De la Sinagoga al World Press Photo

Un paseo por algunas de las tantas maravillas que ofrece la Ciudad de México

 

Por Karenina Díaz Menchaca

 

Como parte de un proyecto personal – en el cual me he propuesto regalarme, como lleno de un impulso venido de no sé dónde y aprovechando la gran oferta cultural de esta fantástica ciudad- me dirigí en esta ocasión a la Sinagoga Justo Sierra a ver la puesta en escena ‘Las Touzá’,  una obra escrita por Alfonso Cárcamo sobre la historia de unas hermanas quienes se jugaron el pellejo ayudando por varios años a judíos quienes trataban escapar de la guerra y dirigirse a América.

La Sinagoga Justo Sierra (Justo Sierra 71), un recinto medio escondido en el Centro Histórico es – cabe agregar- el escenario perfecto para admirar a este trío de actrices quienes logran la armonía perfecta de dramatismo, conmoción y dureza.  Anexo a la Sinagoga, existe un edificio que ha quedado casi intacto con los años y que gracias a ese conservadurismo logra efectos reales como el que Las Touzá necesitaban para brillar, ahí donde sí se logra uno remontar a un viejo quiosco de los años cuarenta para trasladarnos a una historia real en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.  Amparo, Lola y Julia Touzá  atendieron un peculiar casino frente a la estación de tren de Rivadavia (Galicia, España), con lo que estaban al tanto de la clandestinidad de la guerra, siendo la cantina el escondite que utilizaban para guardar café que conseguían de contrabando y que, posteriormente, se convirtió en la guarida perfecta para salvar judíos que huían de la guerra.

Terminando la obra, me admiré de las presencias femeninas del público limpiándose las lágrimas. Quizá es una percepción errónea pero estoy convencida de que a diferencia de los hombres podemos triplicar la potencia de sentimientos con la facilidad de ponernos en el lugar del otro, creo que ese llanto no es más que un reflejo de una verdadera mimetización, sobre todo tratándose de un hecho histórico tan cargado de dolor.

Saliendo, me fui directo al Museo Franz Mayer, ahí en la Plaza de la Santa Veracruz con muchas ganas de ver otro año más la World Press Photo 2017. Como algunos ya saben, este es el concurso más importante del Fotoperiodismo a nivel mundial. ¡Imagínense!, tan sólo para esta edición se enviaron al concurso 80 mil 408 imágenes, de 5,034 fotógrafos de 126 países y las imágenes ganadoras son presentadas durante un año en 45 países.

Hay muchas categorías en las que se participa, sin embargo, siempre las que en lo personal me encantan son las de vida cotidiana, aquellos proyectos a largo plazo y los de naturaleza. Para ponerles un ejemplo en la cabeza ¿han ido a un santuario de mariposas monarca?, pues Jaime Rojo, un fotógrafo español,  captó una de estas imágenes de las mariposas monarca, en Michoacán encima de una cama de nieve, demostrando así que el cambio climático ya comienza a hacer sus grandes desastres. Pese a todo, hay belleza en ese contraste.

Y sin duda, aquella imagen del embajador de Rusia en Turquía, Andréi Kárlov, muerto en una sala de exposiciones en Ankara, en donde se muestra el valor y la audacia del fotógrafo turco Burhan Ozbilici, quien lo llevó este año a ser el ganador del  World Press Photo 2017, en la categoría de Noticias de Actualidad, pues es la misma que nos dejó congelados frente al televisor.

Lo más importante de estas ediciones del World Press Photo no sólo es el profesionalismo de los fotógrafos, quienes ya per se tienen el talento y la práctica, sino cómo logran estar en el momento justo en donde la cámara fotográfica se convierte en un bastión junto con quien lanza el disparador.

Refugiados, injusticias, protestas en todo el mundo, Siria, Cuba. Sí hay dolor, sí puedes salir de ahí decepcionado de la vida (¡ay qué dramática!), mejor dicho, de la raza humana, de cómo nos destruimos unos a otros, en realidad nada nuevo, siempre la ley del más fuerte. Pese a todo, el arte, precisamente el arte nos ayuda un poco más a humanizarnos y a conmovernos mutuamente para que evitemos más destrucción.

Sería tedioso y sobre todo innecesario llevarles cada imagen a manera de descripción, vale la pena que por ustedes mismos sientan a través del ojo lo que otro ojo percibió y compartió. La fotografía, a dios gracias, sigue siendo uno de los mejores medios de transporte a la realidad, como decía Robert Capa: “No hace falta recurrir a trucos para hacer fotos…no tienes que hacer posar a nadie ante la cámara. Las fotos están esperando ahí para que las hagas. La verdad es la mejor fotografía, la mejor propaganda”.

Y si ya, finalmente, quieren perdonar a la raza humana, ahí mismo en el Franz Mayer, está otra exposición llamada Iroha. Diálogos en el arte, Japón- México. La recomiendo muchísimo, sobre los 120 años de la migración Enomoto, la primera gran oleada de migración japonesa a México. Hay kimonos, trajes de sámurais, porcelanas, etc ¡es cautivante!, Chequen, para empezar, con esto:

Iroha es un poema escrito por un monje japonés en la era Heian (794-1185 d.C), el cual utiliza una sola vez cada uno de los kanas (o sílabas) del idioma japonés. Se dice que de este poema se desprendió el silabario utilizado en la escritura japonesa. En la tradición budista, Iroha es un concepto que significa que nada es estático, todo lo real está en constante transformación; la naturaleza, los objetos, las personas y la cultura misma.

El World Press Photo se presentará en el Museo Franz Mayer hasta el 24 de septiembre. ¡No dejen de ir!

 

 

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