Inequidad electoral: la honestidad no juega en la próxima contienda presidencial

Por Frida Romay Hidalgo

El pasado 9 de abril por la noche, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) emitió una sentencia que volvió a subir a la contienda presidencial a Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”.

La discusión de los magistrados fue cerrada, al final 4 de 7 avalaron la candidatura de El Bronco, argumentando que se le había violado su derecho de audiencia, lo cual es falso ya que en 12 ocasiones se presentó en el Instituto Nacional Electoral (INE) para ejercer su garantía de audiencia, ahí verificó junto con su equipo todas las firmas que entregó para que le validarán su candidatura.

El fallo  del INE fue que El Bronco no tendría que estar en la boleta, es decir, ser candidato presidencial. El consejero  Ciro Murayama, en sus redes sociales difundió una infografía donde se señalaba que al final dicho precandidato sólo valido 98.08% por lo que le faltaron 16,656 firmas de acuerdo con lo establecido por la ley.

Pero eso no es lo más grave, de las 2,034,403 firmas que el INE registró a favor de El Bronco sólo validaron 835, 511 es decir, aproximadamente 58% tenían irregularidades (duplicados, no existentes en el padrón, simulaciones, fotocopias, etc.).

Así que a pesar de que El Bronco hizo evidentemente trampa y no cumplió con el umbral de firmas, él estará en la boleta presidencial. Dicha resolución es un golpe a la democracia y todo lo que ésta representa, entendiendo por democracia al régimen político que brinda un marco normativo e institucional para la expresión, recreación, competencia y convivencia de la diversidad dentro de un Estado.

Por otro lado, la precandidata María de Jesús Patricio Martínez, conocida como Marichuy quien representaba a las mujeres indígenas, una de las minorías más olvidadas por la agenda nacional y los tomadores de decisiones, se enfrentó a retos mayúsculos, los cuales afrontó con dignidad.

El INE le valido a Marichuy 94.5% de las firmas, fue la precandidata independiente que menos irregularidades obtuvo en el registro de sus firmas; sin embargo, le faltaron casi 600 mil firmas para cumplir con el requisito legal.

De acuerdo con el politólogo José Woldenberg en todo régimen democrático debieran de existir las condiciones para que una minoría se convierta en mayoría y si esto no sucede, es porque algo está fallando. Se supone que en democracia la riqueza, la propiedad, el género, la orientación sexual, color de piel, religión, ideología no debe de traducirse en privilegios. Aunque, en México eso diste de ser cierto debido a que las desigualdades sociales establecen pisos distintos de donde partir para hacer válidos múltiples derechos, entre los que se encuentran los derechos políticos, en específico el poder ocupar un cargo de elección popular.

Como bien dice Andrés Lajous:

“El contraste entre cómo se hizo candidato El Bronco, y como no fue candidata Marichuy es una de las expresiones más claras de la desigualdad que existe en nuestro país en acceso a derechos: Altos requisitos para todos, pero sólo los más débiles están obligados a cumplirlos”.

Qué contradictorio es que la precandidata independiente más honesta no aparezca en la boleta presidencial y el más deshonesto, sí vaya a aparecer. Lo cual es claro que es producto de una profunda desigualdad histórica, y México le ha quedado mucho a deber a los pueblos indígenas ya que a pesar de reconocerlos como parte de la nación, no se les han brindado los mecanismos apropiados para poder reducir la inequidad económica y social de la que son parte.

El cúmulo de desventajas sociales a las que las y los indígenas se enfrentan día a día es el resultado de políticas públicas y proyectos nacionales de exclusión y discriminación que han limitado sus oportunidades de ser partícipes en la vida pública y política del país. Lo cual ha agravado su situación de precariedad y pobreza, la brecha de oportunidades entre quien es indígena y no lo es, es más grande de lo que pensamos.

Por lo que debemos de impulsar cambios legislativos en materia electoral que promuevan la participación de las y los indígenas en la vida democrática de nuestro país. Reconozco y admiro a Marichuy y a todo su concejo indígena que la acompaño en la precampaña, el haber sido aspirante es un hito en la democracia mexicana. Y espero, de verdad, que en próximas elecciones más representantes de los pueblos indígenas quieran participar y ya estén aquellos cambios en el marco normativo que son esenciales porque no podemos exigirles lo mismo si no tenemos un piso de igualdad para las y los mexicanos.

Twitter: @FridaRomayHgo

 

 

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