hecho, lo son desde hace tiempo. Hice una parada en mi casa, porque me queda de paso. Era muy afortunada de trabajar a sólo cuatro cuadras de casa. El horror de lo que vi, de esas paredes desgajadas, el rostro de mis vecinos saliendo del edificio, sé que nunca lo olvidaré. Mi amiga Maricarmen, pálida completamente y yo como queriéndome arrancar los pocos cabellos que aún tengo.

El siguiente paso era mi hija, pero conforme avanzaba mis pisadas de enano y mi angustia de gigante me volvían la más tonta de las mujeres. Me topé con el edificio desplomado en Torreón y Viaducto. Me decía a mi misma: “Cálmate porque vas por tu hija”. Toreaba a los carros, lo semáforos no servían, tampoco las comunicaciones. Era urgente hacer llamadas, le tenía que avisar a mi esposo lo de la casa.

Cuando llegué a la escuela observé a muchos niños en crisis, desahogándose y abrazándose entre ellos, ¡Qué bella es la solidaridad mezclada con inocencia!

Vi a mi hija y mi alma regresó. La abracé alcanzando casi el temple que se necesitaba. Lo demás es puro cuento de lo que uno tiene que resolver para continuar en este mundo tan demandante. Mi familia y yo no estamos solos y hasta ese momento nos dimos cuenta de la gente que nos quiere y nos ofreció su casa. ¡Muchas gracias, benditos sean!

El agradecimiento de estar viva, de continuar a lado de mi familia y amigos es muy grande. Creo en Dios y de igual manera le doy gracias por permitirme seguir. Pero no puedo evitar el sentimiento de tristeza, desesperación, impotencia, de inseguridad, de insomnio y de abandono que hay dentro de mí. Este duelo no es propiamente por lo material. Una casa es un hogar y en aquel hogar viví toda clase de historias, mi hija creció ahí,  en Viaducto y Tonalá, llegamos a ese departamento cuando ella tenía dos meses.

Mi casa, mis rumbos, mis rutinas, el temblor las desmoronó en ipso facto. Mis libros, mis manías, mis enojos, las navidades, los pasteles cumplidos, las separaciones, las despedidas, los amigos, la familia, las reconciliaciones, la enfermedad. Mi última década comenzó y terminó ahí. Y sí, estoy profundamente triste, sólo pocos lo entienden y con esos me desahogo.

Para mí, lo más difícil de este terremoto fue explicárselo a mi hija, dos días completos me preguntaba: “¿por qué si en la mañana todo estaba bien y yo estaba en mi cama, ahora en la tarde ya no tenemos casa?”

La comparación de sufrimientos, entre los que acabamos de pasar por la misma situación, no es válida, estar vivo está bien, dependiendo de cómo vivas, estar muerto en vida tampoco es lo mejor.

De  mi parte les puedo decir que: A pesar de todo, la vida sigue y me iré recomponiendo poco a poco. Hay mucho qué hacer y eso nos activa positivamente.

Yo nunca seré la misma, ni mis vecinos, lo sé, aún incluso con los que no me llevaba bien, terminamos abrazándonos y llorando juntos. Es un duelo y como todo duelo necesito tiempo. Y confío en que todo lo que venga será maravilloso y mejor, claro, el estar viva es ya una oportunidad de hacerlo.

 

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6 comentarios en “El horror de lo que vi el 19 de septiembre de 2017  

  1. Claudia Marino

    Karenina no sabia q habías pasado x esta situación, pero tu muy bien y gracias x compartir esto q viviste. Te abrazo y sigue de pie viviendo y disfrutando de tu familia.

    1. karenina

      Hola Clau. Pues sí caray, pero hay que seguir adelante. Ahi vamos!!!! te mando un abrazote

  2. Claudia Mónica Gómez

    Karenina, te abrazo, tantas cosas que tienen sentido quedaron ahí, todas importantes y todas reales, el dolor ahora es grande, responder a tu hija esas preguntas para darle certeza y confianza, seguridad para entender poco a poco que todo está bien; y es necesario el tiempo para asimilar para acomodar y calmar el miedo, y ya empoderada seguro que vendrán muchas cosas buenas que les llenarán. Abrazo solidario

    1. Karenina

      Querida Claudia. Te agradezco tanto tus palabras. El tiempo será el mejor aliado. Te abrazo.

  3. Fausto Carodi

    Así es mina. En el ’85 salí en auto hacia la Justo Sierra con ustedes dos Karenina y Froylán mis hijos, ya que trabaja en El Sol de México y tenía que retratar, todavía nos sabía a qué o a quién, sólo tenía la idea de que algo malo, muy malo había pasado en el momento que el sismo aquel me sacudió. Mi primer contacto en ese momento fue Tlatelolco, el Nuevo Léon, no teníamos referencia de una destrucción de esa magnitud en México, sólo la de los periódicos en algún sitio del mundo como en Italia, donde acababa de producirse uno y el de Antigua Guatemala, que destruyó de hecho esa ciudad chapina, en Oaxaca uno reciente, pero no como ese tan mortífero y que me marcó, como ahora te marcó a ti mija, ya sabrás porqué te insistía tanto en que te fueras de esa zona. Recuerdo ese mismo día del 19 de septiembre de 1985 los llevé a la escuela y los recogí más tarde , pero la escuela estaba vacía, veía sus pequeños rostros desde la calle asomados a la reja esperando a su papá… estaba sobrecogido y verlos me llenó de paz y angustia, ya que los dejé a su suerte porque su mamá decía que no había pasado nada… la verdad no teníamos referencia de algo similar.

    1. Karenina

      Ayy papá síguele, ya me quedé clavada. Bueno, ya me contarás. Te quiero

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