La masacre de las Vegas. Paddock y el mercado de las armas

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

 

No asumiré ninguna postura acerca de los motivos personales que impulsaron al norteamericano Stephen Paddock a cometer un acto de barbarie, desde el piso 32 del hotel Mandalay Bay de las Vegas, Nevada, contra miles de asistentes al festival de músicacountry que se llevaba a cabo a escasos metros de esa lujosa posada con casino.

        

Paddock, cometió asesinato y lesiones graves con armas de grueso calibre (algunas de uso militar) contra cientos de personas, derivando así en lo que es el peor caso de aniquilamiento en la historia contemporánea de Estados Unidos.

 

El motivo de reservarme algún juicio sobre la acción individual de Paddock es que no cuento con recursos técnicos ni científicos, en materia de psicología ni psiquiatría, que me permitan construir una hipótesis sobre el motivo profundo del estadounidense, que hizo detonar su ataque salvaje.

 

Prefiero remontarme un poco al origen del pueblo norteamericano y vincularlo hacia esta masacre desde un análisis socio histórico.

 

Si se revisa alguna ficha de la historia de Estados Unidos y estudia el tipo de personas que llegaron a ocupar las 13 colonias, podría vislumbrarse la mezcolanza de mucha gente, de ciertas características especiales, de origen vikingo, nórdico, británico, alemán, francés, escandinavo, etc. que llegó y desembarcó en las costas que hoy son suelo norteamericano.

 

Ellos traían en su sangre un instinto de adaptación, pero sobre todo de vínculo permanente con el ataque y una cercanía constante con el derramamiento de sangre. En su mira estaba la ocupación, el despojo, el hurto en cualquier expresión, haciéndose presente la ambición material y la naturaleza intrínseca de la ley del valor.

 

A partir de esta consideración inicial, se podría entender por qué, a pesar del homicidio múltiple cometido por Paddock, se trata de un hecho relativamente cercano y hasta cierto punto natural, socialmente hablando, dentro de los valores culturales del pueblo norteamericano.

La historia fundacional de Estados Unidos, como pueblo independiente y aunado a la gestación de su Estado, comenzó con muchas ideas filosóficas, políticas y económicas como centro neurálgico de su gran proyecto de nación. El ideal de los principios políticos y “democráticos” de los estadounidenses, estuvo direccionado a la expansión y la ocupación, además del despojo de otras partes del mundo. No olvidemos a propósito lo que dice la Doctrina Monroe: “América para los americanos”.

 

Esta podría ser, a grandes rasgos, una sinopsis de la historia nacional e internacional de los norteamericanos.

 

Bajo el marco anterior, es posible valorar que el proyecto expansionista de Estados Unidos, mantenido hasta la fecha a pesar de la pérdida de poder internacional (a juicio de muchos expertos en geopolítica), está sustentado en una base social preparada para la guerra, con instinto combativo y sanguinario.

 

Estados Unidos tiene en su ADN social un profundo vínculo con el uso de armamento pesado, con el tacto en calibres y armas de uso militar; en ese país la cultura del arma puede ser vista como valor social, pero también como un mercado de los más importantes. Muchos expertos en temas económicos definen a la economía norteamericana como una “Economía de guerra”.

 

Es interesante recordar que el mercado de las armas en Estados Unidos ha dado origen a varias guerras en muchas partes del mundo; además, es un mercado que se capitaliza eficazmente, con amplios réditos millonarios para los lobbies dedicados a la fabricación, comercialización y distribución (legal e ilegal) de armas de cualquier tamaño, calibre, uso, tamaño y demás características.

 

Pero un factor importante, o decisivo, es que muchos de los lobbies armamentistas estadounidenses están detrás de las políticas económicas y sociales del gobierno de Donald Trump, como anteriormente influyeron en las de Obama, de Bush hijo y padre, de Clinton, de Nixon, de Carter, de Ford, de Johnson, nunca sabremos si totalmente con Kennedy, de Einsenhower, de Truman, de Roosevelt, hasta llegar a George Washington, pasando por Polk y Monroe.

 

¿Por qué?, porque el mercado de las armas ha potenciado históricamente al PIB norteamericano. Esta es una de las causas que explican por qué el discurso por la paz, la democracia, la libertad y el antirretorismo, promovido por los grupos dominantes y los distintos gobiernos estadounidenses, no son compatibles con los hechos concretos. El mercado, la ley del valor y el expansionismo bélico con motivos puramente económicos y políticos, están por encima de cualquier idealismo humano.

 

La política vista como el arte del engaño, citando a  Maquiavelo, sirve para legitimar el doble discurso que confunde los hechos concretos y la realidad, con la farsa del discurso en pro de la armonía humana.

 

El capital no opera con medias tintas; su búsqueda incesante y obsesiva de reproducción no mide consecuencias antihumanas, tampoco catástrofes. Trabaja de manera fría con miras a la obtención de ganancias a toda costa. Y en ese sentido, el mercado armamentístico norteamericano no es ni será la excepción.

 

Finalmente, en torno a la masacre de Las Vegas se pueden encontrar reflexiones psicológicas múltiples, vinculadas unas con otras, y desde diversas perspectivas socioeconómicas e históricas, que enriquecerían el análisis de la personalidad de Paddock, quien cometió este agravio inusitado y múltiple contra cientos de sus compatriotas.

 

Paddok se presenta el día de hoy como el modelo de ciudadano-combatiente aceptado en los archivos más profundos de la imaginería colectiva. Es un soldado-civil que hoy es, así como mañana otros podrían ser.

 

Pronto podrían marchar para el combate, consumidos por el veneno de sus patologías psicológicas, causadas por la economía de guerra.

 

Filmoteca Va […] Cara cortada (Scarface), con la actuación estelar de Al Pacino y la dirección de Brian de Palma. Una película que narra la vida de Tony Montana, un personaje de nacionalidad cubana con un pasado delincuencial y carcelario en la isla de Cuba, que emigra a Estados Unidos, en el marco de un acuerdo que existió entre el gobierno de Castro y el gobierno norteamericano de permitir la salida de aquellas personas que no quisieran estar bajo el régimen castrista hacia Estados Unidos. Tony Montana en ese sentido se asume como un exiliado político en Estados Unidos víctima de la supuesta dictadura del gobierno de Fidel Castro en Cuba.

 

Bajo ese contexto muchos personajes cubanos de mala reputación se instalaron en Estados Unidos de acuerdo a ese tratado de migración, para luego involucrarse en los negocios y las redes criminales y delincuenciales más profundas de las distintas mafias de origen latino y estadounidenses en colusión con funcionarios y estructuras del Estado norteamericano, sobretodo la policía. Miami, Florida fue y sigue siendo una ciudad que anida muchos de estos aspectos.

 

La crítica contundente que esta película intenta desarrollar es el hecho de llegar en calidad de migrante al país de las oportunidades y las libertades, para poder dotarte de la capacidad de iniciar desde abajo, crecer poco a poco y acelerar con poder absoluto un monstruo corporativo de la droga y los negocios ilícitos, en el contexto de las redes criminales ya existentes, y terminar concluyendo si la vida de un delincuente con todos los lujos materiales a su favor es la verdadera esencia del espíritu humano como Tony Montana lo cuestiona en una parte de la película, en una de las mejores escenas de la misma, en un restaurante de lujo.

 

Al final de cuentas el vacío existencial y espiritual de un tipo que solo supo hacer dinero “sucio” desemboca en una perdición y desmoralización hacia el final de su carrera criminal hasta que le llega el momento de su asesinato.

 

Esta película además intenta bosquejar como ciertas estructuras delincuenciales y de narcotraficantes que operan en Estados Unidos dinamizan el aparato social norteamericano en todos sentidos, y a su vez como Estados Unidos es un terreno libre para el desarrollo de negocios criminales independientemente del discurso riguroso de la justicia y la fuerza policiaca que los gobernantes norteamericanos presumen hasta la saciedad.

 

Al final de cuentas la criminalidad y el negocio ilícito es generador de valor, y el capitalismo no mide la moralidad del origen del capital que le da oxígeno para dinamizarse. El capital en sí conlleva a la dinamización de un proceso de acumulación y reproducción del mismo, sin ver ni analizar el sustento legal de dicho procedimiento.

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