La reparación real en el caso de los desaparecidos es saber la verdad

Por Carla García/ONU Noticias 

Foto: ONU Mujeres 

“Muchas veces vemos que hacen falta cosas y queremos que algo pase, pero esperamos y no pasa nada, entonces decimos: ¿Y por qué no lo hago yo? ¿Por qué no lo propongo?” 

Así explica Yaneth Zoraida López Londoño su liderazgo en Piñalito, una vereda o pueblo en el municipio de Vista Hermosa, departamento del Meta, en el centro de Colombia. 

Como muchas otras familias, la de Yaneth sufrió en carne propia el conflicto de más de medio siglo en su país: dos de sus hermanos desaparecieron, el primero de ellos cuando ella era apenas una niña. 

“Tengo dos hermanos desaparecidos, el mayor y el menor. El mayor tiene más de 35 años desaparecido, el menor, 17. El mayor desapareció a manos de la guerrilla de las FARC y el menor a manos de las autodefensas o paramilitares”, dice. 

Yaneth tiene 39 años, cuatro hijos y se dedica a la modistería, un oficio en el que hace arreglos “porque hacer ropa nueva es difícil, la distancia con la capital dificulta conseguir los insumos e incrementa los costos”. 

Además de ese trabajo para ganarse la vida, esta mujer se desempeña como una líder de su comunidad, sobre todo en las actividades de búsqueda de la verdad y la no repetición. Estas tareas son respaldadas por ONU-Mujeres y la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos a través de varios proyectos en Vista Hermosa. 

Trabajo comunitario 

Desde que era muy joven, Yaneth fue consciente de la necesidad de saber la verdad sobre las desapariciones, pero en ese entonces carecía de apoyo y tenía que actuar por su cuenta, como lo había aprendido de su madre, quien había buscado incansablemente a sus hermanos. 

“A veces, cuando pensábamos en buscar a una víctima, la búsqueda la empezábamos solos. Desgraciada o afortunadamente tenía que ser así porque el conflicto no lo permitía de otro modo. Con este proceso de paz, tenemos un poco más de confianza en dejarnos ayudar o procurar otros medios de búsqueda”, apunta. 

La búsqueda era de todas las mujeres 

Hace casi ocho años, llegó a Piñalito una unidad de víctimas para informar que esa vereda entraría a un programa de reparación por ser una de las más afectadas por el conflicto. Así fue como Yaneth se postuló y empezó su trabajo comunitario. 

“Había que hacer unas jornadas largas, me postulé para ser parte del comité de reparación. Después de eso han venido muchas cosas, te haces más visible, tienes buenas y malas experiencias tratando de buscar el bien común. Comenzamos asistiendo a charlas sobre capacitación de derechos humanos, de empoderamiento de la mujer y ahí vi que la búsqueda no era sólo mía sino de todas las mujeres del municipio, se puede decir, y ahí fue cuando dijimos, si hay otros medios hay que recurrir a ellos, hay que utilizarlos, para eso se crearon”, relata. 

La verdad es esperanza 

El trabajo de Yaneth ha dado frutos: el primero fue el reconocimiento de sus hermanos como desaparecidos y el segundo una reparación monetaria. Pero esto no es suficiente, lo que las víctimas quieren es saber la verdad. 

“La verdad es esperanza para nosotros que somos víctimas, que tenemos desaparecidos, queremos encontrar a esos seres queridos de alguna forma”, afirma y agrega que no piensa que encontrarán vivas a esas personas, “pero que por lo menos nos digan la verdad”. 

“Que el culpable diga qué hizo. No esperamos ninguna recompensa, no esperamos que el agresor pague más de los que nos van a pagar, sino que nos diga esa verdad: qué le hizo, por qué lo hizo y dónde está. Con que nos entreguen unos restos y llevarlos y ponerlos en un lugar adecuado. Para eso hemos trabajado todo este tiempo y seguiremos trabajando, por lo menos hasta que yo tenga aliento”. 

Si el propósito no es una recompensa, ¿en qué consiste entonces la reparación? 

“Mis hermanos fueron reconocidos como desaparecidos. Fuimos reparados a nivel monetario. Pero en ninguna, esas dos reparaciones nos quitó ese vacío que ellos dejaron y ese querer saber dónde están, qué pasó. Eso no se no nos quitó con el dinero. A mí ya me lo dieron, pero no siento que me haya reparado. Sigo en la búsqueda y quiero cerrar ese libro, acabar con esa pregunta: dónde están, qué les hicieron? Por eso digo que la reparación es la otra: la verdad”. 

Un dolor diferente 

Del vacío al que se refiere esta líder colombiana se desprende la lucha por la no repetición. 

Yaneth ha perdido a muchos seres queridos: esposo, padres, hermanos… “Tengo a muchos familiares en el cementerio, pero por muertes naturales”. 

Con esas pérdidas se llora, se extraña, y se cierra un ciclo. No así con los desaparecidos, con ellos es distinto. 

“Con los desaparecidos es un dolor diferente, es un sentir diferente, y por eso creo que es lo peor que le pueden hacer a una persona. Yo he llorado a mis muertos y sé dónde están y eso me reconforta un poco, pero no saber de mis hermanos, cómo terminaron y dónde están, a ese dolor no lo reconforta nada, sólo la verdad que estoy esperando. Por eso no quiero que esto se repita. Esto no se le debe hacer a ningún ser humano”, sentencia. 

Un país no se construye sin mujeres 

En Colombia también hay mujeres desaparecidas y muchas más son víctimas de la violencia de género, un problema que va más allá del conflicto armado. 

Yaneth lucha también contra ese lastre de origen inmemorial y defiende el papel de las mujeres en la sociedad. 

“La mujer ha sido siempre desvalorada pese al valor que tiene en la sociedad. Una casa no se construye sin mujeres, mucho menos un país. Con los hechos y las palabras se puede lograr su valoración, no para empoderarnos y sublevarnos, como dicen muchos hombres en medio de su machismo. Tenemos los mismos derechos y posibilidades que los hombres. La idea no es una competencia de poderes, sino aceptarnos y que nos acepten como parte fundamental de su vida. Somos tan importantes para ellos como ellos para nosotras. Debemos ser un complemento.” 

Para Yaneth, las mujeres, como todos los actores sociales, no sólo tienen derechos, sino también deberes con la sociedad, consigo mismas y con las otras mujeres: “Debemos cuidarnos, cuidar las unas de las otras y enseñarle esto a nuestras hijas”. 

“Las mujeres miramos la paz de otra forma” 

De esta enseñanza a las nuevas generaciones de mujeres depende en gran parte evitar nuevos conflictos en el futuro. 

“Eso nos compromete para evitar que esto se repita, que las niñas de mañana vean la paz que nosotros estamos soñando y construyendo”, señala Yaneth, quien considera que la paz se construye en la vida cotidiana de cada persona. 

“Creo que nosotras miramos la paz de otra forma (…) Muchas veces, la paz para los hombres tiene que ver con el poder y no todas las veces el poder da paz. Yo la miro desde mi forma: cuando tengo a mi familia completa, cuando tengo una fuente de ingresos sostenible, cuando colaboro, cuando ayudo… yo creo que estoy construyendo paz cuando estoy haciendo que mis hijos sean personas de bien”, reflexiona. 

Señala, por ejemplo, que para muchos era imposible concebir que hubiera un guerrillero dentro del gobierno, mientras que para las mujeres la lucha debe ser esa: la palabra, poder expresarse y buscar apoyo, “no tirarse balas”. 

En su opinión esta violencia ha hecho de las mujeres las más perdedoras: “hemos perdido hijos, esposos, padres, hermanos y ese daño es más grande”. 

“Hay gente que dice que ganar paz es como ganar terreno, como ganar una guerra, ser el vencedor para sentirse bien con ellos mismos. Para mí eso no es paz. Para mí paz es lo que yo construyo todos los días en mi hogar, en mi casa. Ahí estoy construyendo paz”, concluye Yaneth. 

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