La batalla de Don José por la Biblioteca del Jardín Pushkin, en la Roma

Texto y fotos: Mónica Loya Ramírez

Hace dos años llegaron unos desconocidos a tratar de cerrar la Biblioteca para poner una cafetería. Pero los alegatos de Don José y su primo lograron contener la voracidad gentrificadora. Desde entonces, les cortaron el agua y la luz.

Las batallas por el espacio público se dan a veces sin ser vistas. En la mayoría de ellas los grandes se comen a los pequeños. Pero hay algunos casos en los que la tenacidad de los Davides vence a los Goliats.

Don José tiene 78 años. Está jubilado pero aún trabaja. Viene todos los días a la Biblioteca que está en el Jardín Pushkin a “ayudar” a su primo. Lo hace, según sus propias palabras, “porque quiere que la gente lea”.

Él, junto con su primo, que es el encargado oficial del lugar, han sido protagonistas de la defensa de la pequeña Biblioteca que ha sobrevivido terremotos, administraciones delegacionales, sexenios y, en los últimos años, un ataque directo para convertirla en una cafetería.

Hace dos años vinieron los subdelegados de AMSA, una patrulla y la ‘argentina’ de aquí de la esquina y estaba yo solo… todavía no llegaba mi primo… decían “¡Deme las llaves! ¡Deme las llaves!” Y lo les dije: “Primero dígame usted ¿Por qué les voy a dar las llaves? Es de la SEP, no les doy nada”.

Luego de ese intento –cuenta Don José– se retiraron del lugar pero han estado sufriendo acoso. “Pintarrajean todo. Nos quitaron el agua. Nos cortaron la luz”.

Y ahí sigue, como recuerdo de mejores tiempos, la minúscula Biblioteca del Jardín Pushkin, resistiendo como un barquito de papel en medio de una tormenta inmobiliaria que arrasa con las colonias y las “mejora”, y las hace más “presentables” para los nuevos vecinos.

Origen de la gentrificación

La colonia Roma se ha convertido en una zona en disputa. Existen muchos lugares donde las personas van a divertirse. Un lugar concurrido. En los noventa vivir ahí era accesible, pues por el sismo del 85 y la cantidad de estructuras demolidas tenía muy devaluado el suelo y mucha gente había salido por el miedo a otro temblor.

Especialistas opinan que con la Promulgación del Bando 2, en el año 2000, se dio un nuevo vigor al mercado del suelo, dando paso a oportunidades de inversión que aprovecharon los desarrolladores inmobiliarios.

Este bando fue emitido por Andrés Manuel López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, con la idea de revertir el crecimiento desordenado de la ciudad; la expansión urbana y el despoblamiento de las áreas centrales; preservar el suelo con valor ecológico y facilitar el acceso a la vivienda a la población pobre en las delegaciones centrales.
Originalmente era aplicable a cuatro delegaciones : Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Benito Juárez.

La idea original se fue desvirtuando por la especulación del suelo, así como por la avaricia de las inmobiliarias que empezaron a construir y vender a precios poco accesibles para las personas de bajos recursos. A partir de ese momento la Roma volvió a ponerse de moda y muchas personas, sobre todo jóvenes, quieren vivir ahí. Hoy llenan los bares y restaurantes.

Para el terremoto del 19 de septiembre de 2017, contrario al fenómeno de los ochenta, las rentas subieron y las personas que vivían en edificios que sufrieron daños trataron de permanecer en la misma zona. Las propiedades no perdieron su valor.

La biblioteca, la última trinchera

Hay personas para las que leer un libro les abre los ojos al mundo. Sin embargo, en los tiempos de la internet el embate contra los libros y la lectura es cada vez más fuerte. En este entorno una biblioteca es un barquito de papel luchando en un bravo mar.

José Rangel Bautista nació en Angangueo, Michoacán, lugar de las mariposas Monarcas. Estudió la secundaria en Zitácuaro y se vino a estudiar en la Ciudad de México. Le tocaron los tiempos revueltos de 1968.

Yo vine de mi pueblo con secundaria (En Zitácuaro). Vine aquí y me metí a la preparatoria… No tenía la Cartilla Militar y me dijo un amigo que en la Ciudadela daban la Cartilla. Y “casi sin querer” me metí a la Vocacional.

Don José tiene 78 años, pero sigue trabajando. Después de jubilarse decidió ayudar a “cuidar la Biblioteca”. No cobra nada. Por puro compromiso. Porque “prefiere que los libros circulen”. Él ha sido protagonista acérrimo de su defensa.

Al entrar en ese pequeño espacio uno puede ver pilas de cajas llenas de libros, de juegos de mesa, de enciclopedias que ha ido donando la comunidad. “La gente de la Roma nos conoce y sabe que no es negocio y nos donan los libros”, afirma orgulloso.

Explica que la mayoría de los libros que contiene la biblioteca han sido donados, porque heredó pocos de la SEP. A cada visitante le explica que el préstamo es por un mes, pero si necesitan más tiempo, les damos más. “El chiste es que empiecen a leer, porque la lectura es un hábito”.

Está orgulloso de haber crecido en una familia de lectores y quiere que los demás “disfruten de ese placer”.

Los usuarios de esta Biblioteca (que inexplicablemente no tiene nombre) vienen de muchas partes: de Azcapotzalco, de Atlacomulco. La mayoría son personas que trabajan por el rumbo aprovechan para pasar por algo que leer en sus largos trayectos a su vivienda,

Don José muestra la lista de préstamo de libros. Afirma que son las mujeres las que más acuden a ese recinto. Mire, dice con orgullo, “aquí ella, la misma, se ha llevado ya diez libros en lo que va del año”.

Es un lugar donde el polvo no da tregua “nosotros limpiábamos, se trapeaba todos los días. pero ahora sin agua resulta casi imposible mantener limpio el lugar…A veces nos dejan llenar unas cubetas y le damos su pasadita”.

“No me pagan, yo lo que quiero es que la gente lea. Le ayudo a mi primo. Ya me jubilé y de quedarme en mi casa a venir aquí a ayudar, pues aquí estoy. Soy pensionado. Vivo en la Ciudadela. Nací en una familia de lectores, es la ventaja. El trabajo que hago me da mucho gusto porque quiero que la gente lea”.

Camina a un rincón de la Biblioteca y muestra sus libros de relectura. Son más de diez: “Los hermanos Karamázov”, de Dostoyevski; “Ulises Criollo”, de José Vasconcelos; “La Sombra del Caudillo”, de Martín Luis Guzmán; un libro de poemas de Juan de Dios Peza, y La Iliada, “porque es importante leer a los clásicos”, entre otros.

“Esto, así como lo ves de chiquito -mira a su alrededor-, es la clave para el pueblo de México. Nos hace falta leer para entender”.

Refunfuña con la mirada triste. “En la SEP no les ha interesado. Hemos mandado reportes, pero nada. Esperemos que con la nueva administración nos vaya mejor…sabemos que es imposible que Claudia Sheinbaum lo resuelva todo rápido…Yo me conformo con que este país no se hunda. No van a arreglar en seis años todo lo que hicieron”.

Empieza a oscurecer y nos apura para irnos, porque tiene que cerrar.

“Antes me quedaba hasta las ocho, pero ahora sin luz hay que cerrar el changarro”.

Esa pequeña linterna que cumple una función vital para la ciudad y sus habitantes. Se cierra hasta mañana temprano, cuando Don José Rangel Bautista llegue con sus pasos lentos y firmes a abrir otro día más.

Sonriendo dice: “Yo estuve en el Movimiento del 68. Mis sobrinas nietas me preguntan ‘¿por qué no le pasó nada?’ Porque corrí…Se carcajea…Ahora no me meto porque ya no corro”.

Pero ahí está. Metido en esa batalla, sin correr pero defendiendo el fuerte.

Porque como decía José de San Martín: “La biblioteca destinada a la educación universal es más poderosa que nuestros ejércitos”.

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