La hegemonía implacable del imperio estadounidense

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Ilustración: Ricardo Camacho

Independientemente de los aspectos económicos y bélicos con los cuales Estados Unidos domina el mundo, y considerando versiones serias de algunas interpretaciones periodísticas y académicas que asumen un orden multipolar actual, en el cual la Unión Americana ha perdido hegemonía y ahora comparte cotas de poder internacional con China y Rusia, Estados Unidos hace patente muchos aspectos que reafirman su identidad y sello cultural, social y de valores dominantes, que muchas naciones, obligadas o no, asumen en su modo de vida.

Estados Unidos ha desarrollado un modelo de vida a lo largo del devenir histórico de su pujanza económica, hoy deteriorada por la crisis global del modo de producción capitalista, en la cual prevalecen entre otras cosas las pretensiones materiales al por mayor de cada ciudadano, la mayor acumulación dineraria posible, el disfrute y el ocio con actividades de criterio lúdico artificial, el consumo al por mayor de autos, máquinas, aparatos electrónicos, digitales, novedades materiales, consumo desproporcionado de alcohol, drogas, sexo y otro tipo de vicios generales, así como un sistema de nutrición desmedido. Según cifras de la CEPAL, una porción de alimentos que consume cada estadounidense representa 3.46 veces, a cifras del 2016, lo que consume un latinoamericano común todos los días.

La vida americana pareciera ser un sistema que no difiere del resto del mundo; sin embargo, el rasgo distintivo del modo de vida al que fueron educados los estadounidenses, es que la sobriedad es un valor casi inexistente en su cotidianidad.

Además, Estados Unidos hace extensiva su hegemonía no bélica ni económica con muchos aspectos culturales, como su música tradicional, entre ellas el blues, el jazz, el hip hop, el rap o el rock; el simbolismo masivo y espectacular de sus recitales deportivos con los deportes de casa: el beisbol, el futbol americano y el basquetbol, su industria de espectáculos, sus industrias de la información y la televisión, su cinematografía (la más importante del mundo), sus personalidades en todos los ámbitos de la vida social dignos del reconocimiento internacional, y otro tipo de aspectos relevantes.

Los estadounidenses saben cómo penetrar el criterio del resto del mundo en su manera de vestir, ya sea con marcas a usar o el tipo de prendas casuales, formales, etc., que deben vestirse para cada ocasión. El mercado de la belleza estadounidense promueve el prototipo perfecto de la mujer o el hombre “galán y físicamente excitante”, “estéticamente presentable” y “políticamente correcto y decente”.

Las marcas comerciales de Estados Unidos de todos los esquemas posibles de consumo de la vida humana, están presentes en todo el mundo. Desde marcas de comida como McDonalds, Burguer King, Coca Cola, Pepsi, hasta marcas deportivas como Under Armour o Nike, pasando por Chevrolet o Chrysler, en marcas de autos.

Muchos países, incluso aquellos ajenos o disidentes del orden establecido por los norteamericanos, permiten el acceso a este tipo de marcas, que terminan siendo sellos de identidad estadounidenses en el mundo.

Puedo percibir que mi párrafo inicial, donde las pretensiones temáticas de este texto eran poner en la mesa aquellos aspectos que reivindican la hegemonía no bélica ni económica de Estados Unidos, ahora se contradice. ¿Por qué?, porque esta penetración y esta hegemonía entran desde el impulso del mercado. Al final, el mercado es el gran dinamizador de la hegemonía cultural y del triunfo de los valores norteamericanos en el resto del mundo.

Pensar que el poderío económico, bélico, comercial, cultural y la hegemonía de Estados Unidos está agónico es un punto de vista que no comparto, porque sigo observando rastros, huellas, signos, vestigios de cultura, valores, de dinámicas de consumo en sintonía con las normas norteamericanas.

Pretender aislar el poder hegemónico del imperio norteamericano, implica romper con todos los aspectos de orden estadounidense que se expresan en la cotidianidad del ciudadano extranjero (no nacido o no habitante en Estados Unidos).

En mayor o menor medida, todo el mundo tiene en casa, en la calle, en el gobierno, en la escuela, en el lenguaje, en los aspectos materiales, etc., algo distintivo que reivindica algún valor material, cultural, educativo, consumista o social proveniente desde Estados Unidos.

Está es una hegemonía indirecta que, si se desea, puede llamarse pacífica, que acompaña a la bélica e intervencionista, sangrienta y económicamente dominante.

Este es el complemento perfecto para la dinámica funcional del imperio norteamericano en la actualidad. ¿Está debilitado Estados Unidos socioeconómicamente? Es posible. ¿Ha perdido hegemonía en el mundo? Lo dudo, creo que no.

 

 

 

Filmoteca Va ….. El desconocido (2015, España) estelarizada por los actores Luis Tosar y Javier Gutiérrez. Un filme que trata de encuadrar el contexto de la crisis económica financiera que España vivió a raíz de la crisis económica mundial del 2008, en un escenario particular en la cual un ingeniero desempleado queda en banca rota gracias a la hipoteca que le despojó de sus bienes y su casa ante las políticas de desregulación financiera neoliberales aplicadas en España, y   que luego entonces bajo el efecto del rencor trata de vengarse de la manera más cruel de la familia y del ejecutivo del banco que dio la orden de su hipoteca cumpliendo su rol como empleado de la institución bancaria. Un filme que logra encuadrar un aspecto de orden social y económico con algunos elementos de tipo psicológicos sobre cómo ante la adversidad y la miseria el hombre es capaz de actuar sin escrúpulos y con absoluto descontrol sin importarle nada sobre las consecuencias incluso mortales que proceder de ciertas maneras pueda tener.

 

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