La bruja que habita el Pirul del Metro El Rosario

Texto y foto: J. Tonatiuh Pérez Cisneros

Cae la noche en talleres El Rosario. La soledad y el silencio se apoderan de los garajes. Las luces parpadeantes de las lámparas de alógeno te pueden jugar una broma con el juego de sombras que provocan.

Los policías son los únicos habitantes por la noche, encerrados en su caseta. La luz de las pantallas de sus teléfonos celulares ilumina su aterrado rostro. Tres de la mañana. Los ruidos se vuelven más intensos a lo largo de los talleres. Podrían ser grafiteros o los entes que habitan las instalaciones.

Exvigilantes del Metro nos relatan que durante sus rondines en los talleres varias veces escucharon ruidos sobre el techo de lámina, de los garajes. Subieron a investigar y nada. Creían ver una luz que se alejaba del techo, creían.

Varias noches así, con la misma rutina, ruidos y subir a investigar, hasta que por fin vieron la luz o bola de fuego que se alejaba al Pirul que nunca pudieron talar.

Ahí se posaba para desaparecer. Según los conocedores, dicen que lo que vieron los vigilantes era una bruja en busca de algún infante que comer y que no desaparecía en el Pirul, que lo utilizaba para esconderse o descansar, para posteriormente volver a salir en busca de su alimento.

Hasta el momento, talleres El Rosario es la zona que guarda más casos sobrenaturales del Sistema de Transporte Colectivo-Metro

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