La peligrosa retórica electoral estadounidense

Por Víctor Del Real Muñoz

Si bien las medidas arancelarias que Donald Trump ha puesto en escena en forma de  amenazas son sólo ladridos de perro nervioso, para aplicar a partir del 10 de junio a todo producto importado desde México, responde a una inercia absolutamente electoral, de manera retórica y por momentos grosera.

La arenga del republicano tiene el propósito de agitar a las masas nacionalistas de Estados Unidos que estarán con el actual presidente para el año 2020, donde la causa no está en la vorágine comercial, porque Estados Unidos de por sí luce adolorido frente a China, pero puede mantener su estabilidad comercial relativamente sana al menos en América del Norte; es en todo caso la aplicación contundente del Trumpismo puro vía el  America First nacionalista en torno a las presiones migratorias lo que lleva a ofrecer esta salida poco amistosa a México.

Sin embargo, no sería prudente atender esta pequeña enemistad con Estados Unidos de manera displicente.

México debe aprender a valorar sus escenarios de forma geopolítica, entendiendo el itinerario internacional, y desde luego la lógica de funcionamiento del aparato intimidante de los Estados Unidos.

Cuando desde un humilde espacio se pide por valorar y darle especial trascendencia a nuestros lazos con Estados Unidos, no se habla en sentido de subordinación, ni pérdida de soberanía, se habla en el reducto de comprender que 86% de nuestras exportaciones van a ese país, y que para bien o para mal, dependemos en gran medida de la sanidad con que se desenvuelva el Tratado de Libre Comercio, próximamente T-MEC.

Para Estados Unidos salirse de alianzas comerciales con México e incluso abandonar el Tratado de libre comercio significaría una afectación, sí, pero no fuerte ni desastrosa. Estados Unidos puede apalear el efecto de un abandono de los lazos comerciales regionales vía el endeudamiento formal o el comercio fuera de las líneas del libre mercado en esta zona del mundo. Los caminos alternativos del imperio estadounidense están claros en caso incluso de un aislamiento internacional, para eso sirve la hegemonía.

Para México, en cambio, y sin afán de locura desbordada ni de alarmismo sin fundamento, se tiene un margen de operaciones estrecho. Dependemos, porque así dispuso el itinerario neoliberal irresponsable desde la década de los noventa, en gran medida de lo que suceda del lado estadounidense.

No basta con que el Presidente se muestre valiente, digno y NO cobarde frente al imperio; hay que generar agendas de discusión de esta coyuntura comercial con Estados Unidos desde las cámaras, las universidades y la industria de la comunicación nacional.

Debemos trazar caminos apegados al desarrollo económico, el fortalecimiento del mercado interno y la diversificación de nuestros convenios comerciales con el mundo, diversificando incluso aquellos para nosotros prioritarios, es decir los que tienen que ver con Estados Unidos.

Debemos reorientar los lazos con el socio estadounidense. No podemos seguir tan frágiles, tan inoperantes. Ellos son nuestros amigos prioritarios, y deben seguir teniendo preferencia, pero adoptando fuerza y espíritu combativo desde nuestro lado, soberanamente, con regulación del Estado y sobre todo aspirando a prevalecer el valor agregado y garantizar la estabilidad del nivel de vida y bienestar para nuestro país.

Deben acabarse esos vicios estructurales dañinos para nuestra economía: entreguismo, privatizaciones, desregulaciones supremas, migración forzada, penetración anti soberana, pérdida de sentido nacional.

Hoy, Estados Unidos, indirectamente, nos exhorta a replantear el camino que como proyecto nacional debemos reorientar y reestructurar. El desarrollo económico y la marea popular deben tener la prioridad. El mundo, y en especial América del Norte ya no tienen espacio para las políticas neoliberales, financieristas, ni desreguladoras.

Entendamos que el mundo está cambiando de paradigma, y esa transformación comenzó a mostrarse de manera evidente desde Estados Unidos. No basta con administrar las necedades de las migajas neoliberales que quedaron del pasado, debe venir un cambio profundo, un auténtico cambio de patrón. El discurso de la sanidad macroeconómica es obsoleto hoy en día.

Si a esa transformación le sumamos claridad geopolítica y visión internacional, México aspirará a mejorar su dignidad mundial y a defenderse por cuenta propia ante las adversidades de fuera.

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