La civilización del espectáculo

Marco Jiménez

 

¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento y, donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal.

 

Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y, a veces, embrutecedoras.

 

Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo.

 

Con base a lo expuesto anteriormente por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, tiene puntos a favor y en los que estoy de acuerdo cuando dice que la cultura ha pasado de grandes exponentes de las artes en general, y actualmente hay una decadencia del arte.

 

Sin embargo, debemos tomar en cuenta que hay actividades que tienen más impacto que otras, como él mismo lo comenta con el futbol o un concierto de rock. Estas actividades son motivantes para la creación de comunicación, creación de cultura (conciertos de rock) e impacto en la sociedad.

 

En nuestros días se tiene un impacto mayor, por ejemplo, en el futbol, porque es un deporte que es popular, sencillo de entender y que levanta pasiones en la sociedad. No es necesario pertenecer a una clase social para poderlo practicar u observar.

 

No diría lo mismo para el Polo, que es un deporte europeo y que hasta cierto punto es elitista, ya que no veremos a un cualquier chico de barrio practicando Polo y manteniendo un caballo que es parte de este deporte. Ahí se puede decir que sí hay actividades que son elitistas.

 

Recuerdo una entrevista que le hicieron a Luciano Pavarotti donde decían que estaba popularizando la ópera. A lo que él contestó, y lo escribiré con mis palabras: “La ópera debe ser popular, la deben conocer todos”. Con este antecedente no estoy de acuerdo en que la cultura tal vez, como la ve Vargas Llosa, deba de mantener cierto estatus, sin embargo creo que todavía lo tiene.

 

No cualquiera escucha, por ejemplo, música clásica, ópera o jazz, o pueden ir a Francia a ver una Mona Lisa o ver un Picasso. También hay cultura que está hecha para ser popular y, en este mismo ejemplo de la música, está el rock, pop y actualmente el reggaetón, que nos puede gustar o no, pero se ha convertido en parte de la cultura popular, parte de la historia del país y a veces parte de la historia mundial, y eso no deja de ser cultura.

 

Estoy de acuerdo en el punto donde dice que parte de la cultura se ha banalizado. Por ejemplo, hace unos días vi un artículo del arte de Yoko Ono, donde expuso una manzana. Esto desde mi punto de vista ya no es arte, es algo banal, es falta de creación de arte.

 

El arte es algo que debería impactar, debería hacernos reflexionar e incluso que nos lleve a una emoción. Exhibir una manzana no creo que la mayoría de las personas que sepan o no de artes les pueda transmitir algo, lo que sea. En ese punto estoy de acuerdo que el arte ha perdido impacto, pero debemos entender también el trasfondo, por ejemplo, de los países latinoamericanos, donde tal vez no se valora tanto el arte.

 

Lo comento porque somos culturas donde existen artistas, pero no tenemos esa sensibilidad para apreciar sus obras, ya sea en pintura, literatura, cine, escultura, danza. Esto es porque en nuestros países no se destina inversión digna a a cultura, al contrario, en Mexico cada año se disminuye más el presupuesto a este rubro.

 

Realmente no estamos interesados en ese tipo de arte, pero se está enfocando más la cultura en la simpleza, en lo rápido, en lo concreto. Y no es que esté mal, simplemente así se vive en estos días con las tecnologías, donde todo, hasta los libros, se vuelven digitales. Creo que esa parte de lo digital le incomoda un poco al señor Vargas Llosa y se queda con un dejo de nostalgia sobre lo físico, a lo cual está acostumbrado, porque estuvo en otros tiempos y las cosas se hacían con más tranquilidad.

 

Por ejemplo, podemos ver en Europa que el arte es una fuente de ingresos importante para los países. Francia, que tiene a la Mona Lisa, es uno de sus mayores ingresos del país y motivo por el cual muchos turistas deciden ir a ese país sólo para ver una pintura.

 

Italia es otro país que el turismo está enfocado al arte, donde hay pinturas, esculturas, música, etc. Asia, por tener culturas tan ricas y milenarias, como la japonesa y la china, también es un continente que explota su cultura.

 

En América Latina se deja muy de lado el arte, aunque también es rico en arte con todas las culturas que se desarrollaron en esta área, mayas, aztecas, incas, etc. La diferencia es que como latinoamericanos no estamos orgullosos de tanta cultura y queremos enfocarnos a una cultura estadounidense que, básicamente, no tiene cultura. Tal vez es el país en América más pobre culturalmente hablando, sin embargo, han creado un impacto en el mundo, a lo que Vargas Llosa llamaría subcultura.

 

En conclusión, la cultura ha perdido imaginación y exponentes. No creo que sea por falta de talento o creatividad, simplemente la sociedad tiene un ritmo de vida muy acelerado donde detenerte es tomado como perdida de tiempo, donde las tecnologías nos han ayudado y perjudicado en no esforzarnos en hacer una pausa y pensar, sobre todo en sentir y analizar.

 

Las redes sociales han creado personas sin criterios propios, donde lo concreto, sea cierto o no, es validado y creído sin siquiera vacilar en analizarla, donde la lectura es casi un pecado.

 

En cierto punto la idea de la civilización del espectáculo tiene validez, pero no en un cien por ciento. Los tiempos cambian y la humanidad evoluciona. El problema es ¿cuántos idiotas pasan por cultos y cuántos cultos por idiotas?

 

A veces es mejor que haya más incultos para que sean manejados. El culto puede debatir y pensar. El inculto sólo gritar y ser frenéticamente defensor de lo que cree.

 

La cultura también incomoda a gobiernos y sociedades. Recordemos la quema de libros del Tercer Reich, la destrucción de ciudades como Siria, la quema del Museo Nacional de Brasil o el Castillo de Shuri en Japón.

 

Con esto no digo que sean algunos provocados, como los últimos dos, pero los libros de Tercer Reich y la destrucción de Siria fueron hechas con el propósito de que su población perdiera sus raíces, su identidad y no quede memoria de dónde vienen.

 

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