La depresión afecta a más de 120 millones de personas en el mundo occidental

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La depresión afecta a más de 120 millones de personas en el mundo occidental

Por Redacción Reversos

Los cambios en el ambiente psicosocial que se viven en la actualidad exponen al individuo y a los grupos a una tensión constante por situaciones de desarraigo, desintegración familiar o aislamiento, lo que afecta la salud mental y en general se traduce en depresión, un trastorno que acarrea grandes sufrimientos al paciente y ha llegado a rebasar incluso a las instituciones psiquiátricas.

Los vertiginosos cambios en el siglo pasado y el acelerado ritmo de vida alteran los impulsos instintivos gregario y maternal, básicos de la propia conservación, expuso la maestra Dunia Pintado Izundegui, presidenta de Voz Pro Salud Mental, A.C. en la conferencia Depresión mayor.

La licenciada en psicoterapia Gestalt y terapia cognitiva conductual demandó que el tratamiento para este padecimiento debe estar al alcance de médicos generales y especialistas en otras ramas de la medicina, además de la psiquiatría.

“Ayudarían un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado para evitar al paciente y a su familia muchos años de sufrimiento e inestabilidad emocional, social y económica”, sostuvo en el ciclo Del diagnóstico a la atención Psicosocial, celebrado en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Los cuadros depresivos han crecido desde la posguerra y se registran muchos más casos en las grandes ciudades y en países industrializados. Este mal afecta a más de 121 millones de personas en el mundo occidental y se sufre en todos los rangos de edad.

En la infancia y preadolescencia puede presentarse fatiga, rebeldía, llanto, somnolencia, lentitud en el pensar y el actuar, pérdida de memoria, resistencia pasiva al estudio, rendimiento escolar deficiente, distracciones y actitud taciturna o molesta, quejas hipocondriacas o falta de contacto con otros niños, entre otros síntomas de depresión.

La adolescencia y adultez temprana son el grupo más vulnerable, ya que estos trastornos obstaculizan el desarrollo integral de la persona al inicio de una de las etapas más productivas y decisivas de la vida. La Organización Mundial de la Salud ha manifestado la urgencia de crear conciencia sobre este fenómeno en los jóvenes.

La mitad de los trastornos psiquiátricos comienza antes de los 14 años, aunque la mayoría no los detecta ni son tratados tempranamente, porque son confundidos con algunas conductas propias de la adolescencia.

Algunas señales son cambios bruscos en el estado de ánimo, tristeza o apatía constante, enojo o irritabilidad excesivos, hipersensibilidad a la crítica, conductas impulsivas o temerarias, abuso de alcohol u otras sustancias, promiscuidad o perturbaciones alimentarios.

En la edad avanzada también es recurrente la depresión, pues el adulto mayor debe hacer un gran esfuerzo para adaptarse a las modificaciones físicas que padece, entre ellas problemas sensoriales, debilidad, retardo y fatiga, y a los cambios intelectuales, incluidos la falta de concentración y de atención.

Los padecimientos afectivos suelen ser numerosos, tal es el caso de la jubilación, el alejamiento y la independencia de los hijos, el fallecimiento de contemporáneos o del cónyuge, que se combinan para engendrar un sentimiento de abandono y soledad que se traduce en aislamiento, por lo que son necesarios programas asistenciales que brinden atención ambulatoria o intramuros en condiciones especiales.

Entre los diferentes cuadros clínicos destacan episodios depresivos, trastorno afectivo temporal y depresiones recurrentes, crónicas, posparto, bipolar, geriátrica y reactiva, cuyas señales son irritabilidad, falta de energía, aislamiento social, culpa, trastorno de apetito, problemas de sueño, falta de concentración, abuso de alcohol y drogas, impotencia o pensamientos de muerte.

Los medicamentos más utilizados son los tricíclicos y los antidepresivos de segunda generación, que son los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina y norepinefrina que tienen una mayor eficacia y seguridad en comparación con la mayoría de fármacos más antiguos.

Luego del inicio del tratamiento, por lo general hay un lapso de tres a cuatro semanas antes de que una respuesta terapéutica medible se haga evidente.

La maestra Eugenia Vilar Peyrí, docente del Departamento de Educación y Comunicación, explicó que la Licenciatura en Psicología de la Unidad Xochimilco tiene una mirada distinta de lo que define como conflicto psíquico y que Voz Pro Salud Mental llama trastorno mental, pero reconoció que es muy útil conocer otros puntos de vista que promueven la reflexión sobre lo que se enseña y se propone en ese programa de estudios.

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