Los sistemas judicial y electoral en México, poderes fácticos y antidemocráticos

Por Guillermo Torres 

Foto: Edgar López (q.e.p.d.) 

Aún es una asignatura pendiente la impartición de justicia en este país, en términos generales, la impartición de justicia. Es un tema aún cooptado por lo más putrefacto y recalcitrante del antiguo régimen y su línea caciquil.  

Desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) hasta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el mismo Instituto Nacional Electoral (INE) y, por supuesto, pasando por todos los pequeños reinos en todas y cada una de las alcaldías, por mencionar la Ciudad de México, y así de manera generalizada en todo el territorio nacional.  

Por supuesto que hay loables excepciones, aunque la regla general son las complicidades y el tráfico de influencias entre los funcionarios que componen tanto la autoridad cívica como en el ámbito del Ministerio Público. 

Todo apunta a una irremediable nostalgia de la transa, la coacción, la extorsión, el despojo y el abuso de autoridad. A lo que el país está llegando, al punto de la apremiante necesidad de reivindicar los derechos ciudadanos; así, bajo el mismo planteamiento, de facto, y en pleno ejercicio y goce de la ciudadanía. 

El abuso de autoridad y la complicidad de las camarillas locales aún resultan un cáncer para el proceso democrático de México; se asumen como la única palabra que debe versar, incluso sobre la vida de la ciudadanía y, por supuesto, con un sesgo en la impartición de justicia como siempre ha sido el sello de los caciques del PRI con ese fétido olor a convento rancio. 

Esa misma línea, que en el ámbito electoral blande con elocuencia y efectividad Lorenzo Córdova, así como buena parte de los ministros de la SCJN y, por supuesto, de manera descentralizada y en camarillas mafiosas los grupúsculos de parásitos que se resisten a dar congruencia y elocuencia al proceso de transformación de México. 

Si bien es cierto que las cabezas institucionales están haciendo su trabajo de manera puntual y objetiva, es tal el espiral de mala maña y entraña el que llegó a versar en este país, que se hace evidente y necesaria la misma contundencia desde lo más profundo del activismo y movimiento de las causas más justas y antiguas de México.  

Eso es lo único que históricamente ha tenido la contundencia necesaria para evitar el abuso de autoridad, el robo y el despojo.  

Se trata de una asignatura pendiente, entretejida, determinada y dispuesta a caminar con congruencia y elocuencia de manera consecuente todo lo que estos pillos necesiten ver de frente para convencerse de que su ambición y vocación de amantes de lo ajeno es algo en cada vez mayor desuso, y se perfila para su erradicación de ese cáncer nefasto que aún pretende en sus estertores finales seguir abusando de la ciudadanía. 

Lo que en su momento fue un instrumento opresor del ejercicio ciudadano, en complicidad con la delincuencia para mermar a la ciudadanía en medio de la impunidad y el amedrentamiento, hoy aún es un tema latente y operante.  

Y aunque no al mismo nivel de antes, pero sí, en la medida que las dirigencias institucionales, pero muy en particular la ciudadanía lo permita, seguirán intentando hacer de las suyas. 

Por ello, hoy más que nunca la autodefensa ciudadana se hace latente y operante en todos los ámbitos en los que haya lugar. Es algo que no solamente será útil para el ejercicio ciudadano cabal, sino incluso para respaldar el proceso de transformación de México, ya que, como un canasto de fruta, con algunas de ellas podridas, esa putrefacción tiende a conservarse y extenderse nuevamente.  

Por lo que la participación de colectivos y ciudadanía en general será determinante para terminar de detener y erradicar esta lacara que tanto daño ha hecho a México. 

Todo abuso e intento de despojo sobre la vulnerabilidad circunstancial de los ciudadanos, que históricamente han sido el blanco de estos buitres de cuello blanco, precisa la firme y contundente respuesta de todas las corrientes que reivindiquen el no abuso sobre ese esquema de ciudadanos que pudieran estar en situación vulnerable, incluso acentuado por temas como la pandemia.  

Es necesario exhibir a estos sátrapas mediáticamente, y que la cabeza de la estructura institucional que manchan tenga conocimiento de todo ello. 

Para ello ha lugar a una red ciudadana que manifieste y denuncie toda situación que quede dentro de dicho esquema, ya que la presión social no solamente suele ser adecuada en casos de esa índole, sino usualmente desencadenan en esquemas necesarios para la transformación democrática de un país. 

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