La cuestión del tiempo cuando cumplimos años

Por Karenina Díaz  Menchaca

 

Siempre se dice: ‘el tiempo se va muy rápido’.

El otro día me comentaron que desde el tsunami en Japón está “científicamente” probado que el tiempo corre más a prisa. Me gustó pensar que podría ser posible, que un torbellino o un sismo, o un evento de la naturaleza es el culpable.

Sin embargo, la vida corre, sea con prisa o no, sea con traumas, con misterios, con penas o con gloria, el reloj marca las horas, aunque vayamos a enloquecer. El tiempo es un tema en el que nos gusta filosofar y medio entender a Einstein. ¿Por qué la obsesión en el tiempo? ¿Por qué la velocidad en que viaja la luz es una idea inalcanzable?

En un abrir y cerrar de ojos, somos desde la niña que le dice a la abuela que nos enseñe el ropero para ser la mismísima abuela haciéndose de la vista gorda con fotos censuradas y recuerdos “bloqueados” en la memoria. Pues sí, la vida es un rapaz rayo que vierte dudas, felicidad, desdichas, alegrías y nuevamente nos aleja del confort para una y otra vez recordarnos que somos nada, apenas una roca en el camino.

Por algo dicen, la montaña rusa es como la vida, primero cantamos: ‘Hello darkness, my old friend, I’ve come to talk again’ y luego nos vamos con ‘No vale nada la vida, la vida no vale nada’, para luego ‘los caminos de la vida, no son como imaginaba’, pero muchas veces podemos rematar con algo como: “gracias a la vida, que me ha dado tanto”.

Cumplir años y decir los años que cumplimos no sólo implica valor y no morir en el intento. Es aceptar como regios que la edad que tenemos a veces nos será favorable y otras no tanto. Algunas veces tendremos la suerte de no aparentar los años que cargamos y otras, mejor ni hablar.

El recién manipulado hasta la saciedad término de resiliencia tiene su razón de ser en la medida en que somos capaces de sobrepasar los altibajos. Me imagino muchas veces como aquel surfista que va sorteando las olas más imponentes, las que no lo matan, las que lo retan en cada desafío que se impone así mismo. Somos como el surfista, aunque haya olas que apenas nos lleguen a la rodilla y ya estamos chillando, o haya otras en las que nos aplastó un edificio y tan campantes andamos. Cada cual a su manera y a sus capacidades va eliminando…o cargando como el pípila las culpas, que muchas veces ni nuestras son.

Dicen que hay gente que nace con más suerte en este mundo que otra; a otros hasta les escupe el cielo mismo. No sé de qué dependa, del planeta que nos rige o de un extraño karma, del signo zodiacal, o del hada madrina, a quien por cierto siempre tengo extraviada.

Stephen Hawking escribió en su libro Breve historia del tiempo: “Si el viaje en el tiempo es posible, ¿dónde están los turistas del futuro?” Pues ya ven, no podemos viajar en el tiempo, pero el tiempo es implacable de todas formas. Nos queda agarrar fuerzas, dar gracias y seguir cumpliendo años celebrando a la vida misma. ¡Que así sea para todos!

Related posts