¿La autonomía será el problema de la UNAM?

Por Juan Alberto Alva Álvarez

Con profunda tristeza, admito que en los últimos días hemos sido testigos de la violencia en que en encuentra la UNAM, y lo digo así, ya que, como egresado de esa máxima casa de estudios, me inquieta y preocupa que la violencia haya llegado a su principal campus.

Hace unos días fuimos testigos de algo fuera de precedentes. Los diarios decían “Balacera en CU deja dos muertos” y, cuando uno se adentraba en la noticia, leíamos que la balacera era producto de un enfrentamiento entre narcomenudistas que peleaban por el control de Ciudad Universitaria.

Es claro que el ingerir bebidas alcohólicas e incluso drogas ha sido una constante en la Universidad, pero ahora ésta “práctica” se hace a cualquier hora y retando a las propias autoridades de la UNAM, hasta llegar a los actos violentos de hace unos días.

Al ser cuestionadas las autoridades universitarias sobre el proceder, en voz del Rector Enrique Graue, se dijo que no se podía violar la autonomía de la Universidad y, por ello, rechazaba la intervención del Estado en problemas que sucedan al interior de los campus de la UNAM y que, en todo caso, serían llevados a cabo por cuenta de su propio personal.

Ante tal situación, es importante enfatizar que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dispone que las Universidades y las demás instituciones de educación superior a las que la ley otorgue autonomía, tendrán la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí mismas.

De igual forma, realizarán sus fines de educar, investigar y difundir la cultura, respetando la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y discusión de las ideas; determinar sus planes y programas, fijando además los términos de ingreso, promoción y permanencia de su personal académico, administrando además su patrimonio.

Bajo esa óptica, la autonomía de la que goza la UNAM significa que queda a su libre albedrío el nombrar a sus autoridades, elaborar sus planes y programas dentro de los principios de libertad cátedra e investigación, así como administrar su patrimonio sin la injerencia del Estado; sin embargo, esto no debe entenderse al grado de suponer que esa institución educativa no se encuentra sujeta al régimen jurídico del país, ya que, de ser así, estaríamos ante una arbitrariedad por parte de esa Universidad.

A lo largo de la historia, la UNAM se ha visto inmersa en diversas movilizaciones sociales que ocurren a partir de 1929 en el marco de la Reforma Universitaria que se extendía por toda América Latona, con lo que se presionó al gobierno federal a que se concediera la autonomía que la Universidad gozó desde entonces, por lo que su nombre pasó a ser UNAM.

En 1968, la UNAM fue uno de los centros de protestas estudiantiles en conjunto con la Universidad Iberoamericana, el Colegio de México, el Instituto Politécnico Nacional, La Salle, entre otras, que buscaban que el gobierno no interviniera de manera represiva a través del ejército, dando paso a una verdadera democracia; además de libertad a los presos políticos, desaparición del cuerpo de granaderos y la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, referentes al delito de disolución social.

Sin embargo, y pese a las múltiples movilizaciones, el gobierno federal a cargo del presidente Gustavo Díaz Ordaz, al verse en una disyuntiva y a semanas de dar inicio los primeros Juegos Olímpicos en México, frenaron el movimiento con una clara intervención del Estado por medio del Ejército, que dio lugar a la matanza de Tlatelolco, que dejó muchos muertos y con una clara señal de que se trataba de un gobierno intolerante.

Ahora bien, han ocurrido una serie de movimientos sociales, entre los que se encuentran el ya mencionado movimiento de 1968 y las huelgas de 1987 y 1999, esta última reprimida con la intervención de la entonces Policía Federal Preventiva, ingresando a las diversas instalaciones de la UNAM para recuperarlas y entregarlas a sus autoridades.

En ese momento, la intervención del Estado fue muy criticada, e incluso se cuestionó si ante la autonomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, el gobierno federal había actuado conforme a la ley.

Ante esa situación, recuerdo que hubo otro sector que aplaudió la intervención de la Policía Federal Preventiva para la recuperación de las instalaciones de la UNAM, ante un conflicto que no tenía un ápice de solución por parte del llamado Consejo General de Huelga.

Ahora bien, es importante señalar que la situación de inseguridad y distribución de drogas en el interior de CU se ha convertido en un problema que se está saliendo de las manos de las autoridades universitarias. No son suficientes los recorridos que hace “Auxilio UNAM” en los campus, al contrario, se ha vuelto en una constante que incluso los propios universitarios ya lo ven como normal.

Como ejemplo puedo mencionar lo que los estudiantes llaman “Mega Peda”, que se lleva a cabo cada fin de semestre y en donde los alumnos, incluso saben que el último día de clases, las mismas se suspenden alrededor de las 15:00 horas, debido a que después de esa hora, la zona conocida como “Las Islas” se convierte en un lugar donde se puede beber alcohol sin ningún problema, fumar marihuana, e incluso ingerir otras drogas con la libertad que la “autonomía” de la UNAM le da.

En ese mismo ejemplo se ven los vehículos de “Auxilio UNAM”, resguardando la zona para que no suceda algún altercado, sin embargo, lo relevante de esto es la libertad con que se practican estas situaciones.

Desde un punto de vista jurídico, y en atención a la interpretación del artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a pesar de la autonomía, la UNAM debe cumplir y apegarse al Estado de Derecho, por lo que debería iniciar actividades en contra de los delitos que se cometen cada vez más en sus campus.

En el movimiento de 1999-2000 la intervención del gobierno para rescatar las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México fue un acierto para dar fin a un movimiento que mantuvo a la UNAM paralizada por más de 9 meses y que tenía a miles de estudiantes sin educación, su nivel académico decayendo cada día de huelga y una pérdida de credibilidad y prestigio de esa casa de estudios.

Quizá Ernesto Zedillo fue criticado por dicha intervención, pero también será recordado por resolver aunque sea de esa manera un conflicto que mantuvo paralizada a la principal Universidad del país.

Considero que es necesario que se replantee el tema de la autonomía de la UNAM para evitar que se caiga en la anarquía y la arbitrariedad de sus autoridades y que grupos delictivos se apoderen de sus instalaciones y, por supuesto, de su comunidad.

La Universidad Nacional Autónoma de México debe hacer todo lo indispensable para retornar la paz y seguridad a los universitarios, ya que se trata de la máxima casa de estudios y aquella que ha forjado a hombres y mujeres emblemáticos y trascendentales para este País, así que es importante recordar lo que decía José Vasconcelos: “Por mi Raza Hablara el Espíritu”. Es decir, la raza nuestra elaborara y será la edificadora de una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual.

No desviemos el camino de esa gran institución y hagamos algo por rescatarla, todos aquellos que con orgullo entonamos el “¡Goyaaaa, Goyaaaa, Cachún cachún ra ra, cachun cachun ra ra, Gooooyaaa, UNIVERSIDAD!”

Twitter @JuanAlberto3035

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