La pelota sabe ser solidaria

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

 

Contadas son las veces en que un servidor creerá en una supuesta honestidad y sentimientos colectivos de cualquier integrante de la elite empresarial-patronal, y menos cuando nombres como los de Emilio Azcárraga, Carlos Slim, Jorge Vergara, Ricardo Salinas Pliego, etc. están de por medio, en torno a empresas como Televisa, Tv Azteca, Grupo Omnilife, etc.

 

No creo en el fervor colectivo de estos personajes ni sus empresas, solamente comprendo y observo su posicionamiento firme de capitalización permanente de las carteras monetarias que dichos corporativos manejan, una obviedad en el sistema de dinamización económica dentro del capitalismo.

 

Sin embargo, si el sentimiento de solidaridad es supuestamente honesto, mi reconocimiento pudiera ser cabal, ante la debacle social y material causada por el terremoto de este martes y la consecuente suspensión de la liga para este fin de semana, así como la ronda inicial deplayoffs del torneo de Copa que tendría cause en esta semana, donde sobresalían dos de los tres clásicos más importantes del balompié nacional: el América vs. Cruz Azul y el Guadalajara vs. Atlas.

 

También, en un extremo sentido, cabe pensar que tanto para las casas de apuesta como para los dueños del balón, el negocio no es seguro en momentos de incertidumbre y duda, por los riesgos materiales y el miedo de la gente de asistir al estadio, y las réplicas que pudieran ser venideras en el contexto de las regiones afectadas. Mal hubieran hecho las autoridades en permitir espectáculos de cualquier índole y género en estos días. Estamos ante un riesgo existente aún, y seguiremos sin duda alguna.

 

No está de más asumir que si trazamos un círculo, con centro en la zona del epicentro del terremoto de este pasado martes 19 de septiembre de 2017, con un diámetro de 150 kilómetros, encontramos la sede de 5 equipos de primera división: América, Cruz Azul, Universidad Nacional, Puebla y Lobos BUAP, más uno de división de ascenso: Zacatepec. Si sumamos 50 kilómetros más, encontraremos al Pachuca, el Toluca y los Potros de la UAEM.

 

Dejando de lado el contexto anterior, de los trabajadores del futbol es de quien si debo resaltar el sentimiento de compromiso, de ayuda, de solidaridad, de fraternidad, de camaradería, de preocupación, de alarma, de conciencia SOCIAL, por increíble que parezca en la humanidad de un deportista (seres aparentemente privilegiados por jugar profesionalmente a la pelota, y cobrar nóminas millonarias en muchas ocasiones).

 

Conmueve ver las imágenes de Paco Jemez afuera del Estadio Azul cargando discretamente, lejano de la convicción de posar para la foto y ocultándose detrás de unos anteojos negros, cajas de víveres y agua, en un camión de ayuda.

 

Se reconoce la propuesta de Gerardo Flores y algunos jugadores de Cruz Azul de cargar en sus lujosas camionetas víveres, ropa y dinero para zarpar a Morelos, Estado natal de “Gerry” en pro de la ayuda que necesitan el que hasta ahora es el lugar más devastado del país, Jojutla.

 

Motiva ver que los aficionados regiomontanos, así como integrantes de las plantillas de Tigres y Rayados, paralelo a otros de los personajes de Monterrey vinculados al deporte, olvidan esa supuesta rivalidad y odio hacia los capitalinos, y ayudan en la recolección de víveres, alimentos, ropa, y hasta dinero, para la gente afectada en esta zona del país indiscutiblemente lesionada.

 

Me admira la gratitud de Javier Hernández y Miguel Layún de generar una campaña, con dinero de por medio, para ayudar en lo que sea necesario.

 

Observo con gran felicidad la unión de jugadores del Atlas y el Guadalajara, recolectando en un mismo espacio todo lo necesario para mandar cosas al D.F, Morelos y Puebla.

 

Asumo con cabal agrado que un jugador de poliendas internacionales, un auténtico crack de nacionalidad peruana, como Raúl Ruidíaz, fuera visto armando cajas llenas de agua y víveres en un centro de acopio de Morelia, asumiendo su rol con un perfil bajo, modesto, sin lucimientos efímeros.

 

Me conmocionó ver en el Estadio Santiago Bernabeu de Madrid, con un mexicano en la banca de visitantes con rostro de consternación en la humanidad de Andrés Guardado dentro del Betis de Sevilla, 22 jugadores, 11 de los cuales pertenecen al mejor equipo del mundo en la actualidad como el Real Madrid, una afición y muchos medios de comunicación internacionales y españoles, en un franco gesto de solidaridad, aplausos y muestras de apoyo franco, con banderas y expresiones por México.

 

Me hizo feliz escuchar las declaraciones de aliento que desde Argentina hicieron el colombiano Edwin Cardona, el argentino Darío Benedetto y el mismo Ignacio Scocco (con una quinteta de goles de por medio dedicada a México, en plena Copa Libertadores), hacia los medios de comunicación respecto del terremoto acontecido en nuestro país.

 

¿Cuál es la razón de todo ello?, que muchos de los futbolistas y entrenadores que hoy viven entre miel, seda, dinero, lujos y comodidades en sus respectivas vidas, también saben lo que significa venir desde abajo, y en algún momento supieron de necesidades, pobreza, carestías, hambrunas, e incluso declive moral por dichas condiciones.

 

El humanismo no tiene precio, y más cuando el pueblo está de por medio. Y ellos, aunque son trabajadores exageradamente remunerados, son parte del pueblo, dependen de contratos y sortean la vida con la labor de su trabajo al servicio del deporte profesional. En todo caso, lo único que los distingue es que son trabajadores reconocidos, famosos y bien amados, públicamente reconocidos, pero son trabajadores al fin de cuentas, como cualquiera de nosotros.

 

Los valores humanos más dignos, colectivos, fraternos, cordiales, no tienen fecha de caducidad. La gente no se puede olvidar tan fácilmente de sus orígenes ni de su pasado.

 

Nosotros los seres humanos, y más en un escenario de adversidad total, sabemos recobrar un poquito de nuestra memoria histórica íntima y familiar, y eso ha pasado con muchos jugadores de futbol en México y en el mundo, en torno a la sensibilidad y el remordimiento por la consecuencias tétricas del devastador sismo en nuestro país.

 

Es por ello que estoy convencido que LA PELOTA SABE SER SOLIDARIA. Por ahora la PELOTA NO RODARÁ, ya habrá tiempo diría el maestro mexicano Armando Rosas.

 

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