Implicaciones del viraje sociopolítico en EU

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Recuerdo que a casi dos años de la campaña presidencial de Donald Trump por la presidencia de Estados Unidos me llamaba especial atención que muchos de los mítines del magnate norteamericano tenían como sede corredores industriales (espacios para la generación de valor agregado en cabales dinámicas industriales) con la masiva presencia y el consecuente respaldo de muchos trabajadores que ostentaban escuchar con sorpresa inclusive las palabras del que a la proximidad encabezaría ser el presidente de aquel país en el orden del número 45.

Recuerdo que muchos de esos obreros, masivamente de origen WASP (WhiteAngloSaxon and Protestant)) de sepa fundacional, presumían estar en aquellos protocolos por convicción gremial y respaldo de una propuesta de gobierno que auguraban primero que nada defendería sus garantías y su estabilidad cada vez más aminorada por la fuerte marea del neoliberalismo norteamericano y un supuesto secuestro de las convicciones sociales fundacionales de los Estados Unidos; lo hacían frente a las cámaras de muchos de los medios de comunicación locales, federales y medios estadounidenses de presencia internacional (la mayoría de estos íntimos enemigos de Donald Trump).

Pareciera que Norteamérica (contando próximamente al México de Andrés Manuel y Estados Unidos en cabal progreso desde las elecciones federales del 2016) desarrollará un cercano y terrenal acercamiento (política y socialmente aceptable) con la clase trabajadora de la región.

Está claro que las agendas socioeconómicas de ambos países apuestan por el desarrollo económico en sintonía con la recomposición del tejido social y la consecuente generación de valor agregado, la re dinamización de la economía real y la regeneración de los espacios industriales y comerciales.

Sin embargo, muchos de los simbolismos políticos y públicos de Donald Trump son curiosos, a la vista por lo menos. ¿Estaremos ante una reivindicación de un panorama fascista o neofascista internacional desde Estados Unidos? ¿Por qué las masas obreras de origen WASP de sepa fundacional en la generalidad y en su amplia mayoría, aplauden y respaldan al mandatario norteamericano, sin necesidad de palpar indicios radicales y/o revolucionarios que incite la toma obrera del poder público?

¿Por qué el lenguaje sindical máximamente vinculado al Estado resurgió de la noche a la mañana en Estados Unidos? ¿Estaremos rememorando ciertos pasajes de sintonía dulce entre Hitler y aquella Alemania obrera nazi?

Mucha gente especialmente en México olvida que independientemente de las INACEPTABLES políticas y medidas xenófobas de Trump con nuestros paisanos en Estados Unidos (con imágenes y formas NON gratas y absolutamente antihumanas desde el vector policiaco estadounidense), demasiada gente, particularmente obreros de origen WASP de sepa fundacional en Estados Unidos respaldan estas políticas porque entre otras cosas consideran coexiste un secuestro de las garantías laborales y los espacios de trabajo en aquel país que debieran ser para ellos de forma exclusiva.

Se olvidan que para infortunio de nuestros connacionales, para desgracia y tristeza absoluta, porque los mexicanos sufren ante este escenario grotesco allá y también por la falta de oportunidades acá en nuestro país, Donald Trump y sus políticas xenófobas tienen un masivo respaldo popular muy importante.

Porque además empleando recursos demagógicos eficientes pero consistentes y un elevado panorama del significado histórico de la historia socioeconómica de los Estados Unidos, Trump le habla permanentemente a los trabajadores norteamericanos, se dirige a ellos, se viste como ellos en los mítines públicos, y se pasea y da discursos en sus corredores, en sus fábricas, en sus plantas industriales.

Ante el escenario anterior no me cansaré de repetir que Estados Unidos es la prueba más contundente de la derrota global que el neoliberalismo financierista está teniendo en el orbe, y no nos sorprenda que en el mundo entero, a corto plazo, sigamos viendo escenarios xenófobos como consecuencia natural del viraje nacionalista socioeconómicamente hablando, sobre todo en los países más dominantes del orbe: Inglaterra, Francia, Italia, incluso Alemania.

En Italia no sobra decir que algunos grupos fascistas de estirpe nacionalista ya están en buena proporción en el poder legislativo, y que en Alemania el nacionalismo medio y el supranacionalismo (de cauce fascista hitleriano) constituyen ya una fuerza intermitentemente opositora al gobierno de Merkel.

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