Jack Kerouac, Los subterráneos

 

Por Rivelino Rueda

 

“«Pero un día, querido Leo, esa luz no brillará para ti. Algún día no la encontrarás allí arriba, cuando quieras encontrarla, la luz estará apagada, alzarás la mirada y Heavenly Lane estará a oscuras, y Mardou se habrá ido, y eso ocurrirá cuando menos te lo esperes, cuando menos lo desees»”, anota Jack Kerouac (1922-1969), el ícono de la literatura beat, en el libro Los subterráneos.

 

Ya no hay nada que decir, que argumentar en una relación que se la llevó el carajo. Mardou Fox, una joven huérfana, mitad de indio apache norteamericano y mitad de negra del sur profundo estadounidense, busca el amor en un escritor neoyorquino llamado Leo Percepied.

 

Fluye el alcohol a todas horas, las drogas abundan. La desenfrenada e irreverente generación beat confronta y establece nuevos parámetros de convivencia.

 

San Francisco es un hervidero de ideas nuevas en la década de los cincuenta, y esos “Cristos barbados”, en harapos, viviendo al día jornada tras jornada, buscan el alivio, la inspiración y el reconocimiento en el epicentro del bop, de la literatura, de la creación artística, de los bares abiertos noche y día, de la casa de los amigos, siempre dispuestas para continuar las interminables pláticas.

 

Mardou y Leo son parte de esa tribu de hipsters originales. Él con un libro escrito a cuestas y ella la encarnación de estos tiempos; deseada por todos y admirada por su desbocada sexualidad. La atracción es inmediata, el deseo cabalga con la desesperación más despiadada y la ilusión más inverosímil…

 

El amor se cocina lento, pero también el hastío, lo cotidiano, lo mismo de siempre…El mismo frenesí, las mismas pláticas, la perenne embriaguez, la ingesta de alcohol hasta perder la razón…Siempre primero los amigos, siempre primero el bar, del Dante al Mask, y de ahí a otro, y de ahí donde se cuele el amanecer…Y Mardou sola, escribiendo una carta con profunda fe…

No te parece maravilloso saber que se acerca el invierno… y que la vida será un poco menos agitada, y que tú estarás en tu casa escribiendo y comiendo bien y pasaremos noches tan agradables el uno envuelto en el otro…

 

De pronto un sueño que deja fuera de órbita a Leo, luego de una alucinante ingesta etílica. El altivo y egoísta Percepied es lanzado al vacío. Se queda desarmado. Las imágenes son tan reales, tan profundas, tan devastadoras que lo paralizan.

 

El escritor calla, pero radicaliza sus hábitos, y el joven poeta Yuri Gligoric se mete a su cabeza, y de paso arrastra a Mardou, pero Leo no habla, no dice nada. Todo lo que le tiene que decir a su “ángel raro que se eleva de entre los subterráneos” se le queda atorado entre la garganta y la lengua.

 

Y ahí va Mardou con su impermeable rojo, con su cabello corto y sus ojos maternales, etéreos…Mardou, la muchachita del bop, sutilmente acariciada por la lluvia, indefensa hace unos años ante la niebla y el frío de San Francisco que flagelaba su cuerpo desnudo…Mardou, la que se arregla para ir al cine y se da tiempo para comprar una pañoleta mientras toma las decisiones que Leo, su compañero de caminata, nunca tomará…

Related posts