La doble moral de las alas dominantes estadounidenses

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Hablar de la doble moral en el gobierno y los circuitos de poder económico de Estados Unidos es hacer patente un discurso mentiroso que se ha desenvuelto y diseminado de manera permanente, tradicional y hasta cierto punto normal desde la memoria histórica del resto del mundo.

Escuchar la rimbombancia de las palabras como democracia, libertad, igualdad, republicanismo, en un país que ejerce medidas de coerción y expansión militar como cartas de presentación político-diplomáticas ante los apetitosos anhelos del dominio de las zonas energéticas, extractivas y acuíferas del mundo ponen en tela de juicio estos planteamientos.

Hablar de las lamentaciones públicas de las personalidades norteamericanas por un mundo de violencia con matices sanguinarios desde un país que fue gestado como Estado por capas poblacionales de origen eminentemente bélico y sanguinario, que además utilizaron el expansionismo de guerra y sangriento como panacea legítima del espíritu dominante estadounidense para el mundo citando el famoso “América para los americanos”, es una irónica y chusca circunstancia.

Confiar en el patrullaje norteamericano por el mundo con un sinfín de bases militares dispersas por el planeta, con sistemas públicos y secretos de inteligencia, el control político de la OTAN, la influencia predominante en y dentro de la política exterior europea y de igual manera en el desliz de la fidelidad política de muchas naciones del tercer mundo, incluido México, en pos de la seguridad global y del orden mundial es un arma de doble filo, más aún cuando le concedes espacios de tu intimidad política a un país que penetra lo más virginal de tu tejido social con la sofisticación de inteligencia y policiaca más avanzada del mundo.

Escuchar del gobierno norteamericano tristeza y dolor, convicción y firmeza, y además una supuesta voluntad política para combatir el terrorismo, el narcotráfico y los actos de barbarie del mundo, cuando el mercado de armas más progresivo del mundo es el estadounidense, el mercado de consumo de drogas más grande es el norteamericano y los ejemplos de aplicación técnica de herramentales bélicos, violentos y de destreza y lenguaje sanguinarios provienen de los Estados Unidos, es como un exhorto a la decepción y la confusión.

La anterior condición es como una suerte de tiro la piedra y escondo la mano, porque tirar la piedra me garantiza el mercado desde cualquier foco y esconder la mano me garantiza legitimidad pública e internacional.

Hablar de un país de libertades civiles y sociales cuando todo acto de emancipación y protesta es degradado y ridiculizado públicamente y además reprimido con fuerza policiaca y hasta militar de primer orden al interior de su territorio es un ejemplo pertinente de la mentira discursiva en términos sociales que reivindican los estadounidenses.

Hoy, a plenitud del siglo XXI, Estados Unidos presenta actos bárbaros de racismo y exclusión. ¿Hablamos de un país que predica la modernidad como eje de su discurso social?, no lo creo.

Hablar de igualdad y predilección “humana y humanista” en el seno de la ciudadanía estadounidense cuando el lenguaje corporativo ante el reconocimiento y el escrutinio público se impone, cuando el discurso individualista está latente y las figuraciones que sacrifican toda lógica colectiva son públicamente inconcebibles, hacen más claro el panorama de la mentira que significa e implica la supuesta “humanidad humana” de las fuerzas oligárquicas y gubernamentales norteamericanas.

¿Qué prototipo de Estados Unidos nos quieren vender los estadounidenses?, ¿aquel de la suculenta y vital forma y estilo de vida americana?, ok!, pero, ¿cuál es el precio?, ¿geopolíticamente qué implica la sanidad de la vida de consumo (hoy disminuida por la crisis cíclica del capitalismo internacional) en Estados Unidos?, ¿en qué descansa el precedente del dominio norteamericano del mundo?, ¿por qué las resistencias internacionales al status quo global chocan de frente primeramente con la bandera de Estados Unidos?, ¿por qué en todo el mundo hay un doble posicionamiento de cada gobierno que asume el control político de cada país respectivamente?, aquel vinculado “amistosamente” a Estados Unidos y el públicamente enemistado con los norteamericanos.

¿De verdad hay una pérdida hegemónica en el mundo por parte de los Estados Unidos?, ¿los estadounidenses se asumen perdedores?, ¿aquellos países que unen sus filas comerciales y políticas al frente de Rusia y China, como supuestos representantes del orden global alternativo, pueden sentirse seguros de que el acoso norteamericano no le afecte?, tampoco lo creo.

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