Los sueños son ahora

Por Astrid Perellón

 

Aquellos niños destacados que admiramos en reportajes y Youtube nos demuestran que las profesiones no comienzan con la obtención de un título –aunque puedan beneficiarse de uno. El que desea bailar, baila ahora. Quien desea pintar, pinta ya mismo. Quien ama los cálculos, está en ello desde que descubre su pasión. No esperan a cumplir cierta estatura ni edad. Los sueños son ahora. Toda la vida no es un camino hacia un objetivo (pues lo que a todos nos depara tras el camino de la vida, con toda certeza, es la muerte). El camino en sí mismo es la vida.

 

Un niño no espera para cumplir un destino o misión; un niño está siendo él mismo a menos que se le distraiga. Propongo entonces que nuestras profesiones sean el producto de cultivar nuestra pasión; eso sí es garantía de éxito. Los estudios, la técnica, los diplomas que nutren nuestras experiencias, algunos sí tienen que esperar a cierta edad o graduación, pero ¡tantas cosas se pueden aprender desde que nace el interés! ¿Por qué esperar?

 

Si te hubieran preguntado de niño <<¿a qué te estás dedicando?>>, en lugar de la típica pregunta <<¿qué quieres ser de grande?>> con seguridad habrías referido lo que te atraía, lo que te quitaba el sueño. Tal vez no una materia escolar, o una disciplina, sino un proyecto personal.

 

De niños no sabemos el nombre de cientos de profesiones (de adultos tampoco podemos decir que conozcamos todo el abanico de posibilidades) pero sí sabemos lo que es empezar algo y no desear soltarlo ni para comer.

 

<<Vocación>> se relaciona con la palabra <<voz>>, pues precisamente es una vocecilla que nos llama con claridad y, no al cumplir dieciocho, ni al sentarse a realizar la prueba de aptitud en el cubículo del Orientador Vocacional. Por supuesto, de niños la escuchamos a menos que nos distraigan con la creencia de que hay que esperar a ser grande para perseguir un sueño.

 

Como aquella fábula del aquí y del ahora donde la joven concluyó la tesis y dio un largo suspiro. Su mente por fin descanso, permaneció tranquila y receptiva. Tras los segundos de claridad inusual, escuchó… <<¿Hay alguien ahí?>>. Volteó hacia todos lados pero fue hasta que miró hacia adentro que se topó con la vivaracha vocecilla que le dejó caer como balde de agua fría una noticia: <<Ya que finalmente tengo tu atención, he de decirte que ni te gustan las Ciencias Políticas>>.

 

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