La maquinaria perfecta del PRI

Por Noel García Pedraza *

Foto: Edgar López (Archivo)

Un partido creado por el general Plutarco Elías Calles y reajustado por el general Lázaro Cárdenas del Río y Miguel Ávila Camacho, hoy conocido como Partido Revolucionario Institucional (PRI), pareciera estar perfectamente diseñado para no perder.

Un partido que en un inicio aglutinó a todas las organizaciones civiles y gubernamentales por grandes hombres con un fin en común “hacer patria”.

Hoy sólo quedan vestigios de lo que fue una gran sociedad. Sumergida en la corrupción la violencia inseguridad y desamor a su país, pues los herederos de esta maquinaria que algún día alcanzo un milagro la han utilizado para el beneficio propio, no han valorado lo que tienen.“Pues que van saber de patria los que no han muerto por ella”

La maquinaria perfecta del PRI, o la dictadura perfecta, como la llamó el escritor peruano Mario Vargas Llosa hace algún tiempo, cuenta con una estructura en la cual se pueden hacer cálculos matemáticos y estadísticos en el cual ya tiene los votos contados una estructura, la cual año con año la actualiza. Se trata de una estructura que sigue abarcando todos los sectores de la sociedad.

Una estructura que cuenta con líderes en cada sección desde hace décadas que velan y oran por el partido algunos desde hace décadas, quienes reciben beneficios por sus oraciones, y en donde vecinos amigos y familiares apoyan.

Una marino me comentaba la semana pasada. “¿Por quién hay que votar?” “¿Quién es el bueno?” Le di mi opinión y él contesto: “Pues yo tengo miedo de AMLO, pues dijo que iba a bajar sueldos a los soldado y marinos, de por sí no me alcanza”.

Una señora me comentó que va a votar por el PRI porque tiene que salvar a sus hijos, quienes trabajan en gobierno. Teme que si gana AMLO pueden perder su trabajo. Campesinos y madres de familia que apoyan al PRI porque no quieren perder los programas a los que están inscritos.

Otros apoyan a ese partido en busca de beneficios propios, pues hay trabajadores de gobierno, militares, obreros, campesinos y empresarios que se resisten al cambio por no perder lo mucho o poco que han logrado. Tienen miedo de un candidato que sólo quiere acabar con los monopolios y rescatar poco de lo que aún queda de la revolución.

Hoy en día, comentaba un colega, “el PRI tiene un único defecto: el nombre y sacar a uno que otro corruptillo”. Para que ya no se siga fracturando y dividiendo en más partidos, que al final son uno mismo. Todos surgen el mismo árbol.

Hoy sólo basta hacer números para saber que puede ganar la elección con José Antonio Meade. Los militantes del PRI, trabajadores de gobierno, militares, sindicatos, asociaciones de campesinos, los beneficiaros del populismo de Estado (programas sociales) y demás afiliados a ese partido, que suman casi la mitad del electorado, al cual hay que restarle el voto dividido y el voto nulo.

Tras el penoso cierre del gobierno federal, en el cual se quedaron trabajos sin concluir, en las cuales los mexicanos gastamos millones de pesos, en espera de un nuevo presidente y nuevos legisladores que quieran continuar con la labor y no se refugien el fuero detrás de curul como plurinominales o en alguna otra secretaria de estado, para no ser castigados por sus pecados.

Un penoso gobierno sumergido en escándalos de corrupción, lo cual me ha llevado a una conclusión:

 

“Hoy el Estado junto con el PRI se han convertido en una gran máquina de lavar dinero, si como el gobierno de Estados Unidos es el mayor traficante, productor y vendedor der armas, el gobierno mexicano ha comenzado a lavar dinero. No creo que una persona, en calidad de gobernador o secretario, sea capaz de ser tan avaro y ambicioso, de robar cientos de miles de millones pesos, como diríamos los mexicanos ¿realmente se tragarán todo ese dinero? Tal vez el nuevo negocio del gobierno sea lavar dinero. En la cual a todos les toca su rebanadita de pastel”.

Nuevamente la maquinaria del PRI ya está caminado, ya está encendida y todos están involucrados. Todos forman parte de ella y cada quien ya sabe lo que tiene que hacer para no perder los frutos que ella produce.

Una maquinaria que en su máxima expresión puede hacer perder al favorito y hacerlo ver como un fraude.

Una maquinaria que puede hacer ganar a Meade y hacer declinar a un Ricardo Anaya con el chantaje de no ser juzgado por lavado de dinero.

Una maquinaria que puede “despertar al tigre”, pero también lo puede domar, pero una maquinaria que se le ha olvidado como amar a su país.

* Economista

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