La Gloria eres tú

 

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz

Foto: Mónica Loya

 

Bendito Dios
Porque al tenerte yo en vida
No necesito ir al cielo tisú
Si alma mía
La gloria eres tú…

Existen muchos hombres que han sufrido a causa de alguna fémina. En mi caso no he tenido ese problema con las mujeres, pero sí con sus padres y hermanos.

Para no decir su nombre, le voy a poner “Gloria”. A sus papis les voy a llamar “los pinches viejos”, y a sus cuatro hermanos mayores les voy a llamar “los pendejos”.

En la preparatoria, Gloria era mi novia y la veía diario en la escuela y los fines de semana también. Entonces me trasladaba de la colonia Narvarte hasta Villa Coapa, algunas veces en bicicleta, pero llegaba empapado en sudor. Eso no era bueno, y como era estudiante, pero sobre todo pobre, pues andaba en transporte público y llegaba a casa de Gloria todo bañadito y peinadito.

También en ese entonces usaba aretes. Era un rebelde con aretes y el cabello un poco largo. Me lo tuve que cortar y cuando llegaba a casa de Gloria me quitaba mis aretes y me vestía un poco más decente porque entraba y los pinches viejos me observaban de abajo a arriba.

Sentía cómo el láser de su escáner ocular iba recorriendo mi cuerpo, con una ceja levantada llegaban a mi mirada y yo la bajaba. Sentía que estaban entrando en mis pensamientos y no quería que supieran las intenciones que tenía hacia su hija, que eran buenas, por su puesto, pero se podría prestar a malas interpretaciones.

Entonces ya teníamos planeado que iríamos a comer a mi casa o no sé, a cualquier lugar. Por el hecho de estar ya ahí parado frente a los escáners, era porque previamente ya estaba dado el permiso por parte de los pinches viejos, pero tenía que pasar por todo ese ritual cada vez que iba por ella a su casa.

–Pero no lleguen tarde. Acuérdate que no tienes coche y andan en transporte público.

¡Eso me decía la pinche vieja!, y los pendejos nada más se reían.

Afortunadamente yo tenía buena memoria en ese entonces y sí recordaba que no tenía carro y que andaba en transporte público. Le decía que no se preocupara y la iba a dejar a las diez de la noche. La dejaba en la puerta y huía. Sólo escuchaba que desde lejos me gritaban:

–¿¡A qué hora quedamos cabrón!? ¡Es la última vez!

No era la última vez, ya que le gustaban los rituales a los pinches viejos.

En un cumpleaños de Gloria, más que a huevo y por ser el noviecito de la hija menor, me invitaron a comer a Chili´s. Estábamos todos sentados comiendo. Yo no aguantaba la pinche corbata. Nunca me han gustado esas cosas.

Sudaba y no sabía qué hacer con mis manos. Los pinches viejos no dejaban de mirarme y los pendejos se reían. Ese día mi papá me dio dinero para comprar unas flores y tener algo extra e impresionar a mi novia, ya que era su cumpleaños.

De las pinches flores fue un dineral y sólo me sobraron como 250 pesos. Así como que impresionar a alguien con 250 pesos pues no creo que sea muy posible, pero ni modo.

Las flores estaban más o menos, porque además a Gloria le encantaban los girasoles. Entonces ahí estábamos todos en silencio, masticando e intercambiando miradas. Los pendejos sólo se reían para variar.

Después de un buen rato muy incómodo, ya todos comidos, el pinche viejo pidió la cuenta, pagó y salimos del lugar. Afuera de ese Chili´s hay un puesto, de esos grandes sobre la calle, de tambos amarillos de helados y nieves deliciosas de muchos sabores.

Hice mis cuentas mentales y me sobraban como diez pesos para regresarme y sonreí. Con esto me voy a ganar a los pinches viejos, a los pendejos y a Gloria. Bueno, a ella ya la tenía ganada.

Entonces puse mi cara esa que pongo cuando voy a hacer algo sorprendente, esa cara que es como cuando Indiana Jones salió huyendo en una avioneta, levantó su sombrero y su media sonrisa, ya saben cuál, entonces puse mi media sonrisa y me les adelante unos pasos. Me paré frente a todos y les dije:

–¿Gustan un helado?- señalando con el pulgar hacia el puesto de helados.

Mi mano dentro de la bolsa del pantalón no era para tener una pose de galán de cine, era porque con mis dedos contaba las monedas que traía de cambio para cerciorarme que sí me alcanzara para mi transporte de regreso. El pinche viejo me volvió a escanear y me miró a los ojos, como cuando un hombre ve a otro hombre. Esa mirada de hombres cómplices de algo. Sonrió un poco y me dijo:

–Nos los hubieras ofrecido de allá adentro, ¿cómo estos de aquí en la banqueta?

Y siguieron su camino. Yo me quedé parado, viendo hacia el infinito y pensando: “Allá adentro están bien caros y sólo me alcanzaría para uno o dos. ¿Por qué no de camino me encontré una cartera o por qué no unos ladrones asaltaron un banco y se les hubiera caído una bolsa de dinero frente a mí?”

Gloria me tomó de la mano y me dijo que ya nos fuéramos, que no pasaba nada.

-No les hagas caso, Así son. Ya los conoces.

Yo estaba rojo. Tenía mucho coraje. Los alcanzamos y les di las gracias a los pinches viejos por la comida como todo caballero que soy. Les eché una mirada retadora a los pendejos, los mandé a chingar a su madre mentalmente y asentí con la cabeza.

Le di un beso en la frente a Gloria y le di un abrazo. Le volví a decir que cumpliera muchos años más, crucé la Avenida Canal de Miramontes y me subí a un microbús.

Colgando de la puerta los volteé a ver y puse mi media sonrisa, como Indiana Jones. Ellos estaban como pasmados. No sabían qué pasaba. Los pendejos nada más se reían.

A los pocos días troné con Gloria. Ya no podía seguir soportando malos tratos. Ella se puso un poco mal que hasta la pinche vieja habló conmigo por teléfono pidiéndome disculpas de todo lo malo que me habían hecho pasar, pero que Gloria necesitaba verme, que no comía y que estaba muy deprimida.

Me negué rotundamente. Le dije que ella tenía una vida por delante, que era muy bonita y que se le pasaría pronto. Además había mejores partidos con auto y no sé qué tanta estupidez le dije, pero lo estaba disfrutando mucho. Después de un rato me dijo que qué bueno que ya no era su novio, que era un pobre diablo y que los pendejos me iban a encontrar y me iban a partir la madre.

Nunca me encontraron y por lo tanto nunca me rompieron la madre. Gloria creo que se casó y es feliz con sus tres hijos. Los pinches viejos también son muy felices porque su yerno es un empresario que tiene muchas propiedades y puede comprar helados en Chili´s.

Y los pendejos… ellos me imagino que siguen riendo.

 

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