La música, una de las grandes pasiones de Carlos Montemayor

Por Redacción Reversos 

Las facetas del escritor Carlos Montemayor como cantante, poeta, promotor cultural y estudioso de la música y de las tradiciones indígenas de México quedaron plasmadas en el homenaje organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Academia Mexicana de la Lengua (AML), con motivo del 11° aniversario de su fallecimiento. 

En un conversatorio moderado por el doctor Óscar Lozano Carrillo, rector de la Unidad Azcapotzalco, los académicos Fernando Nava López, Jorge Ruiz Dueñas y Rodrigo Martínez Baracs abordaron los intereses y aficiones del primer director de Difusión Cultural de la UAM y fundador de la revista Casa del Tiempo. 

El doctor Nava López, académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, recordó que la música siempre estuvo presente a lo largo de la vida de Montemayor, lo que lo condujo a traducir varias óperas; escribir el libreto de Encuentro en el ocaso, y plasmar su voz de tenor en diversas piezas. 

“Dentro de su producción en este campo valga referir su traducción de Carmina Burana del latín al español y la grabación de un amplio repertorio con el acompañamiento al piano de José Antonio Bravo, materializada en cuatro discos: Canciones de María GreverCanciones napolitanas e italianas; Concierto mexicano y Zarzuela y Cantos de España, además de que llegó a cantar en foros de la Fundación Rockefeller, en Estados Unidos, y participó en conciertos con la Orquesta Sinfónica de Cuba”. 

A los numerosos temas de su interés agregó las lenguas indígenas, sobre las que indagó en el denominado arte de las composiciones, expresado en plegarias y otras formas de la tradición oral, así como la literatura en dichos idiomas, a la que dedicó ensayos e importantes antologías en prosa, poesía y teatro. 

“También realizó trabajos sobre nahuatlismos en el español mexicano; en las investigaciones sobre la tradición oral en lenguas indígenas destacan sus propuestas de clasificación temática y formal, así como un método de análisis para hacer más fácil el acercamiento a dicha materia”. 

La experiencia del homenajeado como traductor de las llamadas lenguas clásicas, así como sus lecturas de obras asiático-europeas de la antigüedad y sobre las técnicas de memorización y transmisión de boca en boca de cuentos, leyendas, canciones y otros géneros emparentados a ellos, lo llevaron a subrayar ciertas características de la versificación, por lo que el ritmo y la melodía figuran sobre todo entre los tópicos que propone atender para una mejor comprensión del arte del habla, frase que acuñó para referirse a tal producción versificada tradicional, explicó el antropólogo. 

Enfocado en la obra poética del escritor –la cual comenzó a editarse en 1997, con Las armas del viento, y culminó en 2007, con la aparición de Los poemas de Tsin Pau– Ruiz Dueñas, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, señaló que el trabajo en torno a dialectos, ensayos, traducciones y aun la música ha sido resaltado en la obra de un hombre que se consideraba fundamentalmente poeta, pero a quien es posible identificar como impulsor pertinaz de las actuales apreciaciones, al recrear el espíritu de una era en revuelta perpetua entre oprimidos y opresores con el poder simbólico de las palabras. 

El ex secretario general de la UAM insistió en que el discurso literario de Montemayor impone la latencia de un poeta formado en el clasicismo de los sentimientos amargos y nostálgicos, estimulado por su propia biografía intelectual. 

“Si la obra poética de Montemayor es menos extensa que sus relatos, novelas, crónicas o ensayos, paradójicamente en ella se contiene la esencia de su pensamiento y me atrevo a afirmar que es la síntesis de su andadura”, dijo, mencionando Abril y otros poemas (1979), Finisterra (1982), Abril y otras estaciones (1989) y Apuntes del exilio

El doctor Martínez Baracs recalcó que la influencia de Montemayor en el estudio del náhuatl y su presencia en el español mexicano se materializaron en el Diccionario del náhuatl en el español de México. 

El presidente de la Sociedad Mexicana de Historiografía Lingüística indicó que esa lengua indígena se cuenta entre las de mayor número de hablantes y está presente en muchas de las expresiones del español mexicano, como en las toponimias, nombres de plantas y animales o los términos vinculados a las faenas agrícolas, lo que la representa como una expresión viva. 

El Diccionario –sostuvo el miembro electo de número de la Academia Mexicana de la Lengua– está compuesta por cinco secciones: nahuatlismos, en la que “se encuentran palabras que nos son muy familiares, incluidas chocolate, mezcal o tlapalería; herbolaria, que requirió visitas a mercados y médicos tradicionales para conocer si las plantas siguen en uso; toponimias; apéndices, y nahuatlismos polémicos, en la que se revisan vocablos a los que muchas veces les atribuyen un origen no náhuatl, como papa o cochino. 

Previo al encuentro, el escritor Gonzalo Celorio, actual director de la Academia Mexicana de la Lengua, destacó la relevancia del homenaje al narrador, fallecido el 28 de febrero de 2010. 

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