Liberté, Égalité, Fraternité… el sueño que captó Delacroix

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

La tiranía de la necesidad de vivir

concede a los esclavos tres tipos de libertad:

del espíritu, la opinión;

del arte, la diversión;

y del amor, la disipación.

Karl Kraus

Una mujer con los pechos desnudos, descalza, camina por encima de una barricada, en su mano derecha, con energía y contundencia lleva la bandera tricolor −bleu-blanc-rouge−; la alegoría de la República, en la otra un fusil; entre cadáveres se abre paso, su mirada se posa sobre la multitud en revuelta, en su extremo izquierdo, un niño armado con una pistola en cada mano, el ve hacia el horizonte; detrás de ellos está el viejo orden: la destrucción, que se resiste a caer, el futuro es de ellos.

El óleo de gran formato (260 x 325 cm), pintado por Eugène Delacroix, capta un instante de las revueltas de 1830, ese segundo que es la divisa de una eterna escena, mujeres, varones y niños fueron partícipes de la construcción del nuevo orden; diversas interpretaciones hay sobre la escena, es en sí la manifestación de un deseo, de un sueño, el de miles de parisinos que se rebelaron contra el antiguo orden, para dar paso a la democracia. La constitución del Estado burgués fue sangrienta, la construcción de un nuevo orden implica el ejercicio de la violencia.

El largo paso a la edificación del nuevo orden burgués no sólo dejó miles de cadáveres al pie de la Libertad, sino la posibilidad de que millones de siervos dejaran de ser aherrojados, para convertirse en mano de obra, lista a ser subyugada de nueva cuenta por la mecánica de la reproductibilidad técnica. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, vio en el Estado Burgués la superación de la contradicción que mueve la historia; si es que se me permite la expresión, Hegel el “buen burgués” pensaba que el Estado capitalista daría: ¡Libertad, lgualdad y fraternidad”.

Los jóvenes Hegelianos de Izquierda le enmendaron la plana al Maestro, la historia inmanente del Materialismo alemán daría nuevos frutos en la obra de Karl Marx y en la historia de nuevas revueltas inspiradas en el pensamiento marxiano. La simiente dejada por las revueltas de 1800, marcan el camino de la humanidad hacia la construcción de una nueva Utopía; la posibilidad de que el mundo sea diferente, el destino de los pueblos está en sus manos, en su capacidad y posibilidad de rebelarse.

La emancipación humana fue inicialmente del yugo religioso, un largo embate contra Dios, los templos poco a poco se han ido vaciando, el número de confesos ha disminuido dramáticamente, dando paso al espacio de la razón: el Conocimiento. Las acciones humanas están gobernadas por la razón y no por la fe religiosa. ¡Dios ha muerto!, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche diagnosticó las implicaciones de la secularización, pero heredó varios dilemas: ¿hay un más allá del bien y del mal? ¿es posible la construcción de lo humano sin la existencia de una esfera sagrada?

Estas preguntas, cuestionamientos sobre el Ser, han dado lugar a lo que Sigmund Freud identificó como neurosis. El desecho de Dios se ha transformado en una enorme incertidumbre, que en ocasiones se ha intentado llenar por charlatanería “religiosa”; desde sectas emergentes hasta supuestas salidas al sacro desamparo. Falsas ideologías las llama Enrique Semo, el neoliberalismo lo fue.

El presente se inunda de adivinadores que predican por medio del horóscopo, la fortuna u otro instrumento, el porvenir de la humanidad; pero también de charlatanería que saca de la chistera alguna palabra rara para denominar una supuesta nueva conducta humana: procrastinar… tóxico. En “La crítica de la razón pura”, Immanuel Kant supuso la Ilustración como un proceso hasta llegar al iluminismo, para que los humanos llegaran a gobernar sus actos por medio de la razón debería iniciarse un proceso, ilustrar a la humanidad; sin embargo, la Modernidad sólo ha procastinado.

La orfandad religiosa ha implicado el predominio de la ratio, la razón instrumental, nuestras relaciones se han vuelto un complejo intercambio de intereses, abandonamos nuestro origen solidario, para dar pie al interés, qué me das a cambio de, qué obtengo. Los hijos obtienen algo de los padres y a la inversa… se debe obtener algo por amar a alguien, el deseo debe ser satisfecho. En esta compleja red humana de intereses el individuo se ha atomizado hasta llegar a su anulación.

Sí, el proyecto predominante de modernidad desechó bleu-blanc-rouge, creando en contracara a un individuo vaciado de sentido, que sólo está a la espera de la guillotina capitalista. Vivir se ha vuelto una condena, que busca neuróticamente la felicidad, ya no como el Paraíso prometido, sino como el advenimiento del consumo. Comprar, adquirir, sobornar… mercancías, relaciones, emociones.

Más de un siglo después de la revuelta parisina, Theodor Wiensengrund Adorno y Max Horkheimer redactaban: “Dialektik der Aufklärung”, el libro condensa un conjunto de ensayos entorno a la Modernidad; el diagnóstico elaborado por los frankfurtianos es devastador, una radiografía de lo que somos: la industria cultural, el nazismo, el iluminismo como mito… la ciencia como un nuevo acto de fe. Sin bien, el diagnóstico es profundamente certero y agudo, también debe leerse como una crítica conservadora a la Modernidad.

Es una crítica conservadora, porqué plantea como ideología la posibilidad de llegar a un proyecto civilizatorio distinto; para la Teoría Crítica: Liberté, Égalité, Fraternité, son acciones consumadas. En la fase actual de la Modernidad la libertad ha demostrado que sólo un reducido grupo de la humanidad la ejerce, el resto experimenta su estar en el mundo en su ausencia total; hay una “libertad” de consumo, que determina la existencia, sino adquieres mercancías no existes, la condición humana está determinada por la cantidad de insumos de adquieres; si no compras entonces no le sirves al capitalismo.

La revuelta francesa emancipó al individuo del yugo monárquico, pero los subyugó como mano de obra; en la etapa actual, donde las mercancías son producidas por máquinas, el individuo ya no interesa como mano de obra, sino como consumidor, generando en los hechos nuevas relaciones sociales, económicas y políticas donde el humano ya no tiene ningún valor.

La igualdad se manifiesta como desigualdad. El 1% de la población se queda con la riqueza del resto; más de la mitad de la población mundial vive en la pobreza extrema. Esos millones de humanos pobres son un desecho y por ende son sacrificables. La técnica sigue al servicio de la eliminación de humanos, Hiroshima y Nagasaki son la manifestación de la ciencia al servicio de la destrucción, su paroxismo; sin embargo, no ha alcanzado su límite, hoy altera virus y bacterias para eliminar a los humanos y dejar intacto la infraestructura. 

Entre los escombros de la batalla contra la humanidad, está la fraternidad; el neoliberalismo minó los lazos humanos, creando un individuo incapaz de amar, porque como bien señalaba Hegel, amar es enteramente perderse en el otro, comprometerse… ser fraterno. Las relaciones como los individuos que se comprometen fusionan… hoy se denominan toxicas, el individuo neoliberal quiere mantenerse impío hasta la muerte. El amor cobra así su carácter revolucionario, libertario y fraterno.

¿Es posible elaborar un proyecto civilizatorio donde la Libertad, Igualdad y Fraternidad jueguen un papel central en nuestro hacer humano? Bajo la visión de la “Dialéctica Negativa” no. Si bien, es cierto que el Socialismo realmente existente, proyecto que emana de la Modernidad, fue profundamente autoritario, generó desigualdad económica y minó los lazos fraternos, lo cierto es que el deseo de transformación por crear un mundo distinto, donde los millones de pobres dejen de serlo, donde una minoría rapaz no se queda con la riqueza del 99% restante de la población; sigue siendo vigente.

Hoy la humanidad confronta un dilema, una aporía. Miles, tal vez millones de humanos morirán a causa de un virus del que sabemos muy poco y del que podemos sospechar, sea producto de la dinámica neoliberal para eliminar a millones de humanos y obtener ganancias a cambio. Lo que Marx señaló hace más de un siglo y medio, fue que el destino de los humanos estaba en sus manos, las nuevas realidades las podrá crear el hombre en la revuelta.

Delacroix no sólo encapsuló un instante de la revuelta francesa, sino proyecto los derroteros del porvenir. La Libertad sigue siendo nuestro sino, aquella mujer con los pechos al aire, armada andando hacia la victoria es nuestro destino. Ha llegado el tiempo de detener los relojes y hacer justicia a los muertos, a los derrotados de siempre, para transformar nuestro porvenir y posibilitar un presente diametralmente distinto.

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