Los machines

Por Karenina Díaz Menchaca

 

Sentada y esperando mi menú de esta fonda de la esquina, en un ambiente muy Godín, ya acostumbrándome a la comida casera y a la gente de las periferias, de aquí de la colonia Roma Sur. Pensando en todo y en nada y en que ya por fin se acabará esta semana y que la Navidad se acerca junto con una temporada de frío, la cual anuncian, será de mínimos grados bajo cero, pero que en esta capital con esas temperaturas no podemos, la mayoría quieren chillar. A mí sólo me preocupa que aquellos quienes gustan, una y otra vez, de hablar del clima insistentemente,  me los tenga que topar cada día con su tema preferido que me harta ¡qué poca imaginación de estos seres!

Pues así andaba yo, acompañada de mi familia, cuando no pude (en realidad nunca puedo) evitar, escuchar a los de la mesa de a lado. Sabemos  ‘los que sabemos’, que en las fondas te puedes sentar con quien quieras, sobre todo si andas solo por el mundo.

Así se conocieron tres machines –Dios los hace y ellos se juntan-, lo supe apenas uno de ellos, el de mayor edad, comenzó a contarles a los dos hombres disimiles en edad, que su hijo se estaba divorciando porque “las mujeres ya no son como antes”, porque “con un gritito ya se espantan”. Mi lado feminista quería voltearle tremenda cachetada, pero mi lado racional, me tranquilizó en esa tarde de gélido viento.

Aguardé escuchando -mientras me pedía esos tacos de papa olvidando una vez más que no le pusieran esa crema aguada tan horripilante- , a estos tres hombres de generaciones saltadas, teniendo la esperanza que el más joven de la mesa tuviera más consentimiento sobre el papel de las mujeres hoy en día. Un paréntesis:  ¿Cuál es el papel de la mujer hoy en día?, ni yo lo sé, pero es una pregunta rimbombante, ahí se las dejo.

Al menos, eso sí, quizás más por el flujo de la naturaleza, odié la postura de ese oscuro trío. El hombre mayor enfatizaba que de todas maneras a él no le gustaba “meterse en lo que no le importa”, pero que ya se había adelantado a aconsejarle a su hijo que “mejor ya le fuera buscando por otro lado”. ¡Cuánto escucharon mis pobres  e inocentes oídos!, ¡¿Por qué seré tan metiche y no me dedico a comer en santa paz?!, ¿Será que por eso hablo tan quedo en público, por miedo a que alguien como yo, escuche  de mis problemas?

Si así van las cosas en este mundo cómo no entender el incremento de los feminicidios. Recuerdo que hace como quince años, en una corta temporada que viví en Madrid, las noticias de cada día eran los asesinatos a mujeres por sus parejas, mujeres, en su mayoría, de edad avanzada y eso llamó más mi atención. Me decían los españoles que la causa era que ellas ya no se dejaban de esos maridos herederos del franquismo, cualquier ‘no’ de alguna de ellas se convertía en una impotencia difícil de controlar por parte de quienes  reaccionaban con violencia.

Finalmente y con tristeza, no importando el país, la situación no cambia. Así como lo dijo ese padre ‘tan preocupado por su santo hijo’, ahora con “cualquier gritito”. Menos mal que esa mujer exige el divorcio, seguramente ¡de tal palo, tal astilla!, el machismo se hereda, pero también lo podemos evitar con tan solo un poco de sensibilidad y sentido común. A las nuevas generaciones de hombres les tocarán mujeres “que ya no son como antes”, porque ellos tampoco serán como los “los hombres de antes” y no por eso el núcleo de las familias debería de cambiar, tendremos que madurar, crecer…

Lo que este trío demandaba es ese papel en el que las mujeres sólo estaban en casa y eso era lo mejor para una familia. No sé hasta qué punto sea verdad esto, pero lo que sí sé es que el cambio no debió nunca de desembocar en violencia.

Pero pues yo sigo sin saber cuál es el papel de la mujer hoy en día, entre ironía y todo, les digo que saberlo sería también segmentar a mi género en algo que aún no descubrimos del todo, porque aún estamos aprendiendo, igualito que los hombres, a cómo tratarnos los unos a los otros. ¡Somos tan primitivos!, pero tan primitivos que nos la pasamos hablando del clima y nunca estamos a gusto.

 

Artículos relacionados