La precariedad económica impide mantener el confinamiento para prevenir contagios

Por Redacción Reversos 

Foto: Alexis Aubin/ONU México 

La falta, tanto de acceso a satisfactores básicos –alimentación, agua potable, drenaje y electricidad– como de una vivienda de calidad dificulta la implementación de las medidas preventivas –lavado de manos y sana distancia– en el contexto de la pandemia del COVID-19, afirmó la doctora Rosario Cárdenas Elizalde, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). 

El nivel de ingreso será un factor de riesgo mientras no existan una vacuna o un tratamiento específico para controlar la enfermedad causada por el virus SARS- CoV-2, ya que la precariedad económica impedirá dejar de trabajar para mantener el confinamiento o el aislamiento social, necesarios para evitar el contagio, advirtió la especialista en el programa UAM, Responsabilidad social frente al COVID-19, que transmite la radiodifusora de la Casa abierta al tiempo. 

Las disposiciones definidas como esenciales por las autoridades sanitarias de México han continuado en la fase posterior a la Jornada Nacional de Sana Distancia, pero en la medida en que la crisis sanitaria se sostiene, la afectación a las percepciones monetarias ha sido más fuerte cada vez y la gente que depende de un salario no puede sostenerse debido al impacto en el dinamismo de la economía. 

En estas circunstancias “encontrar el balance entre atender los requerimientos de salud que la emergencia provoca y dar diligencia a la economía resulta muy complicado, ya que demanda el involucramiento de todos y la claridad de que sólo con la contribución general será factible interrumpir las infecciones, hasta tanto esté disponible una inmunización eficiente y segura. 

“El impacto de la contingencia ha evidenciado la urgencia de un acceso efectivo a la salud, la vivienda de calidad, la seguridad social y la alimentación”, derechos que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo incorpora para medir la pobreza y en 2021 se contará con nueva información que posibilitará reconocer las secuelas de la pandemia en México, enfatizó la investigadora del Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco. 

En 2018, 16 por ciento de la población carecía de atención en el rubro de la salud, “es decir, una de cada cinco personas no tenía adónde acudir para hacer valer ese tipo de prestaciones, lo que explica en parte la dinámica de la problemática en el país”, apuntó la profesora en la emisión de UAM Radio 94.1 FM, que conduce Carlos Urbano Gámiz. 

“No estábamos preparados para una situación de esta magnitud, que no habíavivido la humanidad en más de un siglo. Ahora poseemos el conocimiento científico que nos permite, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), considerar que éste es un padecimiento controlable, dado que tenemos las herramientas para modificar su curso. 

“En el pasado habíamos tenido coronavirus que forman parte de la misma familia y que registraron brotes epidémicos en lugares muy específicos: en Asia, el SARS- CoV-1, y en Medio Oriente, el MERS, pero fueron regionalizados”. 

Para hacer frente al escenario detonado por el COVID-19 ha sido necesario expandir los planes y ampliar su orientación para sostener la actividad económica y los apoyos a personas adultas mayores o con alguna discapacidad, así como fortalecer el otorgamiento de becas, de la mano de mejoras a la infraestructura instalada, aunque muchos mexicanos todavía desconocen adónde acudir a recibir atención médica. 

“Lo cierto es que cuidar a la población frente a la pandemia no puede ser igual en todo el país, pues vivimos en una nación heterogénea y con el virus las desigualdades se han agudizado incluso más”, concluyó la doctora Cárdenas Elizalde. 

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