La vida de uno…

Por Juanito Animaña

–¡Una cerveza de la más fría cabrón!

Así se le debe pedir la cerveza a un cantinero, porque ellos son tus amigos. Cuando estás solo, tomándote una chela solo, con unas palomitas, tu cartera, tus cigarros antes delicados, tus celulares, unos limones, la barra que te invita a alcoholizarte y tú, con ganas de tomarte una chelita.

Una mítica esconden las viejas cantinas del centro, las viejas cantinas de la gente que viene por gusto, al final de la jornada por un trago, harto de la monotonía y del estrés. Esconden esos estragos de un lugar, que un día fue, un paraíso de fifís, como diría AMLO.

Aprendes a apreciar a la gente, como cada uno está en su rollo, unos quizá viendo el fútbol, otros con sus compas, y otros, como tú, solo, pero esperando que el partido empiece y que le digas salud al cabrón que está frente a ti apoyando a la Máquina contra las Águilas, empezó la fiesta grande del fútbol mexicano.

Un trago, cruzas la pierna, y te das cuenta que suena una canción vieja en la rocola. Sí, en una rocola. ¿Hace cuánto no ves una? Te das cuenta que estás en el lugar Perfecto de las almas viejas y donde algún día, quizá, era un paraíso de lujuria.

–¡No lo marcó, era penal cabrón!– grita el amigo que le va al Cruz Azul, que de pronto se volvió tu confidente en una noche de copas. En una noche que pensaste que quizá la vida era cruel, pero una chelita todo lo quita.

Estás donde tienes que estar y el lugar en el que ya tenías ganas de conocer. Salón Palacio, frente a la cuna de los periodistas.

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