La pandemia y el cuerpo

Por Rodrigo Bengochea 

Las múltiples y simultáneas crisis que nos ha traído la pandemia han desplazado de sus lugares o coordenadas históricas a líderes mundiales, grupos, corporaciones.  

Los discursos, las narrativas, las opiniones, han tenido una oportunidad para resituar cosas y, sin duda, hay quienes han reaccionado con gran habilidad pues, como se dice coloquialmente, “cayeron parados”. 

Sin embargo, cuando hablamos de la manera en que todas estas crisis detonadas por la pandemia han hecho historia en las instituciones que son nuestro cuerpo o nuestra familia, la vista en primera persona ha retrasado la capacidad que tenemos para contar con un diagnóstico claro del tipo y el nivel de afecciones que hemos padecido. 

Siempre hemos sido el cuerpo que en abstracto alimenta una estadística, ni duda cabe; sin embargo, hoy la estadística necesita lecturas más profundas.  

Me explico. Por ejemplo, ser hoy día parte de las estadísticas de desempleo es desolador, debido a que no se percibe la posibilidad de una recuperación en el corto plazo que permita optimismo al respecto, sin embargo, esa desmotivación viene acompañada por una explicación externa evidente que cambia nuestra percepción de la desventura.  

A diferencia de la experiencia común del desempleo, ahora hay una explicación externa a la que nadie tiene duda en usar como explicación: la pandemia. 

Quienes han enfermado, han tenido algún familiar enfermo de Covid19 o las familias donde desafortunadamente ha habido decesos, se enfrentan a la pérdida de un ser querido, sin embargo, se enfrentan también a una explicación que, aunque sea angustiante, algo explica: la pandemia.  

Pero hay otro costado de este asunto: los rituales de duelo se han visto trastocados completamente. La imposibilidad de estar junto a nuestros enfermos en su convalecencia, en un velorio, modifica sin duda nuestro apego y nuestra relación personal con la muerte. Y eso tiene una explicación: la pandemia. 

La pandemia, con o sin virus, se ha metido en nuestras vidas y en nuestro cuerpo. Este fenómeno de salud pública ha terminado por convertirse en múltiples fenómenos diversos que hoy nos habitan y afectan la historia de esa institución que son nuestros cuerpos, donde dejará marcas personales y sociales imborrables. 

Los defensores de la opinión pública hoy podrían permitirse recordar que estar frente a la media de las opiniones no es estar frente a las opiniones.  

La experiencia de la pandemia, su afectación en cada uno de nosotros, la manera en que nos ha redefinido personalmente, pero sobre todo los efectos profundos todavía desconocidos que nos traerá en lo colectivo y en lo individual, también deben tener un lugar en la conversación y en lo que pase con el mundo, es a lo que llamamos “ser humanos”. 

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