La tragedia del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa desde adentro

Por Mónica Monserrat Ramírez Rivera

Cortesía de Mónica Monserrat Ramírez Rivera

Cada que hay un incidente de gran magnitud, suele unirse la sociedad para el bien de quienes se han visto involucrados. Pero esta vez, la empatía se duplicó al saber que eran bebés, eran recién nacidos, mujeres recién parturientas y el personal médico.

Eran antes de las 7 de la mañana ese 29 de enero del 2015. Llegaban llamadas y llamadas de una fuga de un camión de gas que abastecía al Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa. Llegaron patrullas. Llegaron bomberos. A las 7:15 de la mañana, el hospital explotó, se derrumbó.

“Muchos pacientes dijeron que desde que estaba la fuga, los hicieron evacuar el hospital, así que varios lograron salir. No sé cuántos heridos y muertos más hubieran sido no lo hubieran evacuado.”  Lo dice la experiencia de Yahir.

Inclusive en internet empezó a circular un video que un señor grababa para enseñarles a sus hijas los bomberos. En el video se ve cómo después de un minuto todo explota.

***

Yahir es paramédico de la Cruz Roja Mexicana. Llegó ese día a las 7 de la mañana a la base de Polanco. Varios minutos después sonó el timbrazo de una emergencia mayor y el jefe de guardia gritaba. “¡Hay un dos bravo! ¡Clave 3! ¡Denle velocidad!” (Un dos bravo es la clave para explosión, clave 3 para una emergencia con múltiples heridos). Yahir subió el equipo a la ambulancia número 13. Su operador prendió las sirenas y arrancó. Ambulancias detrás de ellos siguieron los pasos.

A esas horas había un horrible tráfico como es costumbre en la Ciudad de México. Parecía eterno llegar para Yahir. Después de un camino largo arribó al sitio. Había tanto ruido. Tanto caos. Había dos ambulancias del turno nocturno. Gente. Mucha en pijama por la hora. Policías que gritaban. Gritos. Sangre. Polvo. Los bomberos con más de dos mangueras tratando de apagar el camión que había explotado. Todo eso lo vieron los ojos de Yahir en menos de medio minuto en el que reaccionó. “Agarré la camilla rígida que traemos y el botiquín. Me metí sin saber aún la magnitud.”

Entró cómo pudo por lo que eran los restos del edificio. El techo era ahora el piso. Pero Yahir corrió hacia donde habían dos de sus compañeros, policías y civiles sacando bebés debajo de las piedras que algún día construyeron el hospital. En ese momento todos los servicios de emergencias ya estaban enterados del suceso, por lo que ya se acercaban más ambulancias y helicópteros del grupo “Cóndores”.

“Llegué y me puse a quitar piedras como todos. Encontré un bebé. Lo agarré, le quité la más tierra que pude, vi que respiraba y corrí hacia donde estaban los helicópteros. Se lo di a ellos y regresé a ayudar. Seguimos quitando piedras y un compañero me gritó por mi nombre y me dio otro bebé que él encontró. Volví a correr a los helicópteros.”

Yahir recuerda el próximo momento de forma graciosa, a pesar de la situación en la que se encontraba.

Ríe cuando lo cuenta. “Antes de que me lo dieran a mí, se lo pasaron a un niño que andaba ayudando y que después se volvió famoso. Lo llamaron “El niño topo”. Él estaba más cerca de mi compañero y yo más cerca de la salida, fue como una cadenita. Total que cuando me lo dio y corrí, me caí con todo y el bebé. No le pasó nada por la caída porque me hice conchita y giré. Me paré luego luego y lo llevé al helicóptero. Después de que pasó todo, el niño topo se burló de mí enfrente de mis compañeros.”

Yahir regresó y seguían los heridos. Ahora le gritaron que pasara su camilla. Encontraron entre los escombros a una enfermera. La sacaron y la subieron a la camilla rígida. Con ayuda de policías, paramédicos y civiles la llevaron hasta la ambulancia que estaba a muchos metros porque no se podían meter. Yahir la traslado al hospital de Cruz Roja Polanco donde en el camino atendió las múltiples quemaduras y fracturas que tenía.

***

Yo llegué tarde ese día. Eran como 7:20 de la mañana y no tenía ni idea de qué pasaba. Bajé corriendo para que no me regañara mi jefe de guardia. Me vio y antes de que yo dijera mi excusa para justificar mi retardo me gritó: “¡Súbete con Zeus, hay clave 3!”. Zeus era el jefe de socorros. Me subí sin siquiera sacar equipo, para mi fortuna alguien más ya lo había hecho. Le pregunté que qué era. Me explicó lo que a penas él sabía. Me dio su teléfono y me ordenó que le marcara a una paramédica de Protección Civil que estaba en lugar porque vivía a unas cuadras. Le marqué y le pregunté cuántos heridos había. Ella se escuchaba desesperada y me dijo “Tengo como a 10 bebés y 15 adultos, mándense todas las ambulancias”.

Nosotros íbamos detrás del convoy de ambulancias de la Cruz Roja. Por la frecuencia de radio de nosotros escuchábamos todos los datos que se habían tenido hasta ese entonces, sólo unos minutos después de que había explotado. En el camino, abriendo paso con mi brazo derecho saliendo de la ventana, mi adrenalina estaba al tope. Sensación que hace que no entienda a quien se droga. ¿Para qué querrían drogarse?, si estar en una ambulancia dirigiéndote a una explosión es el viaje que más te hace sentir en las nubes y en otra dimensión.

Llegamos. Bajé mi camilla rígida y mi botiquín como lo hizo Yahir. Corrí. No sabía por dónde entrar. Tenía lo que llamamos “visión de túnel”, lo que significa que no estás consciente de lo que en realidad está pasando pero caminas, corres por donde apenas y puedes ver. Me señalaron la entrada. Lo primero que vi fue el camión aun prendido y los bomberos tratando de apagarlo. Después escombros. Escombros. Sangre en las paredes. Cuneros rotos y tirados. Sábanas también con sangre. La máquina de rayos equis rota.

Vi a mis compañeros al fondo y cuando iba hacia ellos me detuvo un policía y me pidió ayuda. Desesperado me dijo que le ayudara porque estaba casi seguro de que ahí había un bebé. Empezamos a quitar los escombros. Las piedras pesadísimas y vimos un cunero. Vacío. Fui con mis compañeros y con los paramédicos de ERUM que ya habían llegado. Todos hacíamos lo mismo. Quitábamos piedras con esperanza de encontrar a alguien vivo, pero con la misma esperanza de que ya no hubiera heridos.

Se escuchó el grito de un bombero. “”¡¡SILENCIO!! TODOS ¡¡¡CÁLLENSE!!!” Todos obedecimos. Normalmente eso se hace con el objetivo de escuchar un grito, un ruido que te haga pensar que alguien sigue vivo y está pidiendo ayuda. No se escuchó nada.

Recuerdo que ese bombero y policías empezaron a discutir por una razón de la cual no estoy segura. Pero en ese momento me agarró del brazo uno de mis compañeros y me dijo que nos fuéramos a otro lado.

Lo seguí porque ya no encontramos nada donde estábamos. De ahí ya se habían sacado la mayoría de los heridos. Para esa hora todos sólo buscaban cuerpos. Ya habían pasado como dos horas de estar trabajando.

Iba camino afuera cuando otro policía me gritó: “¡Oiga! Encontré una pero creo que ya está muerta.” Me acerqué. Efectivamente. Ya estaba muerta. Le llamé a uno de los bomberos y entre ellos y yo la sacamos. La pusimos junto al cuerpo de un bebé en el pasto para que se hiciera cargo servicios periciales.

Regresé buscando a mi jefe, con el que iba en la ambulancia. Me vio y me preguntó qué por qué no había ido con él. Resulta que a él le subieron a la ambulancia a un enfermero que tenía el 91 por ciento de superficie corporal quemada y no tenía paramédico para poder trasladarlo. A los minutos subió a uno a la de a fuerza y se lo llevaron al hospital. El enfermo falleció después en el hospital.

***

Esas primeras horas fueron las que contaron. Después llegaron militares, más asociaciones, más cuerpos de rescate. Llegó Mancera. Y de repente ya no dejaban pasar ni salir a nadie. Ni siquiera a nosotros que ya habíamos estado antes.

Todas las dependencias querían mandar. Ya no había a quién rescatar. Ya no había nada más que escombros. Y aun así seguía el caos que ellos mismos propiciaron. Nos fuimos después de las 4 de la tarde. Sin desayunar. Sin comer. Sin tomar siquiera agua. Sin descansar. Todos añorábamos un baño y una cama. Nos hicieron quedarnos en la base por si pasaba algo más.

Todavía no era el día siguiente, y ya era la mayor noticia.

Artículos relacionados